La Guadalupe Tepeyac


Por Patricia de la Guardia

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

Cuando era niña mi abuela Guadalupe Veloz Gallardo, la mamá de mi papá vivía en la calle Estela número 9, departamento 3, colonia Guadalupe Tepeyac. Una o dos veces al mes mi papá nos llevaba a quedarnos con ella el fin de semana, mi hermana y yo nos pasábamos la mayor parte del tiempo en la casa de enfrente con Laura, una amiga y sus hermanos.

Nos encantaba estar con ellos pues tenían bicicleta y patín del diablo y como no había mucha circulación de autos nos turnábamos para subirnos y dar una vuelta y volver a esperar nuestro turno. También jugábamos al avión, quemados, STOP, Doña Blanca, Declaro la guerra, entre otros.

El patinete, monopatín, scooter o autoped, según cuenta la gente, fue llamado "Patín del Diablo" porque los niños se llenaban de raspones, moretones y chipotes después de usarlo. "¡Otra vez ese patín del diablo!" se oía decir a las madres.
 
 
Mi abuela tenía un novio; Pedro Payán que la visitaba todos los sábados. Él tenía una fábrica de cacahuates Japoneses, fuimos a visitarla más de una vez, pero no recuerdo en dónde estaba. Cuando llegaba se quitaba el sombrero para saludarnos y se iba directo a verla mientras nosotras seguíamos con los amigos y cuando se iba nos daba un peso a cada una, en una ocasión queríamos comprar helados, pero obviamente no teníamos dinero, entonces lo vimos llegar y corrimos a pedirle "nuestro dinero"; se nos quedó mirando, sacó las monedas, nos las dio, pero nunca más volvió a darnos nada.
 
Mujer vendiendo cacahuates en algún tianguis de la CDMX en la primera década del siglo XX, 
antes de que se popularizaran los cacahuates estilo japonés. 

 

Los domingos en la mañana íbamos a misa a la Parroquia de Corpus Christi que está en la calle de Graciela número 105, frente al parque del mismo nombre. Un día se nos pegaron las sábanas y mi abuela se fue sola y nos dejó encerradas. No sé cuanto tiempo pasó cuando escuchamos que alguien tocaba la puerta, nosotras no queríamos siquiera contestar, pero quien tocaba fue tan insistente que fuimos a la puerta y preguntamos quién era.

La voz de un hombre preguntó si éramos Lourdes y Patricia y al contestar que sí nos dijo: Su abuelita tuvo un accidente, fue atropellada y la llevaron a la cruz roja. Yo muy segura contesté: No ella no fue porque fue a misa. El hombre se rio y dijo hablen a su papá para avisarle.

Más tarde llegó mi papá por nosotras. Resultó que sí habían atropellado a la abuela y tuvo fractura en la pierna y brazo izquierdo.

Algún tiempo después, ya que ella se había restablecido todos fuimos a dar gracias a la parroquia.

 

Logo de la Parroquia Corpus Christi en la Colonia Guadalupe Tepeyac. Resalta su arquitectura de ladrillo rojo y el patio interior donde se llevan a cabo las actividades comunitarias.
 Imagen tomada del Facebook de la parroquia: https://www.facebook.com/CorpusChristi



 


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