La Estrella tuvo su geiser y una torre de petróleo*

 Por Alejandro Cruz Flores

Fundada en 1932 en lo que fue la hacienda de Santa Ana, sus calles llevan nombres de piedras preciosas. 

Pozo petrolero en la Colonia Estrella en los años treinta. 

Es una leyenda urbana que en la colonia Estrella, en la alcaldía Gustavo A. Madero, hayan extraído petróleo; lo cierto es que en 1928, en la esquina de las calles Acerina y Joyas se perforó un pozo y se construyó una torre con el propósito de obtener el hidrocarburo.

Esa es una de las tantas historias del barrio, señala el cronista Sócrates Vera Pérez, como la del llamado geiser de Aragón, que no fue tal, pero que así se le llamó debido al chorro de agua que salió a presión y alcanzó 45 metros de altura. No fue producto de una acción geotérmica, sino de una excavación realizada en una zona donde había gran acumulación del líquido.

Lo anterior ocurrió antes de que se empezaran a fraccionar los terrenos de lo que fue la hacienda de Santa Ana, luego conocida como de Aragón; son hechos que forman parte de la identidad de la colonia Estrella, que se fundó en 1932.

Por eso, para salvaguardarla, en 2022 se colocó una cápsula del tiempo en el camellón de la avenida Joyas. En ella, explica don Sócrates, quien tiene 57 años viviendo allí, se depositaron copias de fotografías antiguas, menús de algunos restaurantes, monedas, cubrebocas, “porque nos tocó en pandemia hacer ese trabajo”, entre otros objetos. “Es la primera colonia que tiene su cápsula del tiempo, después se hizo en Aragón la Villa, Santa Isabel Tola y así creo que están empezando a hacerlo algunas otras”.

 

 
Casa “La Quinta Estrella”, en la calle de Diamante, construida por el ingeniero M. García y donada por el periódico “El Universal” como resultado de un sorteo para sus suscriptores en 1933. Imágenes cortesía: Sócrates Vera para El Universal. 

Del pozo petrolero sólo queda un hoyo del que sobresale un tubo de extracción oxidado, pero es un ícono de la Estrella. “El asunto es que no hay una certeza de que haya extraído petróleo. Se dice que sí, pero no en la cantidad ni calidad suficiente como para mantenerlo”.

En 1907, en la calle Azabache, también muy cerca de Joyas, se intentó abrir un pozo para sacar agua para la hacienda. “De repente, salió el agua con una presión tremenda que alcanzó 45 metros de altura”.

Según los dichos, dicho fenómeno duró más de un año y fue tal el desperdicio que, según dicen, “si hubieran construido una pileta de un metro de ancho por un metro de alto, de aquí a Celaya, se hubiera llenado”.

Un parque con cocodrilos 


Vista del Parque de los Cocodrilos.

El principal atractivo de la colonia Estrella es el parque María Teresa, mejor conocido como de Los Cocodrilos, que se empezó a construir a la par de la venta de terrenos para la construcción de las primeras viviendas. “El parque fue antes de las casas”, resalta el cronista, y tiene de gran protagonista la fuente adornada con figuras de pelícanos, así como los mencionados reptiles, de allí el nombre con el que los vecinos rebautizaron el lugar.

Allí se erigió la casa de cultura de la colonia, que lleva el nombre del poeta y libertador cubano José Martí, y que fue edificada donde estuvo un cuarto de bombas, que también tenía un pozo del que se extraía el agua que surtía a la colonia, aunque en la actualidad uno de los problemas que enfrenta es la escasez del líquido, pues ahora sólo cae de las 7 a las 12 horas, motivo por el cual la mayoría de los habitantes poseen bombas en sus domicilios para el llenado de cisternas y tinacos.

Durante la construcción del parque se hallaron restos óseos de una especie de perezoso prehistórico, que forma parte de la colección que se exhibe en el Museo de Geología de la colonia Santa María la Rivera, en la alcaldía Cuauhtémoc.

Las primeras casas que se construyeron en la Estrella, que limita al norte con la calle Malintzin, al sur con avenida Victoria, al oriente con Ferrocarril Hidalgo y al poniente con calzada de Guadalupe, fueron de diseño arquitectónico Art Déco y algunas otras de estilo californiano, de las cuales aún se conservan ejemplos.

El señor Francisco Cárdenas, de 86 años, nació en esta colonia. Sus padres construyeron su vivienda en lo que hoy es la calle Granate. Recuerda que cuando llegó casi no había casas, “eran puros terrenos baldíos”, había dos o tres casas por manzana.

El parque María Luisa siempre ha sido el punto central y en esa época se podían ver patos y chichicuilotes. “Pero sí, para remarcar, este fraccionamiento nació con todos los servicios: drenaje, agua potable, iluminación, banquetas, camellones”.

 

 
Así lucen los restos del pozo petrolero que tuvo la Colonia Estrella en el cruce de las calles Joyas con Acerina. Testigo material de la historia.

 

A ciencia cierta, no se sabe por qué se llama Estrella, aunque distintas versiones indican que era el nombre de la hija del fraccionador, o porque sus calles hacen referencia a piedras preciosas; sin embargo, para don Sócrates la más exacta es que tiene una connotación religiosa, toda vez que varias colonias aledañas tienen nombres alusivos al milagro guadalupano: Guadalupe Tepeyac o Tepeyac Insurgentes. En el caso de este barrio haría referencia a una de las formas de rezar el rosario, al hablar de la Virgen de Guadalupe.

