Te invitamos a ver esta serie de videos que cuentan de aquellos tiempos en que el pulque llegaba a la Ciudad de México en ferrocarril.
Cuando el pulque llegaba en tren
Las canastas viajan en tren*
Por José Antonio Ruiz Jarquín
(Fragmento)
“Comer es un acto biológico, cocinar es un acto cultural. La cocina es cultura”. Así inicia su texto don José N. Iturriaga en su libro Las Cocinas de México I,2 y continúa diciendo…
“La cultura no es el atesoramiento de libros en los estantes de las bibliotecas y en los cerebros de los sabios. La cultura popular se integra de diversas maneras y con muy diferentes elementos. Es la forma de ser de los pueblos. La gastronomía es una de las manifestaciones culturales más importantes del ser humano y dentro de dicho término no debe entenderse sólo a la llamada “alta cocina” sino a todas las expresiones culinarias de las diversas regiones y estratos sociales, incluida la cocina indígena. El término “culturas populares” hace alusión a procesos, por lo general colectivos, que crean y recrean tradiciones. Tal es el caso de las cocinas de México. La alimentación de los pueblos merece la más alta consideración y respeto. No es sólo el sustento material de las personas, de alguna manera es también un sustento del espíritu”.
Si bien, la historia de los ferrocarriles mexicanos se liga a la historia del arte, a la literatura, a la economía, también se liga a las culturas populares, a la vida cotidiana de sus trabajadores y a su memoria. De esta manera, la gastronomía ferroviaria aparece como una de las expresiones de la cultura popular, cuando este medio de transporte va haciendo camino por el territorio desde mediados del siglo XIX.
Con el arribo del ferrocarril se modificaron hábitos, usos y costumbres de la vida cotidiana, especialmente en aquellos lugares que utilizaron los trenes para trasladarse de un lugar a otro. Uno de esos hábitos fue comer durante el viaje, ya fuera en las propias estaciones del ferrocarril donde se instalaron restaurantes; en los andenes con la venta de comida que ofertaban las señoras con sus canastas, entre gritos y pregones; o en los coches, en el trayecto de una estación a otra, donde se ofrecían alimentos o podían consumirse en los coches comedor.
En otras palabras, el acto de comer en la estación, en el andén y durante el viaje, con el tiempo se convirtió en parte de la cultura intangible que se generó en torno al ferrocarril. Incluso, podríamos afirmar que no existe un viajero que no guarde en su memoria alguno de esos momentos. Por ejemplo, para algunos pueblos, la llegada del tren se convirtió en todo un acontecimiento, tal como sucedió con Oriental, en el estado de Puebla, en donde el paso del tren nocturno –se le llamaba la “hora azul”, según cuentan algunos ferrocarrileros de esa localidad– marcó su ritmo. El pueblo se iluminaba con el bullicio y algarabía que provocaba el arribo o la partida de los trenes de pasajeros, y el silencio de la noche se veía interrumpido por los gritos y pregones de sus vendedores, que ofrecían café con pan y todo tipo de antojitos que provocaban los olores y sabores que quedaron impregnados en la memoria de ferrocarrileros y viajeros del tren.
En efecto, existe en la tradición oral un sinfín de recuerdos, testimonios y relatos de esos momentos culinarios en el tren, así como también imágenes fotográficas de esos viajeros degustando en elegantes coches comedor, en los trenes de pasajeros y andenes de las estaciones, donde las vendedoras de las distintas regiones del país ofrecían esa riqueza gastronómica de México.
Identidad y cultura ferrocarrilera
El gremio ferrocarrilero, después del minero, es el más antiguo del país, por su larga tradición en el devenir histórico de México; es un sector preparado y consciente de las diferentes etapas que le ha tocado vivir. En efecto, el ferrocarrilero se distingue por enorgullecerse de su profesión, amar su oficio y entender que su fuente de trabajo era el nervio vital de una economía en la que participaba y defendía, como la conducta generosa que tuvo Jesús García Corona, quien ofrendó su vida al salvar al pueblo de Nacozari, Sonora, de una catástrofe.
