La poesía de los trenes*

Por Mariano Aguirre
(Fragmento)


Viajar ha sido una necesidad vital del hombre, tanto para su subsistencia como para, su imaginación. Traspasar las fronteras de su pequeño mundo es aceptar, de alguna manera, el llamado a la aventura.

Los medios que ha empleado han sido muchos, desde sus propios pies hasta las naves espaciales. Dos de los que ha inventado son, quizás, los que con mayor persistencia se han fijado en su mente: el barco con sus múltiples variedades y el tren.

Miles de años separan al hombre que navegó por primera vez de aquel que subió, entre sorprendido y curioso, a un vagón arrastrado por una extraña y humeante máquina en los primeros años del siglo XIX, en Londres, por supuesto. Ambos tal vez pensaron que el mundo ya era como una mano. Los poetas también. En 1835, el mismo año que corría el primer ferrocarril en Alemania, Theodor Mundt, un poeta alemán casi olvidado, le escribía a un amigo: "¿qué piensa usted de este progreso de la humanidad por el camino de hierro que apunta hacia el futuro? La edad que se acerca con esa máquina que brama como fiera bajo negros penachos de humo, vientos atorbellinados y escorias de hulla que vuelan por los aires ¿será calificada de edad de hierro o de oro?".


La imaginación trepa al tren


La invención de la locomotora a vapor y la rápida expansión del ferrocarril por el mundo no dejaron indiferentes a los escritores. Al contrario. Encontraron en el tren un espacio propicio para desplegar la imaginación. El viaje -motivo literario por excelencia- y la posibilidad de concentrar en un vagón una muestra de la condición humana, era demasiado tentador.

Hay sí que reconocer un hecho. No fue un escritor sino un pintor, el primer artista que se sintió atraído por el tema. En 1844 William Turner, inglés por supuesto, pintó “Lluvia, vapor y velocidad”. Unos años más tarde, el impresionista Claude Monet pintaría una serie de diez cuadros con motivos ferroviarios.


William Turner, Lluvia, vapor y velocidad. El gran ferrocarril del Oeste (Rain, Steam, and Speed – The Great Western Railway), 1844, óleo sobre lienzo. Imagen obtenida de Wikipedia.



En literatura el registro es más difícil. Hay numerosos relatos del siglo XIX en que aparece el tren. Un ejemplo es Julio Verne en “La vuelta al mundo en ochenta días”, publicado en 1873. Ahora, si lo hubiese escrito unos años después, la animada travesía de Phileas Fogg y su criado Picaporte habría durado la mitad del tiempo. Así lo afirma un entendido en itinerarios, con guías ferroviarias en la mano. Una muestra más del desarrollo del ferrocarril hacia fines del siglo XIX.

Pero es quizás Emile Zolá el primer escritor que hace del ambiente ferroviario el centro casi único de una de sus novelas, “La bestia humana” (1890). La historia que narra es bastante truculenta, naturalista al fin.

Basta con decir que mueren todos, o casi todos los personajes. ¿Qué papel juega el tren en la trama? Por una parte, los protagonistas principales son ferroviarios o relacionados con la compañía de ferrocarriles; por otra parte, las muertes -asesinatos, suicidios, accidentes- suceden en un vagón o en las vías del tren.

Hacer un recuento de las novelas contemporáneas que transcurren en un tren, sería cuento de nunca acabar, aunque algunas se recuerdan de inmediato. Entre las muchas de Agatha Christie sobre el tema, cómo olvidar “Asesinato en el Oriente Express”, donde el melifluo Hércules Poirot sospecha hasta del maquinista como autor del crimen cometido en un vagón-cama.

También tiene como espacio al famoso tren internacional - que corría desde París a Estambul- la novela de Graham Greene “Oriente Express”, en que reúne a una variedad cosmopolita de tipos humanos.

Otro tren transcontinental famoso, el Transiberiano -de Moscú a Vladivostok-, también tiene su literatura. Tal vez la obra que mejor lo muestra sea el extenso poema de Blaise Cendrars, “Prosa del Transiberiano”.


Claude Monet, The Gare Saint-Lazare, Arrival of a Train, 1895, óleo sobre tela. Imagen obtenida de Wikipedia.



Que un encuentro en un coche puede ser definitivo, lo demuestra “Extraños en un tren”, de la inquietante Patricia Highsmith. Por algo Alfred Hitchcok filmó la novela. Otros tal vez quieran ser testigos de la soledad del pasajero de “La modificación”, de Michel Butor, una de las pocas novelas recordables de lo que se llamó nouveau romano.

León Delmont ha dejado a su mujer y tomado el tren en París para encontrarse con su amante en Roma. Durante el viaje medita sobre su existencia, y entonces...

