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En la Calle Garrido, vivió una Cachucha.

Por Zyanya N. Mejía Nambo

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

Dibujo atribuido a Miguel N. Lira. Muestra la nuca de Carmen Jaime Álvarez, otra de las compañeras en la Escuela Nacional Preparatoria.

He recorrido muchas veces la calle de Garrido, desde el muro de piedra lleno de estanquillos de comida, pasando por las innumerables tiendas de materias primas, la vista lateral de la Basílica de Guadalupe, la otrora Casa de Cultura hasta que entronca con Francisco Novoa.

Una y otra vez he imaginado a Carmen Jaime Álvarez caminando la misma vereda. Me veo andando tras ella, me fijo en su nuca enmarcada con un sombrero extraño y un vestido que pareciera estar del revés. Asoman, apenas, unos cabellos cortos de longitud y largos en significado. Fabulo cómo serían esos espacios cuando ella los recorría diariamente para ir a la Escuela Nacional Preparatoria.

Por aquel entonces poco mas de treinta mujeres asistían al nivel medio superior de la Universidad Nacional que aún no era Autónoma. Carmen Jaime Álvarez era una de ellas. Formaba parte del grupo de jóvenes que se denominaban “Lo Cachuchas” por llevar sombreros informales en lugar de los elegantes tocados que exigía la etiqueta escolar. El mismo grupo de rebeldes al que pertenecía Frida Khalo, allá en los años veinte.

Cierto es que en aquellos tiempos se popularizó un corte de cabello diminuto a modo de rebeldía y resignificación de la femineidad. Y también es cierto que Carmen fue activista en favor de lo que consideraba justo, vestía de negro, leía y compartía filosofía de grandes pensadores y los estudiosos; dicen que incluso fue una gran influencia para Frida en su pensar comunista.

Les llamaban “Las Pelonas”, a Frida, a Carmen y a las que se habían cortado los cabellos para lucir “a la garzón”. Les arrojaban agua sucia, las insultaban, las golpeaban…quién sabe si por ser mujeres o por no ser las mujeres que ellos querían que fueran.


Mujeres con el corte de cabello "a la garzón" que se puso de moda en los años veinte. Fotografía tomada de https://meowmag.mx/


Hay pocos datos de Carmen; cuentan algunos compañeros de clase que era callada, que caminaba como si se deslizara, que pintaba sus ojos de negro, que le gustaba patinar, que pocas veces sonreía, que su semblante era taciturno, que su madre era maestra y que vivían los alrededores de la Villa de Guadalupe.

Un viejo mapa y un antiguo directorio de alumnos de la Preparatoria confirman que vivió en la calle de Garrido, muy cerca donde hoy se encuentra el Museo de los Ferrocarrileros. Se anota que había, en dicha calle, una serie de edificios de renta modesta de donde salía todas las mañanas para ir a la escuela.

Cuentan que fue a pocas cuadras de su casa, en donde se estacionaban los tranvías, que un grupo de jóvenes la arrastraron a un vagón y en minutos que parecieron horas, le quitaron el brillo de los ojos, que le mordieron la nuca, le desnudaron el alma, la dejaron vacía….muerta en vida antes de cumplir los veinte.

Fragmento del archivo Carmen Jaime Álvarez: dignidad, antes que decoro, de Gabriela Contreras Pérez, Profesora investigadora de la UAM-X.


Lo valiente es que no permitió que esa muerte le durara demasiado. El brillo que le fue robado en la mirada se transformó en furia ardiente, en digna rabia que exigió en tantas luchas el derecho a Ser. Peleó por la Autonomía de la Universidad, por los obreros, por el campo mexicano y sobre todo por las mujeres.

Algunos dicen que decidió tener una vida tranquila sin destacar como abogada litigante, sin embargo, el tiempo le está dando las glorias que merece y se están reconociendo, de a poco, sus valiosos aportes en las leyes contra la violencia de género.