Dagoberto Segura Torres llegó a la colonia cuando tenía 12 años. Recuerda que en aquellos años todos los vecinos se conocían, todos se saludaban. “Aquí viví mi niñez, juventud y ahora mi vejez. Tengo muy grandes recuerdos para mí y también algunos tristes porque aquí murieron mis padres”. Como todo, ha evolucionado, “pero la Estrella sigue siendo tranquila, bella, iluminada y segura”.

 

*Nota publicada originalmente en La Jornada|Capital el Domingo 11 de mayo de 2025. Versión digital consultada en:

https://www.jornada.com.mx  

 

La Colonia Estrella*

 Por Alfonso Hiram García Acosta

 
La fuente y laguna del Parque de “Los Caimanes” -de concreto- donde mis padres me llevaban a jugar; pelícanos y caimanes de concreto, pero muy bien terminados. 
 

Mi infancia en el Distrito Federal, a la mitad de los años 30, cuando México tenía 10 millones de habitantes en esa megalópolis, la he reseñado en artículos anteriores, casi todos relacionados con la música, las amistades de mis padres, artistas como ellos, mientras yo iniciaba mi formación cultural rodeado de amor y talentos artísticos no solo familiares, pues sus amigos no solo participaban en los sábados bohemios de casa.

Casi todo era maravilloso. Vivíamos en las calles de Acerina 96, de la colonia Estrella. Me tocó ver que se cubrieran las ventanas con lienzos negros para desaparecer la Ciudad y no la localizaran las fuerzas alemanas durante la noche, pues México ya había entrado a la Segunda Guerra Mundial.

Como eso hay muchas cosas que narrar que vienen a mi mente periodística. Testimonios de esos momentos vividos de mi formación infantil.

La Ciudad de México pareciera en esa época de los 30 ser un inmenso cofre lleno de tesoros que emergen de vez en cuando para dejarnos conocer cómo eran sus recovecos en tiempos pasados, permitiéndonos generar conexiones entre lo que hoy existe y aquello que nunca veremos.

Recuerdo que en la Av. De las Joyas con Acerina, a unos 80 metros de nuestra casa, había una torre petrolera que daba a la Calzada de Guadalupe y a la calle de Acerina, la calle donde patinaba y jugaba fútbol con pelota de trapo con mis compañeros de cuadra.

 

Pozo petrolero de la Colonia Estrella en los años treinta. 

El subsuelo de algunas zonas al norte de la ciudad era rico en minerales a principios del siglo pasado, había agua ferruginosa, agua con minerales de Fierro, pozos artesianos y chapopoteras. Además de que era un proveedor importante de queroseno de la Ciudad de México, un líquido que servía para las lámparas. Por todo esto, se pensó que por la zona podría haber también existencia de petróleo e iniciaron las exploraciones.

“Las primeras búsquedas de petróleo datan de la década de 1860, ya que entre 1862 y 1904 fueron construidas otras torres en diferentes lugares de la Hacienda de Aragón que era inmensa y la colonia Estrella está dentro de los terrenos que la comprendían. La primera torre estaba detrás del antiguo convento de Capuchinas, otra muy cerca de las avenidas de Cantera y Acueducto de Guadalupe, y una más muy cerca de la de Acerina”, comparte el cronista Sócrates Vera de el Universal.

Pero fue a finales de los años 20 que se levantó en las actuales calles de Acerina casi esquina con Avenida Joyas, una torre de extracción de petróleo que tenía como propósito el explotar ese recurso tan preciado y del que hubo evidencia en esos terrenos.

De acuerdo con el cronista, este tema es sumamente controversial ya que muchas personas afirman que todos los que invirtieron para estas exploraciones fueron víctimas del ingeniero estadounidense que lideró la búsqueda. Lo cierto es que la tecnología no era tan precisa como ahora y la búsqueda de petróleo conllevaba perforar el suelo y “ver qué salía”. Sin embargo, considera que como en la mayoría de los negocios, una inversión puede o no puede funcionar: “para mí, el ingeniero actuó de buena fe. Él se dedicaba a hacer pozos artesianos y tenía cierto prestigio en el ámbito petrolero de la época”.

Los esfuerzos no rindieron frutos y la famosa torre de extracción nunca estuvo en producción ni funcionamiento, pero sí logro convertirse en otro ícono en el imaginario colectivo de la zona y más de nosotros que vivíamos a 80 metros de la torre petrolera.

Dichos tesoros son los que suelen dotar de identidad a un barrio, ya sea por la historia de su nombre, de la zona o por la repentina aparición de “algo” sin precedentes; tal fue el caso del terreno que hoy en día ocupa la Colonia Estrella, al norte de la ciudad. En esta ocasión EL UNIVERSAL se acercó a Sócrates Vera, cronista de la zona, para que nos compartiera la historia de varios sucesos que han marcado la vida del barrio.

A pesar de que la colonia nació como tal en la década de 1930, a inicios del siglo pasado, específicamente en 1907, brotó de la tierra un sorprendente chorro de agua producto de la perforación de un pozo artesiano (Hoyo profundo que se excava para extraer el agua contenida entre dos capas subterráneas impermeables; el agua procede de un nivel superior a estas capas y por ello tiene presión suficiente para salir a la superficie de manera natural). De inmediato la gente comenzó a llamarlo géiser, ya que era un fenómeno muy parecido.

 

 
Otra vista del parque de los cocodrilos. 
   

