Por Patricia de la Guardia
Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.
Cuando era niña mi abuela Guadalupe Veloz Gallardo, la mamá de mi papá vivía en la calle Estela número 9, departamento 3, colonia Guadalupe Tepeyac. Una o dos veces al mes mi papá nos llevaba a quedarnos con ella el fin de semana, mi hermana y yo nos pasábamos la mayor parte del tiempo en la casa de enfrente con Laura, una amiga y sus hermanos.
Nos encantaba estar con ellos pues tenían bicicleta y patín del diablo y como no había mucha circulación de autos nos turnábamos para subirnos y dar una vuelta y volver a esperar nuestro turno. También jugábamos al avión, quemados, STOP, Doña Blanca, Declaro la guerra, entre otros.

Los domingos en la mañana íbamos a misa a la Parroquia de Corpus Christi que está en la calle de Graciela número 105, frente al parque del mismo nombre. Un día se nos pegaron las sábanas y mi abuela se fue sola y nos dejó encerradas. No sé cuanto tiempo pasó cuando escuchamos que alguien tocaba la puerta, nosotras no queríamos siquiera contestar, pero quien tocaba fue tan insistente que fuimos a la puerta y preguntamos quién era.
La voz de un hombre preguntó si éramos Lourdes y Patricia y al contestar que sí nos dijo: Su abuelita tuvo un accidente, fue atropellada y la llevaron a la cruz roja. Yo muy segura contesté: No ella no fue porque fue a misa. El hombre se rio y dijo hablen a su papá para avisarle.
Más tarde llegó mi papá por nosotras. Resultó que sí habían atropellado a la abuela y tuvo fractura en la pierna y brazo izquierdo.
Algún tiempo después, ya que ella se había restablecido todos fuimos a dar gracias a la parroquia.
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