"Ahí viene un asunto espantoso como una cocina arrastrando un pueblo", dice una mujer en “Cien años de soledad”. Ha llegado el ferrocarril al pueblo de los Buendía, para bien y para mal: -"el inocente tren amarillo que tantas incertidumbres y evidencias, y tantos halagos y desventuras, y tantos cambios, calamidades y nostalgias había de llevar a Macondo", escribe García Márquez. Con el tren, la historia irrumpe en el mítico pueblo, y con ella "la hojarasca".


La llegada ya era un poema:

Se suavizaba el mundo/ y cuando/ miré hacia atrás/ llovía, / se perdía mi infancia. / Entró el Tren fragoroso/ en Santiago de Chile, capital, / y ya perdí los árboles, / ... supe, porque sangraba, / que me habían cortado las raíces." 

Que los trenes tengan un espacio importante en la poesía de Neruda, no es extraño. Se sabe, su padre era ferroviario: 

El padre brusco vuelve/ de sus trenes:/ reconocimos/ en la noche el pito/ de la locomotora/ perforando la lluvia/ con un cuchillo errante, / un lamento nocturno ...


Y en otro poema dice:

... mi padre no perdía el tiempo:/ sobre el invierno establecía/ el sol de sus ferrocarriles.



José María Velasco, Cañada de Metlac, 1893, óleo sobre tela. Imagen obtenida de Wikipedia.


No puede, entonces, separar nunca la imagen del padre de los trenes - Capitán de tren, lo llamaba-, ni siquiera en el momento de la muerte:

... un día con más lluvia que otros días/ el conductor José del Carmen Reyes/ subió al tren de la muerte y hasta ahora no ha vuelto. A todo cantó Neruda, era insaciable: Yo sigo trabajando con los materiales que tengo y que soy. Soy omnívoro de sentimientos, de seres, de libros, de acontecimientos y batallas. Me comería toda la tierra. Me bebería todo el mar.


Pero nunca dejó de ser un poeta del sur, y un poeta del sur está ligado indestructiblemente a los trenes:

Cómo puedo vivir tan lejos/ de lo qué amé, de lo que amo? / De las estaciones envueltas/ por vapor y humo frío?


Y en el comienzo de su Oda a los trenes del sur:

Trenes del Sur, pequeños/ entre/ los volcanes, / deslizando/ vagones/ sobre/ rieles/ mojados/ por la lluvia vitalicia, / entre montañas crespas/ y pesadumbre/ de palos quemados.


Anduvo Neruda por todo el mundo, y el tren lo llevaba:

Oh viaje de mi vida, / una vez más en plena luz, / en plena proporción y poesía/ voy con el tren aprendiendo la tierra/ hacia donde el océano me llama.


Si Pablo Neruda llegó en tren a Santiago, también lo hizo Violeta Parra, desde Chillán. Tan distintos, tan iguales, los dos arribaron con temor. Dice Violeta en sus Décimas:

Llega el tren a Alameda/ con zalagarda infernal!, el pito y el campana / los crujideros de ruedas / el inspector se pasea/ gritoneando la lIegá, / la gente preocupa / amontonando maletas; / Dios mío, piensa Enriqueta:/ ya estoy en la capital.


Y la nostalgia y el miedo en el inicio de la décima siguiente:


Mi corazón en destierro / latió lastimosamente...


En los pueblos latinoamericanos, la vía del ferrocarril divide, crea dos espacios, social y económicamente distintos. En “Cien años de soledad”, a un lado la compañía bananera; al otro, el viejo Macondo. “Cuarteles de Invierno”, de Osvaldo Soriano, es otra muestra, entre muchas, de ese hecho.


El tren es despedida, pero también reencuentro. Rolando Cárdenas, otro de los poetas líricos, así recibe a su amada:

Llegaste desde el sur, / desde el alba sureña con su rumor de feria, / aromada de pueblo, / con tu cuerpo empapado/ por las lluvias tranquilas e tu Chillán amado. / Traías en tu traje un pedazo de tarde/ y en tus manos calladas el adiós de los trenes.

Y un poeta más de Curicó, pero habitante del litoral central mientras pudo vivir en Chile. ¿Dónde estará ahora Efraín Barquero? Su Sinfonía de los trenes, es quizás la más completa descripción de lo que son -eran- los trenes chilenos y de los transitorios seres que los habitan.

Habla de los trenes del sur y del norte -lástima que Gabriela Mistral nada dice, que sepamos, de estos últimos-, de los trenes de los pequeños ramales, de los que parten a las seis de la mañana, de los que llegan a medianoche. Y los envuelve a todos, así:

Tren de las lentas despedidas, Tren / de los lejanos regresos, tren del tiempo, / vuestra campana llama en el fondo de nosotros.