Por lo pronto, cada vez que camino por la calle de Garrido, la imagino caminando delante de mí, pongo atención a su nuca, que no aceptó trenza que la sometiera. No conozco su rostro, nunca he visto una foto de ella, pero me consuela mirarla en mi imaginación; determinada a no volver la vista atrás.


Si Adelita (los Cachuchas), cuadro desaparecido de Frida Khalo, este es fotografía del boceto, en la parte inferior izquierda puede verse la repetición del dibujo atribuido a Miguel N. Lira de la nuca de Carmen Jaime.

La evolución del Tren

 Sigamos conociendo sobre los ferrocarriles y su historia, aquí algunos videos informativos al respecto:



La invención de los Trenes-Curiosidades Históricas | Mira la Historia





HISTORIA Y EVOLUCIÓN de los TRENES: ¡De las Locomotoras de Vapor a los Trenes de Alta Velocidad! | Historia y Tecnología: Evolución Humana




Los ferrocarriles en México a 160 años, un recorrido histórico y visual | AGE de Veracruz






Cuando el pulque llegaba en tren

Te invitamos a ver esta serie de videos que cuentan de aquellos tiempos en que el pulque llegaba a la Ciudad de México en ferrocarril.

Cuando el tren y el pulque llegaban a la Ciudad | Yo Influyo

Comentario Carlos Cortés / Bebida de origen prehispánico, el pulque, a lo largo de la historia ha pasado por etapas de apogeo y decadencia. Para regular el tráfico de la bebida se creó la Aduana del Pulque de Peralvillo. Con el tiempo, el pulque decayó y la aduana quedó abandonada, pudiendo desaparecer. Afortunadamente se salvó y hoy es un nuevo museo, que difunde las artes y la cultura indígena.


La aduana del pulque que se convirtió en museo | History Viaje

La Aduana del Pulque de Peralvillo comenzó a operar en 1753 tras las reformas fiscales impulsadas por el virrey Conde de Revillagigedo. Un siglo más tarde operó como cuartel. Entre 1963 y 1972 albergó tres escuelas, así como al Sindicato de la Industria de la Radiodifusión y al Departamento de Asuntos Agrarios. De 1973 a 2006, quedó a cargo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, periodo en el que fue sede del Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos.
Posteriormente en el año 2006 el instituto Matías romero se movió de lugar y se le entregó a la Comisión del Desarrollo de los Pueblos Indígenas, que desde octubre de 2012 es el Museo Indígena Antigua Aduana de Peralvillo del Instituto nacional de los pueblos indígenas.

La comunidad que tuvo ferrocarril gracias al pulque. | Traveling Temascalapa

¿Eres amante de los ferrocarriles? Si, ¡Perfecto!
En este vídeo conocerás toda la historia del ferrocarril en la estación de Otumba, Estado de México, una parada que fue muy importante para la distribución de pulque en diferentes partes de México... ¡Y mucho más!









Las canastas viajan en tren*

Por José Antonio Ruiz Jarquín 
(Fragmento)


“Comer es un acto biológico, cocinar es un acto cultural. La cocina es cultura”. Así inicia su texto don José N. Iturriaga en su libro Las Cocinas de México I,2 y continúa diciendo…

“La cultura no es el atesoramiento de libros en los estantes de las bibliotecas y en los cerebros de los sabios. La cultura popular se integra de diversas maneras y con muy diferentes elementos. Es la forma de ser de los pueblos. La gastronomía es una de las manifestaciones culturales más importantes del ser humano y dentro de dicho término no debe entenderse sólo a la llamada “alta cocina” sino a todas las expresiones culinarias de las diversas regiones y estratos sociales, incluida la cocina indígena. El término “culturas populares” hace alusión a procesos, por lo general colectivos, que crean y recrean tradiciones. Tal es el caso de las cocinas de México. La alimentación de los pueblos merece la más alta consideración y respeto. No es sólo el sustento material de las personas, de alguna manera es también un sustento del espíritu”.

