¡VIAJERAS AL TREN! (Parte 2)*

Visibilidad de una presencia
(Fragmento)

Sofía Loren en el interior de un coche de viajeros de la Compañía Internacional Wagons Lits, detenido en la estación de Madrid - Príncipe Pío. Manuel Cuenca, 1956. 
 
 

Mujeres viajeras, mujeres modernas

Lo más significativo del viaje después de 1870 fue la naturaleza del mismo como una experiencia, y por ello, las empresas de transporte se lanzaron a ofrecer auténticas experiencias. Aparecerán los trenes de lujo que ofrecían un nivel de confort desconocido hasta entonces; eran hoteles sobre ruedas.

Otra innovación fundamental para las viajeras de clase alta fue la aparición de las agencias de viajes que facilitaron toda la planificación y tramitación comercial. El ejemplo más conocido es el de la agencia Thomas Cook, fundada durante la década de 1840. Estas agencias solventaron muchos de estos problemas y ayudaron especialmente a las mujeres viajeras. Thomas Cook puso en marcha los tours o viajes organizados, que la empresa vendía como los más apropiados para mujeres que viajaran solas. En España operaron con las compañías ferroviarias.

as empresas de transporte ferroviario empezaron a utilizar la imagen de las mujeres viajeras como reclamo para sus servicios, sobre todo desde finales del siglo XIX. Transmitían las imágenes de viajeras que representaban el glamour y o exotismo. A medida que las mujeres fueron incorporándose a otras tareas a nivel académico y laboral, las empresas ferroviarias reflejaron este cambio en sus anuncios publicitarios con la presencia de mujeres elegantes, jóvenes y bellas.

Viajeros en el interior del coche panorámico del Talgo II. Manuel Cuenca, década 1950.  

Sin embargo, las mujeres de clase trabajadora no figuraban en la publicidad de las empresas ferroviarias, ya que preferían representar el viaje como una experiencia lujosa y refinada que no estaba al alcance de todo el mundo. Las compañías querían enfatizar que sus viajeras eran mujeres modernas. Entre 1870 y 1940 se entendió como una nueva edad en la que las mujeres eran invitadas a participar en esta nueva modernidad.

 

El estilo de viajar, vestidos y maletas

Alice Leone-Moats, periodista americana, escribía en la década de 1930 “el viaje es una ciencia que se perfecciona con el tiempo y la experiencia por lo tanto hay que experimentar los viajes, repetirlos y convertirlos en hábito e indicaba que comprar billetes, hacer baúles y todos los demás detalles de un viaje forman parte de la educación de una persona”.

El equipaje fue una cuestión que preocupaba a las mujeres viajeras y esto se reflejaba en la literatura de viajes. Emilia Pardo Bazán en su libro de viajes Por Francia y por Alemania, publicado en 1890, reflexionaba sobre el atuendo adecuado que ha de vestir el cuerpo de la mujer que viajaba. Defendía el traje partido o “divided skirt”, amparándose aparentemente en el pragmatismo anglosajón de la comodidad que representaba: “cuya creación (…), se debe a la necesidad en que se ven muchas norteamericanas de andar aprisa y no enredarse en las enaguas cuando suben a tranvías, coches y barcos de vapor (…). Si a esta condición de resguardar la honestidad se añade la de la baratura, abrigo, ventajas higiénicas y gusto estético, insisto en que no veo motivo de escandalizarse”

Vista de la estación de Madrid-Atocha y numerosos viajeros con maletas y equipajes y un carruaje tipo ómnibus dirigiéndose a ella. Tarjeta postal realizada a partir de un dibujo firmado por Chacón Montero.  

El equipaje de pañuelo o de hatillo, somero y elemental prevaleció durante un tiempo entre las viajeras. La elección del pañuelo constituía un signo de elegancia por su tejido y su dibujo, por su seda o sus coloridos. El cesto era equipaje de plebeyo y masculino; las mujeres no llevaban cestos. Aunque en los años 1940-1960 se volvió a hacer habitual entre las viajeras que se dirigen desde sus hábitats a los pueblos o ciudades colindantes. Junto a los grandes baúles, el cabás, la capotera y la sombrerera también formaron parte del equipaje habitual. La historia del equipaje está asociada a la historia del traje y, según se ha ido haciendo más liviana la vestimenta, así ha evolucionado el equipaje; y ha permitido acomodar el acto de viajar.