Pero de todos, Efraín Barquero ama el suyo:

Yo quiero el mío, el tren pequeño de la costa, / el que habla familiarmente con cada estación, / el del sombrero de paja y la camisa de tocuyo, / el que corre entre colinas hacia el mar, / y lo siguen las gaviotas y los ríos, / el que cruza entre animales y castillos de madera.



Vincent van Gogh, Les Ponts d'Asnières, 1887, óleo sobre tela. Imagen obtenida de Wikipedia.


¿Qué harán nuestros sureños poetas sin trenes? ¿Qué haremos nosotros sin ellos? ¿Cómo contarles a nuestros sobrinos, hijos, nietos, lo que fueron los trenes de Chile?

Es verdad, existe el Museo ferroviario de la Quinta Normal, pequeño y quieto, pero útil. Podemos escuchar las conferencias de los entusiasmados miembros de la Asociación chilena de conservación del patrimonio ferroviario, y apoyarlos en sus esfuerzos por restaurar locomotoras y coches. También, de tarde en tarde, viajar con ellos en las nostálgicas excursiones que organizan en máquinas a vapor por recónditos ramales.

Todo eso está bien, como siempre estará muy bien leer y releer a nuestros poetas de los trenes. Pero nada podrá reemplazar la experiencia de un largo viaje en tren por las viejas vías de nuestro país.

¿Será, de nuevo, premonitorio Neruda? Estaban soñando los trenes en la estación, indefensos, sin locomotoras, dormidos...



René Magritte, Time Transfixed, 1938, óleo sobre lienzo. Imagen obtenida de Wikipedia.



**Artículo obtenido de La poesía de los trenes | Interferencia , publicado el 15 de Junio de 2022. El autor de este artículo fue un destacado crítico literario y editor en Chile y en el extranjero. Falleció en enero de 1998. Esta crónica la escribió en el suplemento dominical del diario La Época en mayo de 1987. 


Los relatos de milagros, de la tradición oral al registro escrito*

 La oración, rezo o plegaria es la acción por la cual una persona se dirige a una divinidad o una persona sagrada. Los pasos, las características y a quien va dirigida la oración están basados en la fe del individuo que realiza dicha actividad.

El término rezar viene del latín re-citāre el cual usa el prefijo re que significa repetición y citāre que significa citar, mientras orar viene del latín orāre que significa 'de forma oral', por otro lado plegaria precaria, en latín significa petición.

Las oraciones cristianas son diversas: pueden ser completamente espontáneas, o leídas enteramente de un texto, como de un breviario, que contiene las horas canónicas que se rezan a horas fijas de oración. Mientras se reza, las oraciones suelen ir acompañadas de ciertos gestos, como juntar las manos, inclinar la cabeza, arrodillarse (a menudo en el reclinatorio de un banco en el culto colectivo o en el reclinatorio individual en el culto privado) y postración.


Los relatos de milagros, de la tradición oral al registro escrito

Por J. Carlos VIZUETE MENDOZA
Universidad de Castilla-La Mancha
(Fragmento)

Durante largo tiempo he dudado si las colecciones de milagros reunidas en los santuarios marianos pueden ser incluidas bajo el epígrafe del “patrimonio inmaterial”, ya que los volúmenes en los que se encuentran recogidas pertenecen más bien al patrimonio bibliográfico. Sin embargo, el hecho de que cada vez sean más numerosos los estudios que se realizan utilizando tales colecciones como fuente para abordar los aspectos de la religiosidad y de las tradiciones populares (ambas plenamente “inmateriales”) me ha ayudado a vencer mis dudas iniciales, porque los milagros de todos estos relatos son manifestaciones de la piedad popular y antes que su expresión escrita responden a una tradición oral que también se ve prolongada en los exvotos ofrecidos en aquellos santuarios(1).

Durante la etapa final de la Edad Media los grandes santuarios hispanos, muchos de ellos centros de peregrinación, comenzaron la compilación de relatos de milagros atribuidos a la intercesión de Santa María bajo la advocación de cada uno de ellos (Montserrat, Guadalupe, la Peña de Francia) tal como los narraban los devotos que acudían al santuario a dar gracias por el favor recibido, y desde el primer tercio del siglo XVI la imprenta permitió la difusión de estos relatos, no ya los generales de los repertorios medievales sino los particulares de cada santuario, en forma de series permanentemente renovadas en ediciones sucesivas, cuyo fin no era otro que el incremento de la devoción a aquella advocación de Nuestra Señora.


Manos en oración, Alberto Durero, 1508. Imagen obtenida de Wikipedia.