De esta manera, la cultura que los ferrocarrileros asumen se deriva, en gran medida, de la organización y proceso laboral. Es a partir de esta premisa, donde se genera una serie de habilidades y conocimientos técnicos; se desarrolla un vocabulario común; se celebran una serie de festividades cívicas y religiosas que, en suma, se conforman en ciertos usos y costumbres compartidos por estos obreros que definen su identidad cultural.
Los peones de vía, el tlacualero y las canasteras del ferrocarril
Como ya se mencionó con anterioridad, con la llegada del ferrocarril surgió una cultura inmaterial en torno a la comida, que se ha denominado “gastronomía ferroviaria”, la cual no sólo involucra a quienes se encargan de elaborar o vender los alimentos en una región geográfica o en un espacio culinario especifico –estación, andén, coche comedor, coche de pasajeros, taller y vías del ferrocarril–, sino también a quienes consumen los alimentos, ya sean pasajeros o ferrocarrileros en su entorno de trabajo.
De esta manera, en el espacio culinario confluyen agentes o personajes que construyen estas representaciones culturales, tal como sucedió en las vías donde surgieron dos personajes singulares que eran los responsables o encargados de proveer y cocinar los alimentos a los peones que trabajaban en las cuadrillas de mantenimiento y reparación de las vías del ferrocarril: el tlacualeros y las canasteras del ferrocarril.
Los reparadores o peones de vía eran los trabajadores que ocupaban los puestos más duros del gremio ferrocarrilero y, no obstante, estaban colocados en la base de la pirámide jerárquica y salarial de este ámbito. Incluso, las cuadrillas de reparadores de vía en los Nacionales de México llegaron a integrarse hasta por veinte trabajadores, que con herramientas manuales realizaban labores para el mantenimiento de las vías férreas y contaban, por lo menos, con uno o varios armones para realizar desplazamientos más rápidos a zonas más distantes de su base, y donde el espacio culinario podía surgir en cualquier lugar del camino para cocinar o calentar su comida de la canasta.
Un viaje en tren en anécdota...
Por María Elena Méndez Vallejo
Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa y del Programa Libro Club CDMX en el Libro Club "Leyendo Ando"
Yo no tuve la experiencia de haber viajado en tren, pero mi hermano
Armando, que es mayor que yo, sí la tuvo. Anteriormente vivíamos
cerca de Tlatelolco y antiguamente no existía el Conjunto
Habitacional Tlatelolco.
Era aproximadamente
el año de 1955, mi hermano aún era muy pequeño, pero me platicó
que en la zona que conocemos como Plaza de las Tres Culturas llegaba
un Ferrocarril y descargaban huacales con frutas y verduras, también
costales de arroz y frijol, hacían una plaza y adquirían los
productos con sistema de trueque. Al tren subían personas a vender
pulque y té con piquete.
Talleres de ferrocarril en donde hoy es la Unidad Habitacional
Tlatelolco. En la esquina inferior izquierda se aprecia la iglesia de
Santiago Apostol, la misma que en 1968 no abrió sus puertas para
resguardar a estudiantes en la masacre del 2 de octubre. Fotografía
de Cía. Mexicana de Aerofoto.
Los jóvenes hacían
ahí su servicio militar. En un momento de descanso que tenían, mi
mamá le llevaba a dos de mis hermanos el desayuno y aprovechaba para
surtir la canasta. Terminando el entrenamiento se ponían a jugar
futbol o rayuela, era la forma de divertirse un poco.
Mi papá era
originario de un pueblito llamado Cocotitlán, Estado de México. En
ocasiones mis papás y mis hermanos iban de visita a casa de mi
abuela; abordaban el tren en la estación de San Lázaro, la primera
parada era en Chalco, luego Ayotla ahí había fábricas de textiles,
por cierto ahí trabajaban unos primos: Carmelo, Alberto y Cipriano.