La altura de dicho chorro fue de 45 metros y, de acuerdo con el cronista, los habitantes de la zona estaban seguros que el agua desaparecería en cuestión de días, pero no fue así. El géiser estuvo activo año y meses, volviéndose un atractivo turístico natural a las afueras de la ciudad –recordemos que, por mucho tiempo, lo que era considerado como Ciudad de México sólo comprendía el perímetro de lo que hoy llamamos Centro Histórico. 

Su aparición forzó a que vecinos y las autoridades hicieran algunas maniobras para que el agua no se desperdiciara tanto y que poco a poco fuera adquiriendo fama. No necesitó de muchos esfuerzos para convertirse en algo “llamativo”, ya que en ese entonces no había edificios altos que dominaran el cielo citadino y sus 45 metros de altura lo hacían visible en toda la zona.

Llegó a ser tan conocido que hasta la cigarrera del Buen Tono, de gran fama en ese entonces, le tomó fotografías para ocuparlas dentro de su publicidad. “La ubicación exacta del géiser aún la estoy afinando, podría ser entre las calles de Azabache y Amatista -a dos cuadras de casa- o entre las calles de Malintzin y Talismán. Justo llegó a mis manos una foto que apunta al poniente y me da una nueva pista, de que quizás solía estar entre Talismán y Joyas, muy cerca de Azabache”, explica Sócrates.

Dedico esta crónica al Ing. Edmundo González, con quien nos reunimos a nivel familiar. Rememoramos el Distrito Federal de antaño, llevándonos a la Col. Estrella, donde vivían sus tíos.

Añoramos el zócalo capitalino, las calles de Guatemala y Brasil, la librería de Porrúa y la escuela de San Ildefonso, el Museo de Cera y tantas cosas que nos llenan de recuerdos y evocaciones juveniles.

 
Trabajos en una de las calles de la Colonia Estrella. Al fondo puede verse la pequeña torre petrolera. 

*Nota publicada originalmente en Diario del Sureste | Remembranza,  el 19 de abril de 2024. Versiones digitales disponibles en:

https://www.diariodelsureste.com.mx/la-colonia-estrella/  

A su vez, el artículo cita; "La colonia que tuvo alguna vez un 'géiser' y un pozo petrolero", escrito por Carlos Villasana y Ruth Gómez para El Universal | Mochilazo en el tiempo, el 16 de mayo de 1917. Versión en línea consultada en:

-  https://www.eluniversal.com.mx/entrada-de-opinion/colaboracion/mochilazo-en-el-tiempo/

 

 

Sobre la colonia Estrella, su andar tranquilo y sus entrañables particularidades*

 Por: Diego Cera

 
Parque de los Cocodrilos, emblema cultural comunitario de la Colonia Estrella. 

Quisimos hablar de la colonia Estrella y las maravillas que existen —o existieron— entre sus calles para que ustedes, al igual que nosotros, se animen a pasear por ahí. 

En las faldas del Tepeyac se respira un aire barrial muy peculiar. Allí, una caminata, por más cotidiana que sea, se convierte en una clásica tarde dominical. Entre esas colonias aledañas a la Basílica se encuentra La Estrella, pequeñita —de apenas unas 66 cuadras— pero muy simpática y con algunas peculiaridades que la hacen un sitio entrañable para sus habitantes y quienes la visitamos.

La historia de esta colonia es relativamente nueva. Se fundó en 1932 en los terrenos de lo que alguna vez fue la Hacienda de Aragón, en el antiguo municipio de la Villa de Guadalupe Hidalgo. Décadas atrás, al predio se le veía un futuro más industrial y prometedor.  

Pozo petrolero en una foto de los años 30. Imagen tomada de mexicoenfotos.com 

 

Una fundación peculiar

Había quienes creían que ahí había un gran pozo petrolero, pues además de las chapopoteras que se encontraban cerca de la zona, también hubo indicios de que el suelo, como en otras partes de la ciudad, era rico en minerales y sales de hierro. Quizá la expectativa que alguna vez se tuvo sobre estos terrenos fue la causa por la cual las calles de la Estrella tienen nombres de minerales y piedras preciosas. 

Obedeciendo a dichas sospechas, entre 1862 y 1904 se instalaron varias torres de extracción petrolera en la zona. La primera estuvo detrás del convento de Capuchinas, otra muy cerca de las actuales avenidas de Cantera y Acueducto de Guadalupe y una más en la esquina de Joyas y Acerina, de la cual queda como vestigio el tubo de extracción que, debido al hundimiento de la ciudad, cada cierto tiempo emerge en la entrada de un estacionamiento como un testimonio recurrente del pasado.

Otra de las maravillosas peculiaridades de la Estrella y que nació en 1907, precisamente a raíz de las perforaciones petroleras, fue un fuerte chorro de agua de 45 metros de altura. Su aparición ocurrió cuando un grupo de perforadores hicieron un pozo artesiano buscando crudo, pero lo único que lograron fue una monumental fuente que, para ese entonces, se alcanzaba a ver desde varias colonias a la redonda y cuya imagen fue tan popular que la cigarrera El Buen Tono utilizó su imagen para publicitar sus productos.

 

 
Geiser en la Colonia Estrela que brotó, según las crónicas en 1907. 

Algunas maravillas de la Estrella

Actualmente no sabemos a ciencia cierta dónde estuvo este enorme chorro de agua que los vecinos bautizaron como géiser, pero el cronista Sócrates Vera apunta que muy posiblemente estuvo situada entre las calles de Talismán y Joyas, muy cerca de Azabache. Y es que la atracción fue tan impresionante como fugaz, ya que apenas un año después de su aparición la fuente se extinguió y en su lugar pusieron otra torre petrolera que, se presume, ya solo era un adorno para atraer habitantes e inversores a la colonia. 