EL MILAGRO LITERARIO


Los orígenes de las narraciones de milagros se encuentran ligados a las vidas de santos, configurándose, ya desde la Vita Antonii escrita por san Atanasio, el esquema que presenta la “vida y milagros”, siendo éstos la garantía divina de la santidad de aquélla. Han sido los filólogos e historiadores de la literatura medieval los primeros en interesarse por estas narraciones de milagros, incluidos en las vidas de los santos(2) o formando colecciones independientes, hasta configurar un género autónomo, el del “milagro literario” (3) o “milagro románico”(4), al diferenciar el milagro tanto del cuento o el apólogo como de la leyenda hagiográfica, con los que comparte la nota de ser una narración breve. El milagro literario suele presentarse en colecciones o conjuntos más o menos homogéneos, unas veces como final de la vida de un santo, otras aparte de la misma. Los milagros marianos, que en sí conforman otro género literario, se presentan formando colecciones independientes(5), separadas de su vida, y están dedicadas a exaltar el poder intercesor de santa María. Suelen citarse a san Agustín, a san Gregorio Magno y a san Gregorio de Tours como los primeros compiladores de algunos de esos milagros marianos, pero el acopio sistemático de los relatos se inicia a partir de la segunda mitad del siglo XI, aunque no se conservan manuscritos de esta época, siendo muy numerosos los copiados en el siglo XII y en los siguientes(6).

Esta literatura de milagros es una de las que en mayor medida ha contribuido a la consolidación de las lenguas romances como lengua literaria. Entre 1227 y 1275 se compusieron tres de las más importantes colecciones de milagros de Occidente: los Miracles de Nostre Dame, de Gautier de Coinci, los Milagros de nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo y las Cantigas de Santa María, de Alfonso X.


[...]


Hay una estrecha relación entre los milagros y los peregrinos, muchos de los cuales visitan el santuario para agradecer el favor recibido o en cumplimiento de un voto. Los custodios de los santuarios tuvieron especial cuidado en consignar por escrito estos milagros para perpetuar su memoria, al tiempo que depuraban el relato de toda connotación heterodoxa.

Quizá los primeros milagros montserratinos puedan fecharse en torno al año 1100. Un manuscrito del siglo XII, procedente del monasterio de Ripoll(7), cuenta ya una decena de ellos atribuidos a la invocación de Nuestra Señora de Montserrat y cuatro fueron incluidos en las Cantigas alfonsíes(8). Los monjes escribieron los hechos portentosos que referían los peregrinos en unos libros que durante años se guardaron en la sacristía del monasterio y se expusieron públicamente ante los que concurrían a venerar la imagen de Santa María(9). Y lo mismo hicieron los jerónimos en Guadalupe y los dominicos en la Peña de Francia. El procedimiento en todas partes parece ser el mismo: cuando el peregrino agradecido llega al santuario relata de palabra el suceso a un religioso, quien se encarga de “examinar y escribir los milagros”. Éste pedirá pruebas de su autenticidad: declaraciones de testigos, testimonios notariales, certificaciones de clérigos o escribanos, pruebas materiales, desde marcas corporales a los grillos de los cautivos. Luego lo inscribirá en el libro.


Quinientas mujeres queretanas en la tradicional peregrinación desde la sierra gorda hasta la Basílica de Guadalupe. Esta peregrinación ya esta en su recorrido numero 66. La foto es de Lavozdequeretaro.com

El resultado es una narración breve que se estructura casi siempre de la misma manera: el encabezamiento, con un breve resumen del milagro; un preámbulo en el que se identifica al deponente, que puede ser o no el beneficiario de la gracia; la narración de las circunstancias que suscitan la petición a la Virgen; la oración o invocación a Nuestra Señora; el milagro propiamente dicho; por último, el relato se cierra con la indicación del cumplimiento de la promesa hecha de peregrinar al santuario y de la publicación de la gracia(10). Es evidente que el redactor corrige el lenguaje del narrador, lo que dota a los relatos de una homogeneidad expresiva, como quedó patente líneas más arriba al reelaborar la oración de Cristóbal de Brito con las palabras de las letanías lauretanas.

La variedad de los milagros también es semejante en todos los santuarios; la mayor parte de ellos tiene que ver con la salud (desde la curación de distintas enfermedades hasta la resurrección de los muertos), seguidos de los que hacen referencia a la protección en los peligros, especialmente en el mar, la liberación de cautivos y, en menor número, el socorro en las calamidades naturales (sequía, plagas, tormentas y tempestades) y en otros males y accidentes(11).