En la siguiente parada que era El Cedral bajaban y de ahí caminaban
alrededor de 45 minutos para llegar a casa de mi abuela. La ruta del
tren continuaba hacia Amecameca y su destino final era llegar a
Ozumba. En cada estación del tren subían a vender tamales, atole,
pulque, pan, etc.
María Félix en la película "La Escondida" (1955) de Roberto Gavaldón, en dónde interpreta a Gabriela, una mujer que se gana la vida vendiendo comida y pulque en los vagones del tren.Fotografía conceptual de Juan Rulfo (izq) y del rodaje del filme cuya fotografía dirigió Gabriel Figueroa (der).
Para mis papás y
hermanos resultaba divertido porque iban a la feria ya que era fiesta
patronal del pueblo. La familia
de mi papá los recibía con gusto y visitaban a la abuela y una tía,
al día siguiente a otros miembros de la familia y cada uno tenía
parcelas donde sembraban frijol, maíz, nopales y árboles de granada
y duraznos. Cosechaban el maíz y lo llevaban en un burro, enseñaban
a mis hermanos a desgranarlo y lo almacenaban para el uso de ellos y
también vendían o cambiaban por carne la cual consumían sólo un
día a la semana. Un primo tenía pencas de maguey de ahí sacaba
pulque, gusanos de maguey y chapulines,
los cocinaban y comían muy rico con tortillas recién hechas a mano
y una salsa picosita. Tenían que ir a un pozo a sacar agua y llevaban
un burro o un palo con botes y cargarlos en los hombros. Al agua se
le daba varios usos: para beber, darle a los animales, para bañarse
y regar las plantas.
Después de unos
días, ya para el regreso a casa, la familia del pueblo daba a mi
familia su "itacate": maíz, frijol, arroz, calabaza para
hacer en dulce, entre otras cosas, o sea que les iba bien. ¡Esta es
mi anécdota!
Yo no tuve la experiencia de haber viajado en tren, pero mi hermano Armando, que es mayor que yo, sí la tuvo. Anteriormente vivíamos cerca de Tlatelolco y antiguamente no existía el Conjunto Habitacional Tlatelolco.
Era aproximadamente el año de 1955, mi hermano aún era muy pequeño, pero me platicó que en la zona que conocemos como Plaza de las Tres Culturas llegaba un Ferrocarril y descargaban huacales con frutas y verduras, también costales de arroz y frijol, hacían una plaza y adquirían los productos con sistema de trueque. Al tren subían personas a vender pulque y té con piquete.
Talleres de ferrocarril en donde hoy es la Unidad Habitacional Tlatelolco. En la esquina inferior izquierda se aprecia la iglesia de Santiago Apostol, la misma que en 1968 no abrió sus puertas para resguardar a estudiantes en la masacre del 2 de octubre. Fotografía de Cía. Mexicana de Aerofoto.
Los jóvenes hacían ahí su servicio militar. En un momento de descanso que tenían, mi mamá le llevaba a dos de mis hermanos el desayuno y aprovechaba para surtir la canasta. Terminando el entrenamiento se ponían a jugar futbol o rayuela, era la forma de divertirse un poco.
Mi papá era originario de un pueblito llamado Cocotitlán, Estado de México. En ocasiones mis papás y mis hermanos iban de visita a casa de mi abuela; abordaban el tren en la estación de San Lázaro, la primera parada era en Chalco, luego Ayotla ahí había fábricas de textiles, por cierto ahí trabajaban unos primos: Carmelo, Alberto y Cipriano. En la siguiente parada que era El Cedral bajaban y de ahí caminaban alrededor de 45 minutos para llegar a casa de mi abuela. La ruta del tren continuaba hacia Amecameca y su destino final era llegar a Ozumba. En cada estación del tren subían a vender tamales, atole, pulque, pan, etc.
