De Vallejo a Zarco: la defensa de la memoria ferrocarrilera**

Teresa Márquez Martínez*

Salvador Zarco Flores, activista y líder ferrocarrilero.


La defensa de la memoria ferrocarrilera no es sólo un acto cultural: es una política pública reconocida en el programa “100 pasos para la Transformación”. En el eje Diversidad y Patrimonio Cultural, específicamente en Grandeza Cultural de México, se estableció el compromiso de impulsar la recuperación de la memoria ferrocarrilera a través de su patrimonio histórico. 


Esta acción se conecta con y reivindica la lucha de dos personajes emblemáticos del gremio: Demetrio Vallejo, de cuyo fallecimiento se cumplieron 40 años en 2025, y Salvador Zarco, quien este mayo celebra 20 años al frente del proyecto más importante para la reivindicación y defensa de esa memoria: el Museo de los Ferrocarrileros. 


Vallejo no fue únicamente el líder de las huelgas de 1958–1959; fue el símbolo de una ética obrera que comprendió que la democracia sindical implicaba la defensa del patrimonio de los trabajadores. Luchó con denuedo por mejores condiciones materiales para las familias ferrocarrileras, por vivienda digna y por la preservación de la historia del gremio en tiempos en que el autoritarismo buscaba hacer tabla rasa de la cultura ferrocarrilera. Como escribió Arnoldo Martínez Verdugo, nada se interpuso para que dedicara su vida al bienestar de la clase trabajadora. Ese legado no cabe en una simple placa: es un principio cultural que debe guiar la política pública. 


Décadas después, Salvador Zarco prolongó esa ética en otro terreno: la memoria. Ferrocarrilero desde 1974 y militante del movimiento vallejista, Zarco enfrentó la agresión neoliberal que privatizó los ferrocarriles y arrasó con empleos y relatos de vida. Cuando la estación La Villa en la Ciudad de México estuvo en riesgo, la defendió con la misma convicción que Vallejo reivindicó la democracia sindical. De esa lucha nació el Museo de los Ferrocarrileros, inaugurado el 1º de mayo de 2006, concebido no como un museo de máquinas, sino de personas: “Lo más relevante de rescatar de la historia del ferrocarril es la memoria de quienes lo hicieron funcionar”. 


El inicio fue modesto: sin un solo clavo de vía, la inauguración se realizó con una exposición prestada por el Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos y la locomotora 601. Desde entonces, el museo ha integrado una colección propia, y hoy exhibe piezas emblemáticas: tres locomotoras históricas –la NdeT-507 del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec, la FCI-67 del Ferrocarril Interoceánico y la Davenport de vapor sin fuego 013 de Pemex–; además del cabús FCM-717 del Ferrocarril Mexicano. Este rescate del equipo rodante, junto con objetos y documentos, convierte al museo en un referente nacional para la preservación del patrimonio industrial y social del gremio ferrocarrilero. 

En estos 20 años, el museo ha montado exposiciones sobre el quehacer ferroviario (La tronca), la electrificación (La catenaria), los trenes de pasajeros (¡Vámonoooos!), y la vida cotidiana en estaciones y talleres. Ha recuperado imágenes y piezas con el apoyo del Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero y ha abierto sus puertas a colectivos culturales, trabajadores jubilados y vecinos, convirtiéndose en una de las contadas ofertas culturales al norte de la Ciudad de México. Cada muestra es una lección de historia social y una afirmación política: la memoria obrera no se negocia. Como señaló Zarco en la revista Mirada Ferroviaria, “lo que buscamos es dignificar el trabajo ferroviario y acreditar que quienes lo menosprecian son ignorantes”. 


Teresa Márquez  Martínez y Salvador Zarco Flores durante el evento homenaje a Zarco en el Museo de los Ferrocarriles Mexicanos en Puebla, en Agosto de 2024.

En la coyuntura en la cual nos encontramos, la recuperación de la memoria ferrocarrilera se abre como una oportunidad histórica. El compromiso está en el papel, pero debe traducirse en acciones claras y estrategias sostenidas. La historia de los trabajadores y del trabajo no puede seguir marcada por el olvido heredado del periodo neoliberal. Revertirlo exige una política cultural que asuma la responsabilidad institucional y social de preservar y difundir el patrimonio ferrocarrilero como bien cultural de todos. El vigésimo aniversario del Museo de los Ferrocarrileros demuestra que sí es posible construir y preservar espacios que dignifiquen la memoria obrera. Fortalecer y replicar este modelo es la oportunidad para que la democracia se instale también en los mundos del trabajo. 

Honrar a Vallejo no es nostalgia; es garantizar que la democracia llegue a los mundos del trabajo. Reconocer a Zarco no es cortesía; es blindar espacios que sostienen la memoria frente a la lógica del desmantelamiento. Si hemos aprendido algo del desastre neoliberal, debemos demostrarlo con hechos: rescatar el patrimonio ferrocarrilero como bien público y poner la cultura al servicio de la justicia social. El tren de la memoria no espera: o lo abordamos ahora o lo perdemos para siempre. 

Demetrio Vallejo Martínez fue un activista y luchador social mexicano. Impulsado por el Partido Comunista Mexicano, ​ por Valentín Campa y por el Partido Obrero Campesino Mexicano.



* Directora del Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos ubicado en Puebla.

** Nota publicada originalmente en La Jornada|Cultura el 04 de mayo de 2026. Versiones digitales disponibles en: 

Issuu Reader | La Jornada-Cultura No. 15017 | Lunes 04 de mayo de 2026

La Jornada - "De Vallejo a Zarco: la defensa de la memoria ferrocarrilera" 

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