Es evidente que hay una gran diferencia entre estas colecciones de milagros y las de la tradición literaria anterior. Si en estas colecciones generales los milagros y sus protagonistas se repiten, en las propias de cada santuario los beneficiarios son devotos individuales y concretos. Si con las más antiguas se pretendía mover a la alabanza a Nuestra Señora, en las otras se trata de reconocer su poder intercesor que alcanza todo tipo de bienes, espirituales y materiales, para los que devotamente se encomiendan a ella bajo una advocación determinada. La publicación de los milagros tiene, más tarde, una función de edificación de los fieles, que se realiza mediante la lectura pública de algunos de los milagros asentados en los libros o, como vimos en el caso de Montserrat, en la predicación a los peregrinos en las ceremonias de acogida que se celebraban en la iglesia ante la Santa Imagen.

Conviene que los que tales maravillas y milagros saben no los ascondan, antes los publiquen a gloria de Dios y de los sanctos y para bien y provecho de las ánimas de los que los oyeren. Porque no pocas veces acaesce que algunos se convierten a Dios viendo | o leyendo algún milagro que por ventura leyendo |o oyendo alguna otra exhortación no se convirtieran”(12).


[...]


Ex voto mexicano que narra un milagro, que a sentir de los creyentes se realizó por alguna figura divina. imagen obtenida de https://n9.cl/wndvy

Pero no todos podían acceder a la lectura, por lo que paralelamente los santuarios fueron utilizando las estampas y grabados para la difusión de los milagros que los peregrinos podían contemplar en las series didácticas que conforman los “cuadros de santuarios”(13), en los que se exponen las excelencias del lugar exaltando sus cualidades taumatúrgicas. Son la versión gráfica de las colecciones de milagros, milagros pintados, que cumplen la misma función que los milagros escritos: son mensajes dirigidos a los devotos que acuden al santuario que publican, por otros medios, las gracias obtenidas por la intercesión de la Imagen. Contemplados y admirados por los peregrinos contribuyen a la difusión de la devoción.


1 VELASCO MAILLO, HONORIO M., “La apropiación de los símbolos sagrados. Historias y leyendas de imágenes y santuarios (siglos XV-XVIII)”, Revista de Antropología Social, 5 (1996) 83-114; y “Multitud de milagros”, en PÉREZ ESCOHOTADO, J. (coord.), Literatura y milagro en Santo Domingo. Instituto de Estudios Riojanos, Logroño 2002, pp. 57-77.

2 BAÑOS VALLEJO, F., Las vidas de santos en la literatura medieval española. Laberinto, Madrid 2003.

3 MONTOYA MARTÍNEZ, J., Las colecciones de milagros de la Virgen en la Edad Media. (El milagro literario). Universidad de Granada, Granada 1981.

4 EBEL, U., Das altromanische Mirakel. Studia Romanica, Heidelberg 1965.

5 BAYO, J. C., “Las colecciones universales de milagros de la Virgen hasta Gonzalo de Berceo”, en Bulletin of Spanish Studies, LXXXI (2004) 849-871; BARNAY, S., El cielo en la tierra. Las apariciones de la Virgen en la Edad Media, Ediciones Encuentro, Madrid 1999; MARTÍN, J. L.; “Los milagros de la Virgen: versión latina y romance”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Historia Medieval, 16 (2003) 177-213.

6 El Índice de PONCELET incluye 1783 entradas, que corresponde a otros tantos comienzos de milagros marianos, escritos en latín, entre los siglos VI y XV; muchos de ellos no son sino versiones distintas del mismo relato; PONCELET, A., “Miraculorum B. V. Mariae quae saec. VI-XV latine conscripta sunt. Index”, en Annalecta Bollandiana, XXI (1902) 241-360.

7 Cuando Albareda compuso su Historia de Montserrat llevaba la signatura “Ripoll 193” en el Archivo de la Corona de Aragón.

8 Cantigas de Santa María. Edición de Walter METTMANN, Castalia, Madrid 1986-1989, 3 vols.

9 En los milagros de las colecciones montserratinas se observa la reiteración de la frase “e hicieron predicar el milagro” con las que se suele cerrar la breve narración. En el milagro 82 (edición de 1550) se lee: “hizo predicar y escribir este milagro”; y en el 104 (edición de 1582): “la qual gracia alcançada la mujer con su marido vino a cumplir sus votos, y allí contaron este milagro y lo hizieron predicar para que los coraçones de los fieles se enciendan con esta maravillas en amor de Dios y fe y esperança”. Los ejemplos se podrían multiplicar. GÓMEZ REGADERA, M. A., “Los milagros de la Virgen de Montserrat en el siglo XVI: aproximación a un estudio de religiosidad popular”, en PRADELLS NADAL, J., e HINOJOSA MONTALVO, J. R. (coords.), 1490, en el umbral de la modernidad: el Mediterráneo europeo y las ciudades en el tránsito de los siglos XV-XVI, Generalitat Valenciana, 1994, vol. 2, pp. 295-302.

