La oración, rezo o plegaria es la acción por la cual una persona se dirige a una divinidad o una persona sagrada. Los pasos, las características y a quien va dirigida la oración están basados en la fe del individuo que realiza dicha actividad.
El término rezar viene del latín re-citāre el cual usa el prefijo re que significa repetición y citāre que significa citar, mientras orar viene del latín orāre que significa 'de forma oral', por otro lado plegaria precaria, en latín significa petición.
Las oraciones cristianas son diversas: pueden ser completamente espontáneas, o leídas enteramente de un texto, como de un breviario, que contiene las horas canónicas que se rezan a horas fijas de oración. Mientras se reza, las oraciones suelen ir acompañadas de ciertos gestos, como juntar las manos, inclinar la cabeza, arrodillarse (a menudo en el reclinatorio de un banco en el culto colectivo o en el reclinatorio individual en el culto privado) y postración.
Los
relatos de milagros, de la tradición oral al registro escrito
Por J.
Carlos VIZUETE MENDOZAUniversidad
de Castilla-La Mancha(Fragmento)
Durante largo tiempo he dudado si las colecciones de milagros reunidas en los santuarios marianos pueden ser incluidas bajo el epígrafe del “patrimonio inmaterial”, ya que los volúmenes en los que se encuentran recogidas pertenecen más bien al patrimonio bibliográfico. Sin embargo, el hecho de que cada vez sean más numerosos los estudios que se realizan utilizando tales colecciones como fuente para abordar los aspectos de la religiosidad y de las tradiciones populares (ambas plenamente “inmateriales”) me ha ayudado a vencer mis dudas iniciales, porque los milagros de todos estos relatos son manifestaciones de la piedad popular y antes que su expresión escrita responden a una tradición oral que también se ve prolongada en los exvotos ofrecidos en aquellos santuarios(1).
EL MILAGRO LITERARIO
Los orígenes de las narraciones de milagros se encuentran ligados a las vidas de santos, configurándose, ya desde la Vita Antonii escrita por san Atanasio, el esquema que presenta la “vida y milagros”, siendo éstos la garantía divina de la santidad de aquélla. Han sido los filólogos e historiadores de la literatura medieval los primeros en interesarse por estas narraciones de milagros, incluidos en las vidas de los santos(2) o formando colecciones independientes, hasta configurar un género autónomo, el del “milagro literario” (3) o “milagro románico”(4), al diferenciar el milagro tanto del cuento o el apólogo como de la leyenda hagiográfica, con los que comparte la nota de ser una narración breve. El milagro literario suele presentarse en colecciones o conjuntos más o menos homogéneos, unas veces como final de la vida de un santo, otras aparte de la misma. Los milagros marianos, que en sí conforman otro género literario, se presentan formando colecciones independientes(5), separadas de su vida, y están dedicadas a exaltar el poder intercesor de santa María. Suelen citarse a san Agustín, a san Gregorio Magno y a san Gregorio de Tours como los primeros compiladores de algunos de esos milagros marianos, pero el acopio sistemático de los relatos se inicia a partir de la segunda mitad del siglo XI, aunque no se conservan manuscritos de esta época, siendo muy numerosos los copiados en el siglo XII y en los siguientes(6).
Esta literatura de milagros es una de las que en mayor medida ha contribuido a la consolidación de las lenguas romances como lengua literaria. Entre 1227 y 1275 se compusieron tres de las más importantes colecciones de milagros de Occidente: los Miracles de Nostre Dame, de Gautier de Coinci, los Milagros de nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo y las Cantigas de Santa María, de Alfonso X.
[...]
Hay una estrecha relación entre los milagros y los peregrinos, muchos de los cuales visitan el santuario para agradecer el favor recibido o en cumplimiento de un voto. Los custodios de los santuarios tuvieron especial cuidado en consignar por escrito estos milagros para perpetuar su memoria, al tiempo que depuraban el relato de toda connotación heterodoxa.
Quizá los primeros milagros montserratinos puedan fecharse en torno al año 1100. Un manuscrito del siglo XII, procedente del monasterio de Ripoll(7), cuenta ya una decena de ellos atribuidos a la invocación de Nuestra Señora de Montserrat y cuatro fueron incluidos en las Cantigas alfonsíes(8). Los monjes escribieron los hechos portentosos que referían los peregrinos en unos libros que durante años se guardaron en la sacristía del monasterio y se expusieron públicamente ante los que concurrían a venerar la imagen de Santa María(9). Y lo mismo hicieron los jerónimos en Guadalupe y los dominicos en la Peña de Francia. El procedimiento en todas partes parece ser el mismo: cuando el peregrino agradecido llega al santuario relata de palabra el suceso a un religioso, quien se encarga de “examinar y escribir los milagros”. Éste pedirá pruebas de su autenticidad: declaraciones de testigos, testimonios notariales, certificaciones de clérigos o escribanos, pruebas materiales, desde marcas corporales a los grillos de los cautivos. Luego lo inscribirá en el libro.