Para mis papás y hermanos resultaba divertido porque iban a la feria ya que era fiesta patronal del pueblo. La familia de mi papá los recibía con gusto y visitaban a la abuela y una tía, al día siguiente a otros miembros de la familia y cada uno tenía parcelas donde sembraban frijol, maíz, nopales y árboles de granada y duraznos. Cosechaban el maíz y lo llevaban en un burro, enseñaban a mis hermanos a desgranarlo y lo almacenaban para el uso de ellos y también vendían o cambiaban por carne la cual consumían sólo un día a la semana. Un primo tenía pencas de maguey de ahí sacaba pulque, gusanos de maguey y chapulines, los cocinaban y comían muy rico con tortillas recién hechas a mano y una salsa picosita. Tenían que ir a un pozo a sacar agua y llevaban un burro o un palo con botes y cargarlos en los hombros. Al agua se le daba varios usos: para beber, darle a los animales, para bañarse y regar las plantas.
Después de unos días, ya para el regreso a casa, la familia del pueblo daba a mi familia su "itacate": maíz, frijol, arroz, calabaza para hacer en dulce, entre otras cosas, o sea que les iba bien. ¡Esta es mi anécdota!
Primer puente vehicular de la CDMX
El Puente de Nonoalco fue el primer puente vehicular elevado de la Ciudad de México. Su construcción respondió a una necesidad creciente: descongestionar el tráfico en una zona cada vez más transitada y, al mismo tiempo, permitir el cruce seguro de vehículos sobre las vías férreas que conectaban la estación de Buenavista con los patios de maniobras de Tlatelolco.
La obra fue parte de un ambicioso plan de modernización urbana impulsado durante el mandato del entonces presidente Manuel Ávila Camacho, en una época en la que el país comenzaba a experimentar una acelerada urbanización.
Más allá de su función vial, el Puente Nonoalco se convirtió en un símbolo visual y cultural de la capital. Durante décadas, el puente ha sido testigo de la transformación de su entorno: el auge del ferrocarril, el crecimiento de la unidad habitacional Nonoalco-Tlatelolco, los sismos que marcaron al país y la expansión de vialidades como Circuito Interior.
Su destacada presencia se plasmó en algunas de las películas más importantes del cine mexicano y fue retratada por la lente de personajes tan relevantes como Gabriel Figueroa, Juan Guzmán, Luis Buñuel y los fotoperiodistas Manuel Ramos y Nacho López. No sólo artistas tras la cámara se interesaron en capturarlo, sino también escritores como Juan Rulfo o Fernando del Paso.
En una entrevista de Elena Poniatowska con Fernando del Paso el escritor le dijo: "Un día pasé por Nonoalco en camión, quise hacer un cuento porque vi a un hombre cargando sobre el hombro un pequeño ataúd y lo seguí. Escribo según la inspiración. Fíjate que el tercer capítulo de José Trigo nació prácticamente de esa visión, meramente plástica; pasé un día por Nonoalco-Tlatelolco en un camión y vi esos campamentos a lo lejos y me gustaron muchísimo y un día fui especialmente a caminar por allí; observé los vagones transformados en casas con las macetas de geranios colgando, las cortinitas que les ponen, los tendederos de ropa de uno a otro vagón y me gustó muchísimo ¡es tan plástico todo eso! y eché a andar a un ferrocarrilero con una cajita blanca en el hombro y atrás una mujer que cortaba esos enormes girasoles que crecen en los baldíos y de esta imagen nació José Trigo, mi primera novela. Después iba los sábados a tomar notas y apuntes y escribí un texto que se fue haciendo inmenso".
Los linderos cercanos al Puente de Nonoalco y a la estación ferrocarrilera de Buenavista fueron locaciones naturales para películas como "Víctimas del pecado" de Emilio el Indio Fernández, "Vagabunda" de Alfonso Rosas o la multipremiada cinta "Los Olvidados" de Luis Buñuel, en las que se capturaba la calidad de vida y vivienda de la zona, que para ese entonces era parte de la periferia de la capital.