Si bien, la historia de los ferrocarriles mexicanos se liga a la historia del arte, a la literatura, a la economía, también se liga a las culturas populares, a la vida cotidiana de sus trabajadores y a su memoria. De esta manera, la gastronomía ferroviaria aparece como una de las expresiones de la cultura popular, cuando este medio de transporte va haciendo camino por el territorio desde mediados del siglo XIX. 

Con el arribo del ferrocarril se modificaron hábitos, usos y costumbres de la vida cotidiana, especialmente en aquellos lugares que utilizaron los trenes para trasladarse de un lugar a otro. Uno de esos hábitos fue comer durante el viaje, ya fuera en las propias estaciones del ferrocarril donde se instalaron restaurantes; en los andenes con la venta de comida que ofertaban las señoras con sus canastas, entre gritos y pregones; o en los coches, en el trayecto de una estación a otra, donde se ofrecían alimentos o podían consumirse en los coches comedor.


Coche comedor de clase turista en el Tren Chepe. Fotografía obtenida de la web oficial chepe.mx


En los años sesenta, uno de los comedores de tren mas difundidos fue el de Águila Azteca que ofrecía la ruta de México a Nuevo - Laredo, Tamaulipas. Fotografía obtenida de Ferroexposiciones.com.mx


En otras palabras, el acto de comer en la estación, en el andén y durante el viaje, con el tiempo se convirtió en parte de la cultura intangible que se generó en torno al ferrocarril. Incluso, podríamos afirmar que no existe un viajero que no guarde en su memoria alguno de esos momentos. Por ejemplo, para algunos pueblos, la llegada del tren se convirtió en todo un acontecimiento, tal como sucedió con Oriental, en el estado de Puebla, en donde el paso del tren nocturno –se le llamaba la “hora azul”, según cuentan algunos ferrocarrileros de esa localidad– marcó su ritmo. El pueblo se iluminaba con el bullicio y algarabía que provocaba el arribo o la partida de los trenes de pasajeros, y el silencio de la noche se veía interrumpido por los gritos y pregones de sus vendedores, que ofrecían café con pan y todo tipo de antojitos que provocaban los olores y sabores que quedaron impregnados en la memoria de ferrocarrileros y viajeros del tren.

En efecto, existe en la tradición oral un sinfín de recuerdos, testimonios y relatos de esos momentos culinarios en el tren, así como también imágenes fotográficas de esos viajeros degustando en elegantes coches comedor, en los trenes de pasajeros y andenes de las estaciones, donde las vendedoras de las distintas regiones del país ofrecían esa riqueza gastronómica de México.


Identidad y cultura ferrocarrilera

El gremio ferrocarrilero, después del minero, es el más antiguo del país, por su larga tradición en el devenir histórico de México; es un sector preparado y consciente de las diferentes etapas que le ha tocado vivir. En efecto, el ferrocarrilero se distingue por enorgullecerse de su profesión, amar su oficio y entender que su fuente de trabajo era el nervio vital de una economía en la que participaba y defendía, como la conducta generosa que tuvo Jesús García Corona, quien ofrendó su vida al salvar al pueblo de Nacozari, Sonora, de una catástrofe.

De esta manera, la cultura que los ferrocarrileros asumen se deriva, en gran medida, de la organización y proceso laboral. Es a partir de esta premisa, donde se genera una serie de habilidades y conocimientos técnicos; se desarrolla un vocabulario común; se celebran una serie de festividades cívicas y religiosas que, en suma, se conforman en ciertos usos y costumbres compartidos por estos obreros que definen su identidad cultural.

Jesús García Corona "El Héroe de Nacozari". Imagen obtenida de historiadenacozari.org


Los peones de vía, el tlacualero y las canasteras del ferrocarril

Como ya se mencionó con anterioridad, con la llegada del ferrocarril surgió una cultura inmaterial en torno a la comida, que se ha denominado “gastronomía ferroviaria”, la cual no sólo involucra a quienes se encargan de elaborar o vender los alimentos en una región geográfica o en un espacio culinario especifico –estación, andén, coche comedor, coche de pasajeros, taller y vías del ferrocarril–, sino también a quienes consumen los alimentos, ya sean pasajeros o ferrocarrileros en su entorno de trabajo.