10 La gracia alcanzada es siempre la respuesta a una oración. En ocasiones, cuando la gracia se impetra en el mismo santuario, la oración puede ser formulada por uno de los monjes que intercede por el peregrino, que no puede hablar: “Oh Señora, tú que eres socorro de los miserables, mira que este viene a ti con su necesidad irremediable de los humanos, por ende dale remedio para su salud pues de otro no lo espera” (Montserrat, milagro 114, edición de 1582)

11 En Guadalupe, entre 1510 y 1599 se anotaron 747 milagros: el 51% relacionado con la salud, el 30% con la protección, especialmente en el mar, y el 18% con la liberación de cautivos; el resto, un escaso número de milagros, se refieren a calamidades públicas (como sequías, plagas o epidemias). CRÉMOUX, F., Pèlerinages et miracles à Guadalupe au XVIe siècle; RODRÍGUEZ, G.; “Dolencias y sanaciones en los milagros de Guadalupe (Península Ibérica. Siglos XV y XVI)”, en ARIZAGA BALUMBURU, B. (ed.), Mundos medievales. Espacios, sociedades y poder. Universidad de Cantabria, Santander, 2012, pp. 1843-1850. Sobre la libertad de cautivos: RODRÍGUEZ, G., “El norte de África en los milagros de Guadalupe”, en Estudios de Historia de España, XII/2 (2010) 447-465; CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, F. J., “La langosta y el monasterio de Guadalupe. Actos religiosos celebrados en la plaga de 1755”, Guadalupe, 728 (1994) 19-35.

12 Libro de la Historia y Milagros hechos a invocación de Nuestra Señora de Montserrat, prólogo. Los milagros de los códices manuscritos de Guadalupe también se usaron para la predicación y algunos contienen anotaciones marginales que así lo indican. La existencia de copias manuscritas de colecciones de algunos milagros (Historia y Milagros de Nuestra Señora de Guadalupe, Biblioteca Nacional de Madrid, ms. 1176; Milagres de Nossa Senhora de Guadalupe, Biblioteca Nacional de Lisboa, Fundo Geral, codex 71) así parece indicarlo.

13 ANDRÉS ORDAX, S., “La expresión artística de los exvotos y los cuadros de santuarios”, Religiosidad Popular en España. Actas del Simposium. San Lorenzo del Escorial 1999, vol. II, pp. 7-27.


* El artículo completo puedes descargarlo de Los relatos de milagros: de la tradición oral al registro escrito en Montserrat, Guadalupe y la Peña de Francia - Dialnet


Cómo la icónica máquina de coser Singer cambió la vida de millones de personas en todo el mundo*

Por Dalia Ventura

Primera máquina de coser Singer, hecha por Isaac Singer, presentada en 1851. Imagen del reportaje de la BBC.


Pocas máquinas han sido tan atesoradas en los hogares del mundo, pasadas de generación en generación, evocando memorias e inspirando sueños como la máquina de coser Singer.

Es además uno de los productos más vendidos de la historia.

La Compañía Máquina de Coser fue la creación de un excéntrico estadounidense llamado Isaac Merritt Singer, quien inventó lo que llamó "el motor de coser" y lo patentó en 1851.

Aunque no fue la primera máquina de coser, pues había sido inventada por Walter Hunt en 1833, la Singer era más confiable y capaz de coser continuamente 900 puntadas por minuto, 20 veces más que una costurera experta.


Todo un espectáculo

Singer y su socio comercial Edward Clark se dedicaron a establecer lo que llegaría a ser un imperio comercial internacional.

"Singer era brillante para el espectáculo. Era muy bueno vendiendo la máquina de coser. Abrió fantásticas salas de exhibición grandes y lujosas en EE.UU. Además las llevaba a ferias y circos", le contó a la BBC la historiadora de textiles Lin Gadner.

"Sabía que tenía que persuadir no solo a los manufactureros de que las adoptaran, sino también a los consumidores de que las prendas cosidas a máquina eran tan buenas, y hasta mejores, que las cosidas a mano", señala Gardner.

"Durante toda la historia, la gente había cosido a mano todos y cada uno de los pedazos de tela, y de repente apareció esta máquina que supuestamente se iba a encargar de hacerlo... ¡era difícil de creer!", explica Alex Askaroff, especialista en máquinas de coser.

"Así que montaron espectáculos públicos en Broadway, Nueva York: pagabas 10 centésimos de dólar y podías ver que era cierto. Y así es como todo empezó".

Singer había sido actor y tenía una gran facilidad para montar espectáculos, y su talento contribuyó a crear la imagen de su máquina. En 1869, el artista Edward Harrison May lo retrató en una pose y ropa que reflejaba su riqueza y extravagancia característica. 
Imagen de la National Portrait Gallery, Smithsonian Institution.



La creación de una ciudad

En la década de 1870, varias compañías estadounidenses se dieron cuenta de que podían vender sus máquinas en el extranjero.