En el filme "Del brazo y por la calle", el personaje de Marga López describe al barrio de Nonoalco: "Todos los días tengo que soportar el único espectáculo que me está permitido: la terrible miseria que me rodea. Niños desnudos, mujeres indiferentes a todo, hombres embrutecidos por el alcohol y todos hambrientos. Un espectáculo que me hace vivir abrumada de asco por tanta suciedad e injusticia".
Por su parte, en "Un rincón cerca del Cielo", el personaje de Pedro Infante hace todo lo posible para solventar los gastos económicos de su familia pero, tras el dolor producido por la muerte de su hijo, decide aventarse a las vías del ferrocarril desde el puente, sin lograr morir.
El blanco y el negro de estas cintas tienen un toque mágico que contrasta con la pobreza y desesperación sufrida por sus protagonistas en la búsqueda de una vida mejor, mientras escuchaban el estridente silbato del ferrocarril y el sonido de su paso por las vías. No cabe duda que tanto el puente como el ferrocarril tuvieron un lugar primordial en el desarrollo de sus tramas.
Como parte de avenida de los Insurgentes, con más de 80 años de su inauguración, el Puente de Nonoalco continúa en funcionamiento, aunque con evidentes signos de desgaste.
En el 2010 el Museo de los Ferrocarrileros presentó una exposición con fotografías de Nonoalco y sus alrededores pertenecientes a la Fundación Juan Rulfo. Aquí un video recopilatorio de dichas fotografías:
Artículo compuesto de fragmentos de:
El Ferrocarril de Rabanal
La siguiente grabación es de finales de los años veinte; “El ferrocarril”, de Ángel Rabanal y Germán Bilbao, en las voces de Margarita Cueto y Luis Zamudio. Este tema musical hace referencia a diversos lugares de la República Mexicana por los que va pasando un ferrocarril, pero con una característica interesante para esos años: la inclusión de diversos albures y doble sentido, algunos muy subidos de tono.
Llama la atención que la cantante Margarita Cueto haya incluido este tema en su repertorio con semejante temática alburera, incluso en el libro “Las divas”, editado en 1994 por Pablo Dueñas, el investigador escribe: “Entre todas las piezas jocosas del teatro de revista, figura el corrido El ferrocarril, con alto contenido de albures, que de manera insólita fue grabado sin cortes por la soprano Margarita Cueto, cuando en su oportunidad le pregunté de por qué siendo ella una cantante formal había interpretado semejante pieza, ingenuamente me contestó que en su momento ella no se dio cuenta de lo que decía la letra, hasta que mucho después, cuando empezó a circular el disco, su propio familia le recriminó haber prestado su voz para difundir semejantes leperadas”.
EL FERROCARRIL MARGARITA CUETO Y LUIS ZAMUDIO | ALVARO GUZMAN VELEZ
La pieza forma parte de la obra “La revista prohibida”, estrenada en 1925, con letra de Ángel Rabanal, cantada en teatro por Lupe Rivas Cacho y en discos por Margarita Cueto. Pero en la discografía de Cueto no sólo aparece este tema con temática alburera, también podemos escuchar el corrido “A Veracruz”, con letra de Próspero Ponce, que la cantante grabó también con Luis Zamudio en 1928 para el sello Victor.
A Veracruz | Margarita Cueto: Tema
Fuentes consultadas:
- Hasta-que-el-Cuerpo-Aguante-11-MAYO-2018.pdf
- El Ferrocarril, tema antiguo lleno de albures y doble sentido – Hasta que el Cuerpo Aguante
- MEDELLIN ANTIGUO Y SU MUSICA: MARGARITA CUETO - Aquellas canciones
Las Gorditas de la Villa
También llamadas Gorditas de hormiguero (porque antiguamente se cocinaban en piedras extraídas de hormigueros del monte), Gorditas de saliva (pues se creía que las marchantas se chupaban los dedos para no quemarse al darle la vuelta en el comal) o Gorditas de atrio (por venderse afuera de las iglesias) en la actualidad siguen siendo una delicia característica de los alrededores de La Villa de Guadalupe.