El resultado es una narración breve que se estructura casi siempre de la misma manera: el encabezamiento, con un breve resumen del milagro; un preámbulo en el que se identifica al deponente, que puede ser o no el beneficiario de la gracia; la narración de las circunstancias que suscitan la petición a la Virgen; la oración o invocación a Nuestra Señora; el milagro propiamente dicho; por último, el relato se cierra con la indicación del cumplimiento de la promesa hecha de peregrinar al santuario y de la publicación de la gracia(10). Es evidente que el redactor corrige el lenguaje del narrador, lo que dota a los relatos de una homogeneidad expresiva, como quedó patente líneas más arriba al reelaborar la oración de Cristóbal de Brito con las palabras de las letanías lauretanas.
La variedad de los milagros también es semejante en todos los santuarios; la mayor parte de ellos tiene que ver con la salud (desde la curación de distintas enfermedades hasta la resurrección de los muertos), seguidos de los que hacen referencia a la protección en los peligros, especialmente en el mar, la liberación de cautivos y, en menor número, el socorro en las calamidades naturales (sequía, plagas, tormentas y tempestades) y en otros males y accidentes(11).
Es evidente que hay una gran diferencia entre estas colecciones de milagros y las de la tradición literaria anterior. Si en estas colecciones generales los milagros y sus protagonistas se repiten, en las propias de cada santuario los beneficiarios son devotos individuales y concretos. Si con las más antiguas se pretendía mover a la alabanza a Nuestra Señora, en las otras se trata de reconocer su poder intercesor que alcanza todo tipo de bienes, espirituales y materiales, para los que devotamente se encomiendan a ella bajo una advocación determinada. La publicación de los milagros tiene, más tarde, una función de edificación de los fieles, que se realiza mediante la lectura pública de algunos de los milagros asentados en los libros o, como vimos en el caso de Montserrat, en la predicación a los peregrinos en las ceremonias de acogida que se celebraban en la iglesia ante la Santa Imagen.
“Conviene que los que tales maravillas y milagros saben no los ascondan, antes los publiquen a gloria de Dios y de los sanctos y para bien y provecho de las ánimas de los que los oyeren. Porque no pocas veces acaesce que algunos se convierten a Dios viendo | o leyendo algún milagro que por ventura leyendo |o oyendo alguna otra exhortación no se convirtieran”(12).
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Pero no todos podían acceder a la lectura, por lo que paralelamente los santuarios fueron utilizando las estampas y grabados para la difusión de los milagros que los peregrinos podían contemplar en las series didácticas que conforman los “cuadros de santuarios”(13), en los que se exponen las excelencias del lugar exaltando sus cualidades taumatúrgicas. Son la versión gráfica de las colecciones de milagros, milagros pintados, que cumplen la misma función que los milagros escritos: son mensajes dirigidos a los devotos que acuden al santuario que publican, por otros medios, las gracias obtenidas por la intercesión de la Imagen. Contemplados y admirados por los peregrinos contribuyen a la difusión de la devoción.
1 VELASCO MAILLO, HONORIO M., “La apropiación de los símbolos sagrados. Historias y leyendas de imágenes y santuarios (siglos XV-XVIII)”, Revista de Antropología Social, 5 (1996) 83-114; y “Multitud de milagros”, en PÉREZ ESCOHOTADO, J. (coord.), Literatura y milagro en Santo Domingo. Instituto de Estudios Riojanos, Logroño 2002, pp. 57-77.
2 BAÑOS VALLEJO, F., Las vidas de santos en la literatura medieval española. Laberinto, Madrid 2003.
3 MONTOYA MARTÍNEZ, J., Las colecciones de milagros de la Virgen en la Edad Media. (El milagro literario). Universidad de Granada, Granada 1981.