Para Singer, el mercado más obvio en el cual experimentar era Reino Unido.

Primero establecieron una fábrica en Glasgow, Escocia. Pero pronto fue evidente que, aunque producían más de mil máquinas a la semana, no podían satisfacer la demanda.

Así que buscaron otro sitio en Europa para hacer una sede más grande y, al final, se quedaron en Escocia, en un lugar que tenía todo lo que necesitaban: un río, bosques y tren.

La fábrica se empezó a construir en 1882 y 2 años después estaba lista. Era una instalación de vanguardia, la más grande de su tipo en el mundo.

"Hay un mapa brillante de 1861 en el que lo único que ves es un ferrocarril, un canal y el río Clyde", cuenta Gardner. "Y en el mapa de 1891 ya hay un laberinto de calles y la enorme fábrica".

"Literalmente cambió la geografía del lugar".

Más que eso.

Con el mundialmente famoso astillero de John Brown en el área empleando una enorme cantidad de personas y la flamante fábrica Singer, que atrajo a miles más, el aluvión de la industria inadvertidamente creó una ciudad completamente nueva que se llamó Clydebank.

Pero su gran impacto lo tuvo en los hogares de todo el mundo.

En las fábricas

No obstante, ese no fue el primer destino de la que era considerada una maravilla tecnológica.

Inicialmente la compañía abordó las fábricas, pensando que, al enterarse que con la máquina podían hacer un sombrero o un abrigo en dos días en vez de dos semanas, la comprarían.

Y efectivamente así fue: encargaron decenas, centenas y, en ocasiones, miles.

Además, su uso se extendió más allá de la manufactura de prendas de vestir. Alterando la forma de partes de la máquina, podía usarse para hacer una variedad de cosas, desde zapatos y guantes hasta libros.

De hecho, hoy en día siguen habiendo encuadernadoras de libros que las utilizan y no son nuevos modelos, sino las mismas máquinas que compraron hace décadas.

Desde el siglo XIX al XXI, las máquinas Singer, han cosido libros. Imagen de la BBC.


Hechas para perdurar

Las máquinas de coser Singer producidas a principios del siglo XX eran finamente diseñadas. Construidas con hierro fundido y una combinación de aleaciones, estaban hechas para durar. Eran virtualmente indestructibles.

Pero tenían un problema: también eran extremadamente costosas.

Así que en la década de 1870 se les ocurrió una idea que para entonces era toda una novedad: entregarle al consumidor la máquina y dejar que la pagara en cuotas a lo largo de algunos años.

En el primer año las ventas subieron de 5.000 a 25.000 máquinas y cada año después la cantidad se doblaba.

Para 1918, al final de la Primera Guerra Mundial, las máquinas de coser Singer eran tan populares que estaban en uno de cada cinco hogares en el mundo.

Y esa no era la única táctica de marketing. Tenían vendedores de puerta a puerta, en las vitrinas de sus tiendas ponían chicas atractivas a coser, ofrecían cursos para aprender a manejar las máquinas... toda una estrategia que le aseguró a la marca su lugar a la cabeza de todas las demás durante décadas.

Así que abrieron fábricas en varios otros lugares del mundo.

En el hogar

Gran parte del éxito de Singer se debía a la lealtad de sus consumidoras. La compañía había alimentado esa relación desde que empezó a vender a particulares.

Conscientes de que la idea de llevar una máquina a la casa para que la usara una mujer era una idea sui generis, la presentaron como un aparato que ahorraba tiempo y podía ayudarles a ganar dinero.

A menudo se dice que este o aquel producto cambió la vida de la gente. Este es uno de esos casos.

Para darnos una idea, Andrew Godley, historiador de gestión y negocios, cuenta que, según "los diarios que escribían las amas de casa en EE.UU. en las décadas de 1860 y 1870, pasaban el equivalente a dos días a la semana haciendo o reparando ropa, cosiendo a mano y otras tareas asociadas con ello".

"La máquina de coser les ahorró el 90% de ese tiempo", dice Godley.

Además, no solo podían coser para su familia más rápido, sino también para otra gente, cobrar y así ganar su propio dinero, algo realmente transformativo.


Según las publicidades de la compañía, la máquina de coser Singer, tenía cabida en todos los hogares. Imagen de GETTY.

Un final feliz

Pero todo llega a su fin. Cuando se recuperaron las industrias que habían estado inhabilitadas debido a la Segunda Guerra Mundial, el monopolio de Singer se vio amenazado.

Nuevas máquinas de coser mejores y más baratas entraron al mercado. Singer no adoptó la estrategia adecuada para competir y eso, combinado con la llegada de la revolución de la moda de los años 60 -con ropa barata y atractiva- llevó a que la compañía perdiera el estatus que por tanto tiempo había conservado.

