Por Dolores Pascacio
Integrante
de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del
Patrimonio de la zona de La Villa.
Después do laborar 30 años en educación media, me jubile y tomo la decisión de inscribirme en el CECATI #12, escuela de capacitación para el trabajo industrial donde tome clases de diseño de modas.
El linaje de modista lo heredé de mi madre, quien disfrutaba y aportaba a la economía familiar labrando las telas, es decir haciendo surcos en ellas, pasando con destreza la aguja y el hilo sobre un textil acompañado del sonido de chacachacachaca de la máquina de coser Singer y así poder entregar al cliente una prenda de vestir hecha a la medida para estrenarla el 8 de diciembre en la fiesta de la Virgen de la Conchita.
Ahora regresando al CECATI, les cuento que ahí conocí a muchas compañeras, algunas tenían el mismo interés que yo, confeccionar su propia ropa, pero otras tenían la intención de prepararse para buscar trabajo de costureras en la industria textil o para trabajar desde casa.
Tere era mamá soltera, siempre alegre y graciosa, hacía broma de todo a pesar de que tenia que batallar mucho trabajando en una tienda de abarrotes para sacar adelante a su hijo de cinco años, a pesar de todo enfrentaba la vida con buena actitud.
Una mañana la noté muy callada y nerviosa, al preguntarle de su preocupación, me contó que a su niño le había dado sarampión, que se apuraría para pasar a rezar a la Virgen del Pocito por la salud de su hijo, le dije que yo la acompañaría.
Y así conocí esa hermosa capilla barroca, que era la única circular del siglo XVII y se encuentra en el poniente de la Basílica de Guadalupe. Cuando entramos sentimos una energía bonita, de paz y confianza. Oramos un rato por la salud de su niño, y ya más tranquila, se despidió, agradeciendo mi compañía.
Aproveché para salir un momento y compré un librito con la historia del lugar, este templo es maravilloso, en ese momento entendí porque tuve esa sensación bonita. Leyendo me enteré de la Virgen se le apareció a Juan Diego en ese lugar y posteriormente empezó a brotar agua milagrosa que sanaba las heridas de los indígenas y curaba a los enfermos.
Pasaron varios días de no ver a Teresa y al fin regresó tan contenta como siempre y es que la Virgen de Guadalupe había escuchado los ruegos de Tere y su niño habla recuperado la salud.





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