4 EBEL, U., Das altromanische Mirakel. Studia Romanica, Heidelberg 1965.
5 BAYO, J. C., “Las colecciones universales de milagros de la Virgen hasta Gonzalo de Berceo”, en Bulletin of Spanish Studies, LXXXI (2004) 849-871; BARNAY, S., El cielo en la tierra. Las apariciones de la Virgen en la Edad Media, Ediciones Encuentro, Madrid 1999; MARTÍN, J. L.; “Los milagros de la Virgen: versión latina y romance”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Historia Medieval, 16 (2003) 177-213.
6 El Índice de PONCELET incluye 1783 entradas, que corresponde a otros tantos comienzos de milagros marianos, escritos en latín, entre los siglos VI y XV; muchos de ellos no son sino versiones distintas del mismo relato; PONCELET, A., “Miraculorum B. V. Mariae quae saec. VI-XV latine conscripta sunt. Index”, en Annalecta Bollandiana, XXI (1902) 241-360.
7 Cuando Albareda compuso su Historia de Montserrat llevaba la signatura “Ripoll 193” en el Archivo de la Corona de Aragón.
8 Cantigas de Santa María. Edición de Walter METTMANN, Castalia, Madrid 1986-1989, 3 vols.
9 En los milagros de las colecciones montserratinas se observa la reiteración de la frase “e hicieron predicar el milagro” con las que se suele cerrar la breve narración. En el milagro 82 (edición de 1550) se lee: “hizo predicar y escribir este milagro”; y en el 104 (edición de 1582): “la qual gracia alcançada la mujer con su marido vino a cumplir sus votos, y allí contaron este milagro y lo hizieron predicar para que los coraçones de los fieles se enciendan con esta maravillas en amor de Dios y fe y esperança”. Los ejemplos se podrían multiplicar. GÓMEZ REGADERA, M. A., “Los milagros de la Virgen de Montserrat en el siglo XVI: aproximación a un estudio de religiosidad popular”, en PRADELLS NADAL, J., e HINOJOSA MONTALVO, J. R. (coords.), 1490, en el umbral de la modernidad: el Mediterráneo europeo y las ciudades en el tránsito de los siglos XV-XVI, Generalitat Valenciana, 1994, vol. 2, pp. 295-302.
10 La gracia alcanzada es siempre la respuesta a una oración. En ocasiones, cuando la gracia se impetra en el mismo santuario, la oración puede ser formulada por uno de los monjes que intercede por el peregrino, que no puede hablar: “Oh Señora, tú que eres socorro de los miserables, mira que este viene a ti con su necesidad irremediable de los humanos, por ende dale remedio para su salud pues de otro no lo espera” (Montserrat, milagro 114, edición de 1582)
11 En Guadalupe, entre 1510 y 1599 se anotaron 747 milagros: el 51% relacionado con la salud, el 30% con la protección, especialmente en el mar, y el 18% con la liberación de cautivos; el resto, un escaso número de milagros, se refieren a calamidades públicas (como sequías, plagas o epidemias). CRÉMOUX, F., Pèlerinages et miracles à Guadalupe au XVIe siècle; RODRÍGUEZ, G.; “Dolencias y sanaciones en los milagros de Guadalupe (Península Ibérica. Siglos XV y XVI)”, en ARIZAGA BALUMBURU, B. (ed.), Mundos medievales. Espacios, sociedades y poder. Universidad de Cantabria, Santander, 2012, pp. 1843-1850. Sobre la libertad de cautivos: RODRÍGUEZ, G., “El norte de África en los milagros de Guadalupe”, en Estudios de Historia de España, XII/2 (2010) 447-465; CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, F. J., “La langosta y el monasterio de Guadalupe. Actos religiosos celebrados en la plaga de 1755”, Guadalupe, 728 (1994) 19-35.
12 Libro de la Historia y Milagros hechos a invocación de Nuestra Señora de Montserrat, prólogo. Los milagros de los códices manuscritos de Guadalupe también se usaron para la predicación y algunos contienen anotaciones marginales que así lo indican. La existencia de copias manuscritas de colecciones de algunos milagros (Historia y Milagros de Nuestra Señora de Guadalupe, Biblioteca Nacional de Madrid, ms. 1176; Milagres de Nossa Senhora de Guadalupe, Biblioteca Nacional de Lisboa, Fundo Geral, codex 71) así parece indicarlo.
13 ANDRÉS ORDAX, S., “La expresión artística de los exvotos y los cuadros de santuarios”, Religiosidad Popular en España. Actas del Simposium. San Lorenzo del Escorial 1999, vol. II, pp. 7-27.
* El artículo completo puedes descargarlo de Los relatos de milagros: de la tradición oral al registro escrito en Montserrat, Guadalupe y la Peña de Francia - Dialnet


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