En un artículo de la investigadora María Bertely Busquets en la Revista Mexicana de Investigación Educativa se retoma una entrevista a un cronista delegacional de 1996, donde dice: "¿Cuál es la comida tradicional de la Villa de Guadalupe?, ¿las gorditas?, ¿las gorditas de la Villa?, ¡hubo mole, barbacoa y venta de patos y chavales! Pero ahora, vamos a la Villa y no hay ni pato, ni chavales, ni chichicuilotes, ni nada de eso, ¿qué pasó ahí?, ¡se acabó el lago!, ¡se acabaron los chavales, se acabaron las carpas, se acabó una cosa muy importante para el caviar de Moctezuma, que era el famoso aguautle"
Siguen vendiéndose las olorosas gorditas de maíz cacahuazintle, envueltas en el colorido papel china, tal cual como aprendieron de abuelas y madres, las gorderas siguen cociendo en comales miniatura colocados sobre anafres en las calles aledañas al santuario de la Virgen de Guadalupe.
La receta original ha perdido a su autor, pero no la gracia de sus ingredientes. Hay quien asegura que el principal aditivo es el cariño que se impregna en cada parte del proceso de preparación. Para comprobar si ese o los demás componentes de la receta pueden unirse de igual manera en casa, te invitamos a prepararlas.
La siguiente receta fue compartida por Yuri de Gortari, historiador gastronómico, en su proyecto Cultura Identidad:
INGREDIENTES:
2 tzs de harina de maíz para tamales
2 cdas de manteca de cerdo
1 tza de azúcar
4 yemas de huevo
1 cdita de polvo para hornear
1 pizca de bicarbonato (o agua de tequesquite, la necesaria con dos pizcas de tequesquite)
Leche, la cantidad necesaria (omitir si se usa agua de tequesquite)
1 cdita de esencia de vainilla
PREPARACIÓN PASO A PASO:
1. Sobre una superficie limpia, FORMA una tipo fuente con la harina para tamal, azúcar, polvo para hornear y bicarbonato de sodio.
2. AGREGA los huevos, la esencia de vainilla y el agua o leche. Amasa hasta obtener una mezcla homogénea, añade la manteca e integra hasta crear una masa homogénea.
3. FORMA bolitas de masa y aplana con ayuda de tus manos para crear gorditas.
4. COCINA en un comal a fuego medio durante 5 minutos hasta que inflen ligeramente. Enfría.
5. ENVUELVE en papel china de colores y disfruta con un delicioso café o atole.
Cantan los viejos dichos: "A la Villa a rezar y comer" y "El que se fue a la Villa se comió sus gorditas" dejando en claro que el territorio también se vive desde el paladar.
Cómo hacer Gorditas de la Villa (atrio). Yuri de Gortari | Cocina Identidad
Fuentes consultadas:
- Las gorditas de la villa, herencia familiar | El Universal
- Gorditas de la Villa, dulce tradición centenaria - México Desconocido
- Las gorditas dulces que se cuecen sobre piedras de hormiguero
- Cómo hacer gorditas de la villa (atrio) | Cocina Delirante
- Gorditas de La Villa ⋆ Larousse Cocina
- Cómo hacer gorditas de la Villa con la receta de Yuri de Gortari
Gustavo A. Madero, una biografía
Como parte del conocimiento de nuestro territorio proponemos conocer al personaje que le da nombre a la alcaldía en que se desarrolla la Red Vecinal de Narradoras y Narradores, Guardianes del Patrimonio: Gustavo A. Madero.