No obstante, en algunos lugares las máquinas de coser Singer siguen transformando vidas.

Uno de ellos es la organización Street Girls Aid (o "Ayuda a chicas de la calle") en Ghana, donde reciben máquinas de coser restauradas por la organización benéfica Herramientas para la Autosuficiencia en un taller en Southampton, en el sureste de Inglaterra.

Son máquinas Singer de principios del siglo XX y, sin embargo, generalmente solo necesitan una limpieza profunda para funcionar como nuevas.

Herramientas para la Autosuficiencia restaura unas 300 máquinas al año y las envía a Accra, a 5.000 kilómetros de distancia en dirección sur.

En Street Girls Aid decenas de jóvenes aprenden a coser, a diseñar y a soñar.

"No importa si las máquinas que tenemos son nuevas o viejas, lo que importa es que son duraderas", dice Vida Amoako, la directora de la organización.

De hecho, la mayoría de las chicas prefieren máquinas de coser manuales, "porque no tienes que pagar cuentas de electricidad", dice una de ellas.

"Al final del curso de un año, se llevan la máquina con la que han aprendido. Así pueden abrir su propio negocio", explica Amoako.

Más de 20 jóvenes se gradúan cada año.

"¡Tener esta máquina de coser va a cambiar mi vida a más no poder!", exclama Abena Ntiriawah.

"Cuando termine el curso, voy a tener mi propio negocio para poder trabajar para mí misma", asegura Gloria Boakyewaa. "Voy a ser una profesional perfecta, una costurera de alta calidad".


 *Artículo obtenido de Cómo la icónica máquina de coser Singer cambió la vida de millones de personas en todo el mundo - BBC News Mundo


Este artículo está basado en parte en el documental de la BBC Scotland "The Singer Story: Made in Clydebank" (La historia de Singer: hecho en Clydebank")


El Pocito

Por Dolores Pascacio
Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

La Capilla del Pocito, ca. 1890, fotografía de Mediateca INAH.


Después do laborar 30 años en educación media, me jubile y tomo la decisión de inscribirme en el CECATI #12,  escuela de capacitación para el trabajo industrial donde tome clases de diseño de modas.

El linaje de modista lo heredé de mi madre, quien disfrutaba y aportaba a la economía familiar labrando las telas, es decir haciendo surcos en ellas, pasando con destreza la aguja y el hilo sobre un textil acompañado del sonido de chacachacachaca de la máquina de coser Singer y así poder entregar al cliente una prenda de vestir hecha a la medida para estrenarla el 8 de diciembre en la fiesta de la Virgen de la Conchita. 

Arte publicitario de la máquina de coser Singer, ca. 1930. La original es una placa metálica esmaltada y abovedada, valuada en 360 euros por la casa de subastas francesa Salorges Encheres. La imagen es del catálogo de dicha subastadora.


Ahora regresando al CECATI, les cuento que ahí conocí a muchas compañeras, algunas tenían el mismo interés que yo, confeccionar su propia ropa, pero otras tenían la intención de prepararse para buscar trabajo de costureras en la industria textil o para trabajar desde casa. 

Tere era mamá soltera, siempre alegre y graciosa, hacía broma de todo a pesar de que tenia que batallar mucho trabajando en una tienda de abarrotes para sacar adelante a su hijo de cinco años, a pesar de todo enfrentaba la vida con buena actitud. 

Una mañana la noté muy callada y nerviosa, al preguntarle de su preocupación, me contó que a su niño le había dado sarampión, que se apuraría para pasar a rezar a la Virgen del Pocito por la salud de su hijo, le dije que yo la acompañaría.

Y así conocí esa hermosa capilla barroca, que era la única circular del siglo XVII y se encuentra en el poniente de la Basílica de Guadalupe. Cuando entramos sentimos una energía bonita, de paz y confianza. Oramos un rato por la salud de su niño, y ya más tranquila, se despidió, agradeciendo mi compañía.


Fachada e interior de la Capilla del Pocito, ambas fotos aparecen em Mexicoenfotos.com, sin fecha.

Aproveché para salir un momento y compré un librito con la historia del lugar, este templo es maravilloso, en ese momento entendí porque tuve esa sensación bonita. Leyendo me enteré de la Virgen se le apareció a Juan Diego en ese lugar y posteriormente empezó a brotar agua milagrosa que sanaba las heridas de los indígenas y curaba a los enfermos. 

Pasaron varios días de no ver a Teresa y al fin regresó tan contenta como siempre y es que la Virgen de Guadalupe había escuchado los ruegos de Tere y su niño habla recuperado la salud.

Capilla del Pocito desde lo alto, imagen de La Ciudad de México en el Tiempo, sin fecha.