Algunas de las escritoras españolas del siglo XIX y principios del XX publicaron libros de viajes o artículos de prensa en las que reflejaron los ferrocarriles de su época y las vicisitudes que, como mujeres viajeras, tuvieron en sus viajes: Carmen de Burgos, Carolina Coronado, Emilia Pardo Bazán, Concha Espina, Matilda Betham-Edwards. A estos fragmentos les acompañan las fotografías presentadas al Concurso de fotografía Caminos de Hierro, por mujeres fotógrafas que cruzaron su objetivo con algunas viajeras.
“Va en nuestro vagón una dama anciana, de noventa años que se dirige a Malmo. Es una ancianita delgada, acortada, alta, que conserva una gran nobleza en las facciones y unos ojos claros y dulces, que no se le han hundido en la órbita. Es una anciana ágil, vivaracha, de espíritu alegre, de esas que saben dar un encanto de simpatía y placidez a su ancianidad para despertar la ternura. Lleva muchas flores campestres que ofrece, y nosotras le cedemos el asiento de la ventanilla. Se la ve gozar de tal manera con la contemplación de la Naturaleza, que nos distraemos viendo el gozo de sus facciones, bañadas de una emoción pura casi infantil. Un milagro de simpatía nos hace entendernos conversando en idiomas tan diversos”.
Mis viajes por Europa (Suiza, Dinamarca, Suecia, Noruega) Carmen de Burgos, 2ª ed. Madrid: V.H. de Sanz Calleja, 191?. Biblioteca Nacional de España.
¡El tren! En el tren se aprende el valor del minuto. Aquí, donde la honradez y respeto de la gente es proverbial, hay en las estaciones mesas servidas a las que puede llegar el viajero, tomar por sí mismo lo que necesite y pagar lo que declare haber tomado. Cuando el tren se detiene en una de estas estaciones, los pasajeros parecen aves de rapiña que salen de sus agujeros y se lanzan sobre la presa. ¡Seis minutos! ¡Cuánto se come en esos seis minutos! ¡Cuánto puede hacerse en un minuto! En realidad, todas las cosas no tienen más que un minuto. No sé por qué al pensar en el minuto se piensa siempre en el su único hijo del Credo de los sentenciados.
Mis viajes por Europa (Suiza, Dinamarca, Suecia, Noruega) Carmen de Burgos, 2ª ed. Madrid: V.H. de Sanz Calleja, 191?. Biblioteca Nacional de España.
Volviendo a los ferrocarriles (o ferros-carriles, como dicen muchas personas que la echan de finas), el reservado de señoras, a pesar de la familiaridad con que lo tratan los empleados, es todavía una isla de refugio, pero qué, ¿se ha de componer el mundo de gente acomodada que puede adquirir billete de primera? ¿Por qué no hay reservados en todas las clases, al menos en segunda, a ejemplo de Francia? ¿Es que no tiene pudor, es que no tiene decoro que guardar las mujeres desde el momento en que su bolsillo no les permite sufragar más que un billete de las clases inferiores? La moral ¿no debe conservar sus privilegios en todas las esferas sociales?
La vida contemporánea. De viaje. 3 de octubre de 1898. Emilia Pardo Bazán. Madrid, Hemeroteca Municipal, 2005.
Mientras las mujeres se obstinaron en negarse a viajar solas, yo me resistí al sleeping. En efecto, el reservado de señoras iba siempre vacío y era infinitamente más cómodo que la reducida, ahogada y siempre demasiado aprovechada cabine. Pero cayeron al fin las señoras en que no las comía el coco aunque fueran solitas; se atesto también el reservado y no hubo más remedio, en el largo viaje a Galicia, que apechugar con el coche cama, so pena de ir una noche entera derechos como postes y cabeceando.
La vida contemporánea. De viaje. 6 de julio de 1914. Emilia Pardo Bazán. Madrid, Hemeroteca Municipal, 2005
Hoy debo tantas propiedades imaginarias a los alientos del ferrocarril, he trasvolado en él con tantas sensaciones de robusta vitalidad, que estoy perdida en mi asombro, temerosa de empobrecerme cuando me quede sola en tierra firme, cautiva entre las paredes de un vecindario en extremo noble y civil. Y permanezco regalada en mi trenecito fiel, este carro activo y sonoro que hace vibrar multitud de sugerencias en las vastas soledades de su tránsito, el que pone su estribo a ras de los andenes con un gesto de complaciente humildad y no se niega a las estaciones más ruines, como no rehúye el taladro de las montañas, la opresión abrupta de lo escarpado y mazorral, ni el acoso de las marejadas en sus mismos carriles.
Caminos de hierro por la montaña y Asturias. Concha Espina. En Cien años de ferrocarril español. T. Madrid: Magisterio español, 1948.
“Viaja siempre con tu mejor ropa, y con media docena de baúles como mínimo”. El equipaje y la buena ropa sustituyen a un séquito de sirvientes. El equipaje y la buena ropa te aseguran buenos lugares, cortesía general y una infinidad de comodidades menores. El equipaje y la buena ropa serán tus ángeles guardianes dondequiera que vayas. Para los salvajes está muy bien viajar sin equipaje: los Grandees japoneses ni siquiera llevan pañuelos de bolsillo; pero si alguien quiere viajar de forma agradable y exitosa, que lleve un baúl de viaje bien pertrechado. Seguramente en ningún otro país, salvo en la paciente España, se habría permitido a dos señoras llenar el compartimento de primera clase de un vagón de tren de la forma en que lo hicimos nosotras.
Through Spain to Sahara. Matilda Betham Edwards. London, Hurst and Blackett, 1868.
Se inicia en nuestro grupo un tanteo de los equipajes y salen a flote las empanadillas de jamón, los emparedados de foie-gras, los hojaldres y el vino generoso, sin que no falte un termo con excelente café. Hemos cambiado algunos, cumplidos, como en España se usa con los demás viajeros que alternan en nuestro camino. Y nos disponemos a gozar de Asturias, penetrándola con los ojos y la imaginación, con el entusiasmo de nuestras admiraciones.
Caminos de hierro por la montaña y Asturias. Concha Espina. En Cien años de ferrocarril español. T. Madrid: Magisterio español, 1948.
* Artículo publicado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles. Versión digital obtenida de: ¡Viajeras al tren!
Créditos:
Textos y documentación: Ana Cabanes, Lydia Díaz, Raquel
Letón y Leticia Martínez
Diseño Web: Jose Mariano Rodríguez
Imágenes: Archivo Histórico Ferroviario, Museo del
Ferrocarril de Madrid, Caminos de Hierro
Bibliografía: Biblioteca Ferroviaria. Museo del Ferrocarril
de Madrid

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