Con o sin géiser, quienes habitan la Estrella disfrutan de la tranquilidad de sus calles y de ese aire gentil de quien vive rodeado de parques como el María Teresa o “de los cocodrilos”, del cual ya les hablamos en otra nota y que es una de las joyas art decó de la colonia junto con el edificio de la Monticello Drug Company que aún existe en la esquina de de Joyas y Amatista. Fue precisamente en esa cosntrucción donde se creó el célebre Ungüento 666 que ha ayudado a los capitalinos con problemas respiratorios desde 1940.

Estas, por supuesto, son solo algunas de las maravillas arquitectónicas de la Estrella. Basta con caminar por sus calles para encontrar algunas joyas arquitectónicas que van del colonial californiano al art decó en cuestión de metros. Eso sí, todo sin perder ese aire relajado que caracteriza a la colonia y que acogió a personalidades como el luchador “Gory” Guerrero, el boxeador “Babe” Vazquez o la actriz Martha Verduzco, todos ellos vecinos distinguidos del lugar. 

La Monticello Drug Company, ubicada en la esquina de Joyas y Amatista, colonia Estrella, cerca de 1940; a la izquierda está un antiguo pozo petrolero (arriba, Foto Vasallo, col. Familia Moussier). El edificio en la actualidad en una imagen de Google Maps (abajo). 

 

Sin duda, estas cerca de 66 cuadras tienen mucho que contar tanto para quien las recorre con ojos curiosos, como para quien va solo de paso. Como en muchas otras partes de la ciudad, allí siempre hay algo que nos hace bajar el ritmo y disfrutar el paisaje aunque sea por un momento. Por si no ha quedado claro, queremos mucho a la colonia Estrella.  

 

 *Nota publicada originalmente en Local.mx el 29 de enero 2025. Versión digital disponible en:

https://www.local.mx/ciudad-de-mexico/sobre-la-colonia-estrella 

 

La Peregrinación colorida de los Payasos

 
Los payasos que manifiestan su fé con gran gozo, con humor y colorido que los caracteriza. Foto tomada de somoselmedio.com 

La peregrinación de payasos a la Basílica de Guadalupe es una tradición que se lleva a cabo cada año en la Ciudad de México. En ella participan integrantes de distintos grupos y asociaciones de artistas circenses, quienes se dirigen al recinto religioso para realizar un acto de agradecimiento y también de petición relacionado con su labor.

Se trata de una manifestación llena de color y alegría, en la que decenas de payasos provenientes de diversas regiones del país acuden a rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe. Durante el recorrido, entonan cantos en los que expresan su entusiasmo y devoción al visitar a quien consideran su protectora.

Ataviados con pelucas, maquillaje característico y vestuarios llamativos y extravagantes, los participantes mantienen viva esta tradición que inició en 1992. El propósito principal es agradecer favores recibidos, especialmente en temas de salud y trabajo.

  
"Porque somos los payasos. ¡Sí señor! Y venimos muy contentos. ¡Sí señor! A visitar a nuestra reina. ¡Sí, señor! Porque somos los payasos y traemos diversión. Y venimos a la Villa con respeto y devoción", se oye que cantan los payasos. 
Fotografía de somoselmedio.com 

 

El punto de reunión suele ser la Glorieta de Peralvillo, desde donde comienza el trayecto por la Calzada de los Misterios, una antigua vía ubicada al norte de la ciudad que conduce hasta la Basílica, en la zona conocida como la Villa. A lo largo del camino, los payasos avanzan mientras realizan actos como malabares, utilizan pirotecnia y ofrecen espectáculos para el público que los observa. Algunos contingentes también participan con carros alegóricos decorados con flores y representaciones de la Virgen en el centro.

Para quienes asisten, esta peregrinación no solo es una muestra de fe, sino también una oportunidad para hacer visible la realidad laboral del gremio, caracterizada por la informalidad y la inestabilidad.

 

“Yo sí me voy, me voy a la Villa”, se escucha entre los payasitos quienes caminan, hacen malabares, prenden pirotecnia y entretienen con sus cantos y actuaciones a quienes los observaban atentos caminar con rumbo a la Basílica de Guadalupe. Fotografía tomada de somoselmedio.com

 

Fuentes consultadas:

https://www.somoselmedio.com/peregrinacion-payasos 

https://www.expreso.ec/  

Una anécdota de la Colonia Estrella

Por Alma Rosa Pierres Martínez 

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

Recuerdo como si hubiera sido ayer, los días que viví en Tesoro número 94 la Colonia Estrella.

La Colonia Estrella se caracteriza por sus calles con nombres de piedras preciosas: Brillante, Ópalo, Jade, Coral, Rubí, Azabache, etc. También por el parque María Teresa, aunque es más conocido por el título “Parque de los cocodrilos” porque en su gran fuente había cinco cocodrilos de cemento, además de columpios, resbaladillas, y un señor que llevaba su caballo para pasear a los niños.

 

 
Así se ve la delimitación y alrededores de la Colonia Estrella en Google Maps.

 

Con los vecinos de la cuadra y mis primas formamos una pandilla traviesa y juguetona, los fines de semana eran los más divertidos, porque desde temprano nos reuníamos en el parque para correr en la fuente, que por supuesto rara vez tenía agua, lo que aprovechábamos para montar en los cocodrilos e imaginar que surcábamos los lagos y mares, o sentir que volábamos cuando, en los columpios, nos elevábamos muy alto. Más tarde, cuando ya estábamos cansados y con calor, íbamos al mercado a comprar una paleta de hielo.