 

Las mujeres también emigran

El ferrocarril, que propició la movilidad a larga distancia, fue, junto con los barcos el medio utilizado por muchas mujeres para emigrar y buscar mejores condiciones de vida. La visibilidad social de las mujeres inmigrantes continúa siendo escasa en relación con la visibilidad social de los hombres inmigrantes. Durante mucho tiempo ha persistido el mito de que las mujeres no emigraban y que si lo hacían era por su papel de acompañamiento, debido a su identificación con las tareas reproductivas, al hombre se le asociaba con las tareas productivas.

En Reino Unido en 1841 el 39% de los migrantes eran mujeres. Algunos cálculos estiman que 156.666 mujeres británicas se trasladaron a las colonias entre 1899 y 1911. Estos datos confirman que las mujeres participaron del movimiento migratorio general que se produjo entre finales del siglo XIX y principios del XX.

Entre las décadas de 1950 y 1970 se produjo en España un importante éxodo desde los pueblos hasta las grandes ciudades, y muchas mujeres salieron desde sus lugares de origen para buscar trabajo en la industria o en el servicio doméstico. La literatura nos ha dejado testimonio de esos viajes en tren. Pero además hay que apuntar que, en las grandes ciudades, estas mujeres y sus familias se asentaron en las afueras y, por tanto, en esos desplazamientos fueron llenando los trenes de cercanías para sus traslados habituales de corta distancia.

Ilustración tomada del libro Histoire de la locomotion terrestre. Les chemins de fer. París: L’Illustration, 1935. 
 

En España, durante la década de 1960, se registró un importante movimiento migratorio desde Andalucía hasta Cataluña, donde la oferta industrial y de empleo resultaba un reclamo para muchas mujeres. El viaje se realizaba por ferrocarril en un tren conocido como “el Sevillano”. Ángeles González Alba, natural de Ronda (Málaga), llegó a Barcelona en 1966 en este tren, que salía de Sevilla a las 10:00 h. de la mañana y llegaba a Barcelona a las 12:00 de la mañana del día siguiente. Cuenta la viajera, “si conseguía un asiento en algún coche, te sentabas sino derecha a la plataforma o al pasillo y de vez en cuando reposabas sobre la maleta. Las maletas eran de madera, atadas con cuerda. Los viajeros llevaban además cestas y cajas de cartón. Los coches estaban sucios, olían a sudor y a pises. En el suelo pieles de naranja y otras basuras”.

Turismo y transporte público para las viajeras

A partir de la década de 1960 con la extensión del turismo, los viajes se democratizan y se hacen más igualitarios. Las mujeres hacen del viaje un acto cotidiano y su presencia en los trenes se naturaliza. En el caso del largo recorrido, los viajes en grupo son una costumbre extendida entre las mujeres. Para las mujeres que viajan solas, viajar ha sido, y sigue siendo, difícil, y en ocasiones obliga a dar demasiadas explicaciones.

En un estudio realizado por Renfe en el año 1986, las mujeres ofrecieron algunas pautas sobre su imagen del tren, valorando el contacto con otros viajeros, la diversidad de horarios, o la oferta turística diversa, entre otros. Algunas de sus opiniones fueron: “El tren es como salir de la rutina, de la ciudad donde vives, el sitio donde estás, ya salir es algo diferente”. “El tren permite el viaje intimista, una misma con la lectura, el paisaje, la música”. “Sugiere la idea de refugio frente al peligro exterior”. “Facilita la interacción con los demás viajeros debido a la configuración del tren”. “Sitúa al viajero en una posición activa porque puede moverse”.

Viajeros en un coche de viajeros de una composición Talgo III. Fondo Talgo. 1964. 

Pero a pesar de todos los avances que se han venido incorporando, existen ejemplos que nos hablan de haberse producido una regresión. En algunos países, debido a la falta de seguridad, se han visto obligados a instalar y poner en marcha compartimentos exclusivamente para mujeres. En el año 2016 la compañía de trenes regionales de Alemania central (MRB), generó una polémica al anunciar que una de las líneas de Sajonia ofrecería un nuevo servicio en sus trenes: dos compartimentos exclusivamente para mujeres que viajasen solas o acompañadas de niños pequeños. El fin según la compañía era reforzar el confort y la seguridad de las pasajeras.