🇲🇽 GUSTAVO A. MADERO: Mártir de la Revolución Mexicana" (parte 1). 🇲🇽
👻GUSTAVO A. MADERO 👻Mártir de la Revolución Mexicana (PARTE2)
Pu, pu, pu, La maquinita de Cri Cri
Nos han compartido el siguiente video para nutrir nuestro acervo de representaciones de los ferrocarriles, en este caso una canción de Francisco Gabilondo Soler, Cri Cri.
La canción se llama "La Maquinita". Es un foxtrot compuesto en 1935 y publicado en el disco "Más canciones del Grillito Cantor" de 1958.
Las imágenes del video pertenecen a una película no identificada de Disney. El tren que se muestra es el personaje recurrente llamado Casey Junior cuya primera aparición fue en 1941 en el largometraje "El dragón chiflado" ("The Reluctant Dragon", de acuerdo a su título en inglés)
Como dato curioso, Casey Junior fue nombrado así en honor al maquinista Casey Jones, quien era oriundo de Tennessee, Estados Unidos y murió al hacer una maniobra para evitar la colisión más aparatosa del tren que conducía. Gracias a esa decisión no murió ningún pasajero y él fue nombrado héroe nacional. En 1950, Disney realizó, en su honor, un cortometraje llamado "The Brave Engineer" (El ingeniero valiente).
🎵🎶Pu pu pu, pu pu pu, va la maquinita, echando humo de algodón.
Pu pu pu, pu pu pu, todos los muñecos, se marcharon de excursión.🎵🎶
Fundación e Instituto Mier y Pesado*
La Fundación Mier y Pesado fue creada en 1917, tras la muerte de Isabel Pesado de Mier, poetisa y filántropa mexicana con amplios recursos económicos que estableció en su testamento el deseo de que se creara una asociación sin fines de lucro en pro de las niñas y niños de escasos recursos, y de ancianos con necesidad de un hogar digno, que se mantiene económicamente a partir de diversos bienes raíces pertenecientes a la Fundación. Para cumplir su voluntad se instituyeron, en la primera etapa (1917), una casa para ancianos y un orfanato. En la segunda etapa, se crean los cuatro centros de asistencia con los que cuenta la Fundación en la actualidad: el Instituto Mier y Pesado, internado y escuela para niñas y jóvenes (1932); el Colegio Mier y Pesado, escuela para niños y jóvenes (1937); y, dos casas de retiro para ancianos, una en la Ciudad de México y una en el estado de Veracruz (1947 y 1960).
Destacamos la biografía de la ideadora y benefactora, Isabel Pesado de la Llave, Duquesa de Mier, quien nació en 1832, en Veracruz, México, y falleció en 1913, en París. Doña Isabel heredó una gran fortuna de su esposo don Antonio Mier y Celis, Duque de Mier, presidente del Banco de México y representante diplomático de México ante Francia durante el gobierno de Porfirio Díaz. El matrimonio tuvo un hijo que murió a una edad muy corta debido a una enfermedad, por lo que no tuvieron descendencia.
Isabel Pesado de Mier, es considerada como la fundadora a pesar de haber fallecido antes de la constitución de la Fundación debido a que fue ella quien ideó y estipuló en su testamento la forma en que quería que su fortuna fuera utilizada para la creación de una asociación sin fines de lucro en pro de niñas, niños y ancianos, teniendo como referencia algunos centros de Europa. Tras su muerte en 1913, la encargada de consolidar y estipular la Fundación fue su hermana Trinidad Elena Pesado y Segura, proceso que finalizó en 1917, llevando por nombre los apellidos que tendría su hijo fallecido. La Fundación se encargó a un patronato, en el que se encontraba Doña Trinidad, y Luis Elguero y Pérez Palacios, quien determinó que el Instituto fuera dirigido por la orden religiosa de las Hermanas del Verbo Encarnado. Consciente de que la Fundación necesitaría fondos para financiarse, también dejó a nombre de la Fundación varios terrenos, edificios habitacionales y comerciales que permiten la obtención de recursos estable hasta la fecha, algunos de esos inmuebles son considerados patrimonio histórico debido a su riqueza arquitectónica, un ejemplo es el Edificio Ermita, construido por el arquitecto Juan Segura.