Por las tardes acostumbrábamos a ir a la calle Victoria porque ahí estaba la fábrica de automóviles, la Ford Motor Company. Era enorme, abarcaba la gran manzana que es ahora la Plaza Tepeyac, Walmart, Suburbia y Sams.

Por la calle Ferrocarril Hidalgo estaban las entradas para el tren que llevaba material a la fábrica, por ahí las banquetas eran amplias, con pendientes muy pronunciadas. Eran como unas lomas que aprovechábamos para correr en las bicicletas; echábamos carreritas para ver quién las brincaba más alto, siempre esperábamos con muchas ganas esas tardes.

Había días diferentes, como cuando se iba pasando la voz desde la calzada de Guadalupe por todas las calles para avisar que estaba por pasar la peregrinación de los payasos, o la de los globeros, la de los mariachis, y hasta la de los cilindreros, nos gustaba correr hasta allá sólo para verlos pasar. 

La peregrinación de los payasos a la Basílica de Guadalupe, se caracteriza por la alegría y colorido de su contingente. Es una tradición de más de 40 años, aunque se sabe, por testimonios de los vecinos de la zona, de peregrinaciones de payasos desde mucho antes. Fotografía tomada de somoselmedio.com

 

A medio día nos llamaba el olor a fritanga, ese olor que despiden los tacos dorados de barbacoa, entonces, juntábamos dinero para ver cuántos nos podíamos comprar, y los pedíamos con salsa verde y la roja que era la más solicitada, porque era salsa borracha. Eran unos tacos comerciales, sencillos, con unas hebritas de carne, la tortilla envuelta y crujiente y las salsas que eran deliciosas. No tenían ni queso, ni crema, sólo eso, pero nos sabían a gloria.

Cuando las mamás se dieron cuenta que ya teníamos demasiado tiempo libre, nos inscribieron en Seguro Social que esta en la esquina de Tesoro y Calzada de Guadalupe, a mí me tocaron las clases de baile regional.

Recuerdo también que a mi familia le gustaba desayunar veces en los famosos caldos Zenón que se encuentran en las cercanías de la basílica de Guadalupe, otras veces en una fonda donde vendían unos huaraches achicalados, deliciosos. También recuerdo aquella farmacia muy grande de las pocas que había en ese entonces, la Farmacia Briceño, ahí se vendían todo tipo de medicinas y hasta productos para curaciones y hospitales. 

En la comparativa de estas fotos se ve el inmueble que alberga el Museo de Cera "Dilea Castillo viuda de Neira" a mediados del siglo XX y en la actualidad. Marcaje cronológico de los famosos caldos "Zenón". Dicho restaurante tiene varias sucursales abiertos en diversas fechas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.
 

Lo que me dejó un recuerdo imborrable era acompañar a mi mamá y a mi tía a la peregrinación que hacían con las empleadas de la fábrica de ropa que tenían. Cada año íbamos a la Basílica de Guadalupe. Cargaban enormes ramos de flores y una gran imagen de la virgen, el cansancio y el peso no importaba, era la devoción con la que íbamos a ver y agradecer a la Morenita del Tepeyac.

Después de misa hacíamos un recorrido por el santuario y nos tomaban la típica fotografía en el caballo de cartón. Cosa que sigo haciendo... cuando encuentro al caballo.

 

Recuerdos del Tepeyac que fueron una tradición al visitar la Basílica de Guadalupe. Los fotógrafos preparaban escenografías cada vez más elaborados para tomar la imagen e imprimir al momento para que la gente se llevara la fotografía de inmediato. 

 

Los recuerdos de Elsa y Noé

 Por Deni Miranda

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

 

En algún rincón de la colonia Guadalupe Tepeyac, este recuerdo quedará suspendido como polvo de estrellas.

Cuando era niña, mis papás, y yo, solíamos visitar a mis abuelos en la colonia Valle Gómez. Viajábamos desde muy lejos, desde Ecatepec, Estado de México. Tomábamos la autopista hasta Indios Verdes y luego subíamos a un pequeño camión que nos dejaba en Calzada de Guadalupe. Al terminar la visita, el camión de regreso rumbo al paradero de Indios Verdes nos dejaba cerca del Parque del Mestizaje. Allí, entre la tierra y los árboles, jugaba con mi mamá y mi papá hasta agotarme, porque sabía que el camino de vuelta a casa sería largo.

 

 Trenecito en el Edén del Mestizaje, antes llamado Parque, que fue remodelado y reinaugurado en 2025.

Años después, mi padre compró un Datsun, y el viaje cambió. A pesar de que el trayecto seguía siendo extenso, la sensación era diferente. Un día le pedí que se detuviera en un pequeño parque ubicado en la Avenida Noé y la Calle Elsa en la Guadalupe Tepeyac. Lo primero que vi fueron unos animales curiosos de concreto, que para eran personajes de historias mágicas; me subía a ellos, los exploraba, los convertía en parte de mis juegos….

Y entonces ya no era tan niña…

Conforme fui creciendo aquel parque se convirtió en un refugio, en el cual mis padres, mi hermano y yo solíamos sentarnos en sus bancas y conversar. Al otro lado de la calle, siempre observaba con fascinación un café llamado Apolo. Desde pequeña me han gustado las cafeterías, quizá por una idea romántica de que ahí se va a platicar y disfrutar del café. Pero este lugar era especial, mi madre solía contarme que una de mis tías iba allí con su novio. Él se llamaba Noé y ella; Elsa. Y el café estaba precisamente entre las calles Noé y Elsa, como si el destino hubiera querido grabar sus nombres en el barrio.