De esta manera, en el espacio culinario confluyen agentes o personajes que construyen estas representaciones culturales, tal como sucedió en las vías donde surgieron dos personajes singulares que eran los responsables o encargados de proveer y cocinar los alimentos a los peones que trabajaban en las cuadrillas de mantenimiento y reparación de las vías del ferrocarril: el tlacualeros y las canasteras del ferrocarril.


Canasteras y tlacualeros ofreciendo sus productos ca. 1942. Fotografías obtenidas de México en Fotos.

Los reparadores o peones de vía eran los trabajadores que ocupaban los puestos más duros del gremio ferrocarrilero y, no obstante, estaban colocados en la base de la pirámide jerárquica y salarial de este ámbito. Incluso, las cuadrillas de reparadores de vía en los Nacionales de México llegaron a integrarse hasta por veinte trabajadores, que con herramientas manuales realizaban labores para el mantenimiento de las vías férreas y contaban, por lo menos, con uno o varios armones para realizar desplazamientos más rápidos a zonas más distantes de su base, y donde el espacio culinario podía surgir en cualquier lugar del camino para cocinar o calentar su comida de la canasta.

Vendedoras de comida en la estación ca. 1928. Fotografía obtenida de México en Fotos.


** Artículo obtenido de Las canastas viajan en tren | La Manta y La Raya . Originalmente publicado en la Revista Electrónica Mirada Ferroviaria, núm. 44, enero-abril del 2022.

Un viaje en tren en anécdota...

 
Por María Elena Méndez Vallejo

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa y del Programa Libro Club CDMX en el Libro Club "Leyendo Ando"


Yo no tuve la experiencia de haber viajado en tren, pero mi hermano Armando, que es mayor que yo, sí la tuvo. Anteriormente vivíamos cerca de Tlatelolco y antiguamente no existía el Conjunto Habitacional Tlatelolco.

Era aproximadamente el año de 1955, mi hermano aún era muy pequeño, pero me platicó que en la zona que conocemos como Plaza de las Tres Culturas llegaba un Ferrocarril y descargaban huacales con frutas y verduras, también costales de arroz y frijol, hacían una plaza y adquirían los productos con sistema de trueque. Al tren subían personas a vender pulque y té con piquete.


 Talleres de ferrocarril en donde hoy es la Unidad Habitacional Tlatelolco. En la esquina inferior izquierda se aprecia la iglesia de Santiago Apostol, la misma que en 1968 no abrió sus puertas para resguardar a estudiantes en la masacre del 2 de octubre. Fotografía de Cía. Mexicana de Aerofoto.



Los jóvenes hacían ahí su servicio militar. En un momento de descanso que tenían, mi mamá le llevaba a dos de mis hermanos el desayuno y aprovechaba para surtir la canasta. Terminando el entrenamiento se ponían a jugar futbol o rayuela, era la forma de divertirse un poco.

Mi papá era originario de un pueblito llamado Cocotitlán, Estado de México. En ocasiones mis papás y mis hermanos iban de visita a casa de mi abuela; abordaban el tren en la estación de San Lázaro, la primera parada era en Chalco, luego Ayotla ahí había fábricas de textiles, por cierto ahí trabajaban unos primos: Carmelo, Alberto y Cipriano. En la siguiente parada que era El Cedral bajaban y de ahí caminaban alrededor de 45 minutos para llegar a casa de mi abuela. La ruta del tren continuaba hacia Amecameca y su destino final era llegar a Ozumba. En cada estación del tren subían a vender tamales, atole, pulque, pan, etc.