Después de Japón, India se sumó a los trenes exclusivos para mujeres. También en México y en Turquía hay iniciativas parecidas. Una medida insuficiente, pero que pretende llamar la atención sobre el acoso y los abusos que se producen en los convoyes indios, casi siempre atestados de pasajeros. Al contrario que en Japón, donde al convoy se le añaden coches exclusivos para las mujeres, el Gobierno indio ha puesto en circulación trenes enteros que, además, van fuertemente protegidos por una fuerza policial femenina. La medida ya fue adoptada, de forma experimental, en 1950 por la compañía de tranvías de Calcuta. Los trenes para mujeres son fácilmente identificables puesto que están adornados con motivos florales muy coloristas.

Viajeros en el interior de un coche Club de una composición AVE serie 100. Foto: MAN, década 1990.  

Según un estudio de Women4Climate. A gender perspective in urban mobility. Barcelona`s plan for Justice 2016-2020, las mujeres usan menos el coche privado en sus desplazamientos, utilizan más el transporte público, y caminan más que los hombres. Sus itinerarios no están, además, tan relacionados con el trabajo como los de los hombres, sino con diferentes tareas asociadas a la unidad familiar: visitar parientes dependientes, recoger a los niños en el colegio o ir a comprar. El modelo de movilidad implica el modelo de ciudad. Los desplazamientos femeninos son más cortos y en más de la mitad de los casos se circunscriben al distrito de residencia.

Según un reportaje de la revista Tráfico y Seguridad Vial, la movilidad de las mujeres se distribuye de la siguiente manera: en coche 6 de cada 10 son varones; en moto, solo conducen 2 mujeres de cada 10; y en bici, solo se verán a 3 mujeres de cada 10. Pero en la acera 6 de cada 10 peatones son mujeres. En autobús son 7 de cada 10 usuarios; y en metro y cercanías, tranvías…, 6 de cada 10. El Observatorio de Movilidad Metropolitana 2017 reunió datos de veinte ciudades españolas, y en todas, la mujer destaca como usuaria de transporte público. En Madrid superan a los varones en un 9%; en Barcelona en un 4%; y en Málaga o A Coruña los duplican (33% varones-67% mujeres). A nivel de larga distancia está difícil “El perfil global de los clientes de Ave y Larga Distancia revela una ligera prevalencia de las mujeres. Así, en 2019 el 47,5% de los viajeros fueron hombres, frente al 52,5% de mujeres”.

Viajera en el interior de un automotor diésel 595 TAF de RENFE. Juan B. Cabrera, 1963. 
 

“Cierro la puerta de mi departamento y el mundo se cierra tras ella. De pronto nadie existe ya; tan sólo mi equipaje, la novela largamente elegida, el camisón favorito, los cigarrillos. Duermo como un lirón. El tren me acuna suave o salvajemente y me siento ajena a la terrible cuestión de si mi cama está o no sobre las ruedas. No sólo el movimiento, sino también el ruido me adormece y aquieta. Recuerdo que, en varias ocasiones, hace ya bastantes años, el revisor tuvo que avisarme repetidamente habiendo llegado a mi punto de destino, Y viajaba en litera. Ahora no suele ocurrirme. Pero cuando suena el timbre o me aporrean la puerta indicándome que está cercana y a mi parada me sobreviene una clara sensación de tristeza ante el final previsto”.

El tren: una clara adicción y seis razones desiguales. Ana Puértolas. En Viajeros al tren. Barcelona: Lunwerg, 1988.

 

* Artículo publicado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Versión digital obtenida de: ¡Viajeras al tren!

Créditos:

Textos y documentación: Ana Cabanes, Lydia Díaz, Raquel Letón y Leticia Martínez
Diseño Web: Jose Mariano Rodríguez
Imágenes: Archivo Histórico Ferroviario, Museo del Ferrocarril de Madrid, Caminos de Hierro
Bibliografía: Biblioteca Ferroviaria. Museo del Ferrocarril de Madrid 

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