Años más tarde, mis padres me llevaron por primera vez al Café Apolo. Pedí una hamburguesa con una malteada de fresa, y desde entonces se convirtió en uno de mis sitios favoritos. No si es el más económico ni el más delicioso, pero poco a poco se volvió el lugar donde solíamos comer y platicar en familia.

La vida me llevó por caminos inesperados, y un día tuve que mudarme a la ciudad. Por casualidad, terminé viviendo en la colonia Guadalupe Tepeyac. Ahora paseo por el parque con mi perro y visito el Café Apolo con mi esposo.

Cafetería Apolo, abierta desde 1965 en la calle de Noé número 94.
Fotografía tomada de Local.mx 

Mi papá falleció hace unos meses, y caminar por el parque, sentarme en sus bancas y comer en el Apolo me recuerda su amor y el gran esfuerzo que hacía para invitarnos a compartir momentos juntos. A veces, el tiempo transforma los lugares en refugios de la memoria. Y aunque todo cambia, en algún rincón de la Guadalupe Tepeyac, este recuerdo seguirá brillando como polvo de estrellas.

 

Barra interior del Café Apolo. Imagen tomada de Google Maps. 

 

 

Parque Edén del Mestizaje

 
Parque Eden Mestizaje inaugurado en 2025, después de su remodelación.
Fotografía tomada por INJUVE.com.mx 

Reflexionar sobre el origen del mexicano implica también abordar la idea del mestizaje. Aunque la herencia prehispánica es uno de los elementos más representativos de nuestra identidad, no se puede negar la influencia decisiva de la cultura española en la formación de la forma de ser del país.

Precisamente en esa combinación se encuentra la riqueza y belleza de México: un lugar donde se mezclan de manera armónica tradiciones y costumbres de distintas épocas y culturas. Este encuentro ha dado lugar a un sincretismo que se manifiesta en ámbitos tan diversos como la comida, la arquitectura, el arte y el comportamiento social.

El Parque del Mestizaje es conocido principalmente por albergar el Monumento a los Indios Verdes, figuras que representan a importantes líderes de México-Tenochtitlán, quienes aún simbolizan una deuda histórica pendiente, a pesar de contar con un espacio dedicado a su memoria.

Este parque fue inaugurado el 18 de noviembre de 1978, cuando el entonces presidente José López Portillo recibió a los reyes de España, Juan Carlos I y Sofía. El objetivo era crear un sitio amplio y recreativo que favoreciera la convivencia familiar y diversas actividades urbanas. Además de áreas verdes y juegos, el lugar cuenta con esculturas que le otorgan un carácter particular, convirtiéndolo en un punto de interés cultural y turístico.

 
Fotografía del Parque Edén del Mestizaje. Imagen tomada de Catalogo de Locaciones CDMX. 

La herencia azteca está representada por una fuente llamada “Los Danzantes”, una estructura circular con tres figuras masculinas colocadas en el borde. Estas sostienen instrumentos que parecen producir sonido, lo que sugiere que están bailando alrededor de la fuente. Entre ellas destaca una que alude a la Danza del Venado, un ritual tradicional de los pueblos indígenas de Sonora.

Asimismo, el parque incluye esculturas de Don Quijote y Sancho Panza, que evocan la influencia española dentro del mestizaje. También se encuentran las conocidas estatuas de bronce de los Indios Verdes, elaboradas por el artista Alejandro Casarín para una exposición internacional en París.

Estas figuras, que representan a los gobernantes aztecas Itzcóatl y Ahuízotl, han sido trasladadas por distintos puntos de la ciudad y actualmente se ubican en el Parque del Mestizaje, además de dar nombre a una estación de metro cercana. Visitar este sitio, ubicado al norte de la ciudad, no solo permite disfrutar de un espacio agradable, sino también recordar y valorar el origen diverso y significativo de México.


 
Quijote y Sancho Panza en el Parque del Mestizaje. Fotografía tomada de Catálogo de Locaciones CDMX. 


Fuentes consultadas: 

https://mxc.com.mx/2017/ 

https://mexicocity.cdmx.gob 

https://www.chilango.com/ 

http://www.catalogodelocaciones.cdmx.gob.mx/ 

Cafetería Apolo

 
Interior de la Cafetería Apolo. Imagen tomada de Dondeir.com 
 

La colonia Guadalupe Tepeyac está ubicada en la zona norte de la ciudad, muy cerca de la Basílica de Guadalupe, y se distingue por su historia, ya que comenzó a poblarse desde la década de 1950. Un rasgo característico del lugar es la forma en que están nombradas sus calles: las que corren paralelas a Calzada de Guadalupe tienen nombres de mujer, mientras que las que la cruzan llevan nombres de hombre. En su mayoría, estos nombres hacen referencia a figuras bíblicas, santos o mártires, probablemente debido a la cercanía con la Basílica.

El punto central de la colonia es el parque Corpus Christi, dividido en dos por la avenida Noé. En una de sus esquinas, específicamente en el cruce de Noé y Elsa, se ubica la Cafetería Apolo, un establecimiento tradicional que abrió en 1965 y desde entonces ha funcionado como una clásica fuente de sodas del barrio. La visitamos un miércoles al mediodía; a diferencia de los fines de semana, estaba poco concurrida, lo que nos permitió observar con calma el lugar. Aunque ha tenido algunos cambios, conserva en gran medida su esencia original. Desde que entras, se percibe que es un sitio con historia, sin aparentar ser artificialmente retro.