En la actualidad la Fundación cuenta con cuatro centros de atención, dos destinados a casas para ancianos, una en la Ciudad de México y una en Veracruz; dos centros educativos, el Colegio Mier y Pesado y el Instituto Mier y Pesado, ambos en la Ciudad de México; un museo, ubicado en el Instituto; y el Polifórum Mier y Pesado, un centro cultural que cuenta con jardines y un museo en Orizaba, Veracruz.
EL INSTITUTO MIER Y PESADO
El Instituto se encuentra al norte de la Ciudad de México, en una zona conocida como «La Villa» debido a su cercanía con la Basílica de Guadalupe, esto fue estipulado por la fundadora Isabel Pesado de Mier, debido a que en vida fue benefactora de dicho recinto religioso.
El edificio fue construido por el reconocido arquitecto mexicano Juan Segura Gutiérrez, quien trabajó para la Fundación Mier y Pesado, construyendo varios edificios con fines comerciales y habitacionales para proporcionar un ingreso económico fijo para la manutención de los centros asistenciales (Noelle, 1989), la cercanía del arquitecto con la Fundación se puede entender debido a que su padre era parte el patronato. El edificio fue diseñado siguiendo la corriente artística y arquitectónica más popular de esa época, el Art Decó, las obras comenzaron en 1926 y finalizaron 1932, abriendo sus puertas como un internado para niñas de escasos recursos, con el fin de que tuvieran una vivienda digna y una educación de calidad. Siguiendo las normas de higiene (habitaciones separadas de los baños, salones de clase y espacios de ocio); y adecuado al currículo propio de la educación femenina de su época, en el que se enseñaba lectura, escritura, matemáticas, oficios femeninos (costura, cocina, y más adelante mecanografía), y la fe católica.
El Instituto fue un internado hasta el año 1985, cuando pasó a ser un colegio con horarios exclusivamente escolar. Otro cambio notable fue el de la dirección del centro que se delegó de las Hermanas del Verbo Encargado a las Hermanas Dominicas de la Presentación a fines del siglo xx, y hace cinco años pasó a ser dirigido por laicos dedicados a la educación. Otro cambio notable es que a partir del curso escolar 2023-2024 el Instituto inició el proceso para volverse mixto, comenzando por la sección de preescolar, y para el curso 2024-2025 primaria.
En 2019, el Centro Mexicano para la Filantropía A.C., (Cemefi) da a conocer los ganadores de la Vigésimo Tercera Edición del Reconocimiento al Compromiso con los Demás. Le otorgan un reconocimiento honorario a Isabel Pesado de la Llave "Por su compromiso social con los adultos mayores, los niños y la población indígena, al realizar una de las mayores donaciones económicas de la historia, estableciendo criterios de aplicación, tanto para su destino como para su impacto".
* Texto obtenido de: Museo Fundación Mier y Pesado: Recorrido por un siglo de historia de Isabel Martínez Chouza del libro:
Bienvenido, M. F. (2024). Modos de entender, pensar y sentir el patrimonio histórico educativo. Ediciones Universidad de Salamanca. https://doi.org/10.14201/0AQ0371
Fuentes consultadas:
- Modos de entender, pensar y sentir el patrimonio histórico educativo | Ediciones Universidad de Salamanca (PDF visualización del fichero 978-84-1091-011-9.pdf)
- Su meta: “Formar cada día mejores mexicanos y mexicanas” - Revista Macroeconomia
-Historia de Dos familias: Mier y Pesado | El mundo de Orizaba | Facebook
- 100 Años de la “Fundación Mier y Pesado” - Revista Macroeconomia