María Félix en la película "La Escondida" (1955) de Roberto Gavaldón, en dónde interpreta a Gabriela, una mujer que se gana la vida vendiendo comida y pulque en los vagones del tren.
Fotografía conceptual de Juan Rulfo (izq) y del rodaje del filme cuya fotografía dirigió Gabriel Figueroa (der).


Para mis papás y hermanos resultaba divertido porque iban a la feria ya que era fiesta patronal del pueblo. La familia de mi papá los recibía con gusto y visitaban a la abuela y una tía, al día siguiente a otros miembros de la familia y cada uno tenía parcelas donde sembraban frijol, maíz, nopales y árboles de granada y duraznos. Cosechaban el maíz y lo llevaban en un burro, enseñaban a mis hermanos a desgranarlo y lo almacenaban para el uso de ellos y también vendían o cambiaban por carne la cual consumían sólo un día a la semana. Un primo tenía pencas de maguey de ahí sacaba pulque, gusanos de maguey y chapulines, los cocinaban y comían muy rico con tortillas recién hechas a mano y una salsa picosita. Tenían que ir a un pozo a sacar agua y llevaban un burro o un palo con botes y cargarlos en los hombros. Al agua se le daba varios usos: para beber, darle a los animales, para bañarse y regar las plantas.

Después de unos días, ya para el regreso a casa, la familia del pueblo daba a mi familia su "itacate": maíz, frijol, arroz, calabaza para hacer en dulce, entre otras cosas, o sea que les iba bien. ¡Esta es mi anécdota!

El Ferrocarril de Rabanal

Fue por allá en los felices veintes cuando Margarita Cueto comenzó a figurar en los discos Victor. Margarita Cueto fue entonces la encargada de grabar esos sucesos teatrales; cuplés y tangos, canciones románticas de tipo folklórico, selecciones de zarzuelas y operetas de moda, vivieron en la espléndida voz de la artista mexicana.


La siguiente grabación es de finales de los años veinte; “El ferrocarril”, de Ángel Rabanal y Germán Bilbao, en las voces de Margarita Cueto y Luis Zamudio. Este tema musical hace referencia a diversos lugares de la República Mexicana por los que va pasando un ferrocarril, pero con una característica interesante para esos años: la inclusión de diversos albures y doble sentido, algunos muy subidos de tono.

Llama la atención que la cantante Margarita Cueto haya incluido este tema en su repertorio con semejante temática alburera, incluso en el libro “Las divas”, editado en 1994 por Pablo Dueñas, el investigador escribe: “Entre todas las piezas jocosas del teatro de revista, figura el corrido El ferrocarril, con alto contenido de albures, que de manera insólita fue grabado sin cortes por la soprano Margarita Cueto, cuando en su oportunidad le pregunté de por qué siendo ella una cantante formal había interpretado semejante pieza, ingenuamente me contestó que en su momento ella no se dio cuenta de lo que decía la letra, hasta que mucho después, cuando empezó a circular el disco, su propio familia le recriminó haber prestado su voz para difundir semejantes leperadas”.


EL FERROCARRIL MARGARITA CUETO Y LUIS ZAMUDIO | ALVARO GUZMAN VELEZ


La pieza forma parte de la obra “La revista prohibida”, estrenada en 1925, con letra de Ángel Rabanal, cantada en teatro por Lupe Rivas Cacho y en discos por Margarita Cueto. Pero en la discografía de Cueto no sólo aparece este tema con temática alburera, también podemos escuchar el corrido “A Veracruz”, con letra de Próspero Ponce, que la cantante grabó también con Luis Zamudio en 1928 para el sello Victor. 


A Veracruz | Margarita Cueto: Tema  


Fuentes consultadas:

Hasta-que-el-Cuerpo-Aguante-11-MAYO-2018.pdf

El Ferrocarril, tema antiguo lleno de albures y doble sentido – Hasta que el Cuerpo Aguante

MEDELLIN ANTIGUO Y SU MUSICA: MARGARITA CUETO - Aquellas canciones