 
Estética retro de la Cafetería en su decoración y menú.
Imagen tomada de Local.mx 

El menú incluye los clásicos de este tipo de establecimientos: helados, malteadas, hamburguesas, hot dogs, papas fritas y hot cakes, además de opciones como banana split, sundae y tres marías. También ofrece platillos más completos como enchiladas, molletes y consomé. En nuestra visita pedimos una malteada de fresa y un hot dog con papas, destacando especialmente la malteada. El ambiente es muy relajado, ideal para comer con tranquilidad, conversar o incluso leer.

Uno de los aspectos más atractivos del lugar es su decoración: ilustraciones de los platillos en las paredes, tonos pastel, un espejo en la barra y el distintivo uniforme lila de las meseras. Durante nuestra estancia sonaba música de los años sesenta, tanto en español como en inglés. Con el paso del tiempo comenzaron a llegar más clientes, probablemente vecinos del área, incluyendo familias y niños acompañados por sus abuelos, lo que confirma que este sitio sigue siendo un punto de encuentro importante en la colonia Guadalupe Tepeyac.

 

Fachada de la Cafeteria Apolo en la colonia Guadalupe Tepeyac. 

 

Fuentes consultadas:

https://www.local.mx

-  https://www.dondeir.com

https://www.posta.com.mx 

 

Cacahuates a la Japonesa

 
Pase de Migración de Nakatani. 
 

Si bien su creador si era japonés, esta deliciosa botana fue creada en México por un inmigrante que vino a nuestro país en 1932, su nombre era Yoshihei Nakatani Moriguchi. 

Yoshihei Nakatani nació en 1910 en Sumoto, Japón. Fue el cuarto de los seis hijos del matrimonio entre el comerciante Kihei Nakatani e Izo Moriguchi, la familia vivió en la pobreza, sus hermanos querían salir de la isla pero no sabían leer ni escribir. Nakatani percibía la desesperación y sufrimiento de sus padres por darles una vida mejor, de acuerdo con el capítulo Historias de vida en el siglo XX: La memoria de un migrante japonés en México de Emma Nakatani Sánchez publicado en Istor Revista de Historia Internacional Feminismos y movimientos de mujeres en la historia.

Revista Istor, donde Emma Nakatani habla sobre la creación del Cacahuate Japonés.

Fue en este ambiente de crisis económica y desempleo que Nakatani decidió migrar en 1932, después de ver un anuncio en el periódico de una empresa establecida en México que buscaba 13 trabajadores técnicos en la elaboración de botones de concha. Antes de esta noticia fue rechazado del servicio militar, que además de ser obligatorio se consideraba como un honor. Llegó al puerto de Manzanillo el 26 de noviembre de ese año y el negocio en el que trabajarían, El Botón Japonés, estaba ubicado en el Barrio de La Merced.

Conoció a Emma Ávila, vecina con la que inició una relación sentimental que rápidamente fue rechazada por la familia de ella, pues Nakatani era budista y ella católica.

 
Nakatani y su esposa Emma Ávila.
 

Decidieron escapar para vivir juntos y ella quedó embarazada en 1934, el primer hijo de los 12 que tuvieron en el futuro, de los cuales sólo sobrevivieron seis.

Tras negociar con la familia, Nakatani aceptó bautizarse como católico y la pareja celebró la boda el 25 de mayo de 1935. El Botón Japonés cerró en 1942 debido a la aparición de los botones de plástico y la deportación de su jefe.

Enfrentados al desempleo, la pareja decidió iniciar un negocio de dulces inspirados en la infancia de Nakatani, donde fue aprendiz de dulcero y adquirió conocimientos en el área.

La primera botana que comenzaron a vender fue una fritura con sal llamada oranda, posteriormente cocinaron muéganos y decidido a seguir innovando, el señor Yoshihei Nakatani pensó en recrear una vieja receta japonesa llamada “mamekashi”, que consistía en cubrir semillas como frijoles, cacahuates y chícharos con una mezcla de harina de arroz y soya. Modificando un poco la receta original, los cacahuates fueron cubiertos por harina de trigo revuelta con soya en lugar de harina de arroz y se introdujeron a las tiendas de la zona, comenzando así la historia del  una botana tradicional en nuestro país, apodada como “cacahuate japonés” por los clientes. 

   
Empaques de los cacahuates de la marca Nipon, antes y ahora. 

Empaquetados en bolsas de celofán con la imagen de una geisha, diseñada por una de sus hijas, surgió la marca de cacahuates Nipón, que desafortunadamente no fue registrada por su creador, por lo que comenzó a ser producida por otras empresas. El negocio Productos Nipón en honor a Japón, que prosperó y permitió a la familia comprar una casa en la colonia Balbuena en los sesentas.


Otra versión de la historia

 

Cacahuates japoneses de Nishikawa. 
 

El señor Nishikawa originario de Kumamoto, Japón, llegó a México, específicamente a Mexicali, Baja California, en 1928 buscando nuevos horizontes… y el amor. Así conoció a la señora Yonemoto, quien era originaria de Hiroshima, Japón, para finalmente contraer matrimonio con ella en 1930. Tuvieron 4 hijos: Sumiko, Fusako, Kimie y Yoshiaki.

Pues bueno, fue en tiempos de guerra, después del ataque a Pearl Harbor en 1941, cuando los integrantes de la comunidad japonesa que vivían en Mexicali y algunas ciudades cercanas a Estados Unidos tuvieron que trasladarse por seguridad como refugiados al terreno prestado por el señor Matsumoto en Zumpango, Estado de México. Así, la familia y el señor Nishikawa llegaron a Zumpango, en donde trabajó como jardinero para el señor Matsumoto hasta que concluyó la Segunda Guerra Mundial.

Pero había un problema: tiempos difíciles y falta de trabajo. Aunque no pasó mucho tiempo para que el señor Nishikawa decidiera establecer un negocio, sí, lo adivinaste: el negocio de los cacahuates. Esta versión de la historia cuenta que fue él quien innovó la receta de un amigo japonés quien vivía en Brasil. Hasta que finalmente en 1957 creó el cacahuate japonés estilo Nishikawa con una cobertura crujiente sabor a soya. Pero esta historia no se detiene aquí. Años más tarde conocería a “Jesús” quien regresó de Japón después de haber peleado como soldado militar en el país asíatico. Cuando Jesús llegó a México conoció a Fusako, su esposa, ¡y la hija del señor Nishikawa! Fue aquí cuando el negocio se quedó en familia. Sabías que… la versión oficial de esta marca de cacahuates señala que “Nishikawaes la primera empresa registrada oficialmente en México de cacahuate estilo japonés”.


Fuentes consultadas:

- Nakatani, E, (2022). Istor, revista de historia internacional. Feminismos y movimientos
de mujeres en la historia
AÑO XXII, NÚMERO 88, PRIMAVERA 2022. (Consulta en línea: Revista Istor

www.infobae.com

https://24horaspuebla.com 

https://www.chilango.com 

 

 

  

Una historia del "Patín del Diablo"

 
Desde la modesta tabla con ruedas a la alta tecnología el llamado "Patín del Diablo" ha acompañado los juegos de varias generaciones de niñas y niños de México y el mundo.
 

Dos ruedas y una tabla. Sería un comienzo modesto para un medio de transporte caracterizado por heridas abiertas y caídas de uso y popularidad sin  comparación con ningún otro propulsor contemporáneo de humanos. Aunque es difícil de identificar, generalmente se da por hecho que fue un niño quien, al sufrir de un malestar por la metrópolis europea de finales del siglo XIX, conectó un par de ruedas de patín a una tabla, marcando el comienzo de una era de movimiento rápido y vertical.

Con un sonido sin duda más fuerte que el de los patinetes eléctricos actuales y—sobre todo—con velocidad, el instrumento rudimentario se convirtió en una fuente de alegría para los niños tanto de Europa como de los Estados Unidos en la época anterior a la Primera Guerra Mundial. 

La información más fiable sobre los fabricantes de patinetes de madera durante la época en que surgió el vehículo sigue siendo escasa; sin embargo, cualquier persona interesada seguro que se topará con fotos de niños de principios del siglo XX corriendo con patinetes fabricados en las calles de la ciudad.

Se pueden encontrar muchas fotografías antiguas de niños disfrutando un patinete, modelos diversos, algunos mas sencillos que otros siempre con el mismo sistema de auto empuje. 

 

La historia del patinete, con el paso de los años, ha experimentado una notable evolución; las construcciones serían repetidas por niños y adultos a principios del siglo XX, culminando en una joya del diseño de la época de la Primera Guerra Mundial: el Autoped. Fabricado por la empresa The Autoped Company de Long Island City, este aparato nacido y criado en Nueva York presentaba un chasis robusto, con una barra de dirección inclinada hacia el conductor a casi 45 grados, y una base curva que anunciaba muchos de los populares diseños de automóviles art-deco de la década de los 1930.

Los esquemas del Autoped fueron patentados y concedidos al inventor Arthur Hugo Cecil Gibson en 1916, aunque parece que Joseph F. Merkel—creador de la motocicleta Flying Merkel—jugó un papel importante en la realización del Autoped. 

Motocicleta Flying Merkel modelo de 1911. Fotografía tomada de Google Images.
 

Con el tiempo, tanto el diseño como los materiales utilizados para fabricar patinetes cambiaron de manera significativa. La incorporación de aluminio y plásticos permitió crear modelos más ligeros y resistentes, lo que no solo mejoró su durabilidad, sino que también facilitó su transporte. Esto abrió nuevas posibilidades de uso más allá del simple juego.

En la actualidad, los patinetes han dado un giro hacia versiones plegables y eléctricas. Estas innovaciones han transformado su papel como medio de transporte urbano. Gracias a estas alternativas modernas, cada vez son más las personas, tanto jóvenes como adultos, que optan por ellos para realizar desplazamientos cortos dentro de las ciudades.

El primer patinete moderno tal como lo conocemos apareció gracias a empresas innovadoras en la década de los 90. Este acontecimiento marcó el inicio de una nueva era para este vehículo personal. Desde entonces, la evolución del patinete continúa con avances tecnológicos y diseños cada vez más sofisticados que se adaptan a las necesidades actuales de movilidad urbana.

La producción en masa de patinetes se inició en los años 90, lo que impulsó su transformación en un fenómeno global. Asimismo, el crecimiento del Freestyle Scootering ha tenido un papel fundamental en su popularidad; muchos jóvenes han comenzado a utilizarlos para realizar trucos impresionantes y acrobacias emocionantes. Esta actividad deportiva ha ayudado a establecer el patinete como un símbolo de libertad y aventura.


Monopatin o scooter plegable de la marca Unagi que al momento de su salida al mercado costaba 990 dólares.



Fuentes Consultadas:

https://unagiscooters.com/ 

-  https://mamabrum.es 

https://www.jornada.com.mx/2000/12/26/07an1esp.html