Por Sergio Caballero
Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.
Quizá es una de las cosas que más recuerdo; que teniendo entre ocho y diez años, mi familia siempre fue muy devota de la Virgen de Guadalupe. Como cada año íbamos a verla, pero especialmente cuando querían agradecerle por algún milagro o intercesión a favor de la familia.
Para visitar la Basílica era toda una preparación, pues llegábamos a Indios Verdes y mi abuelita, mi tía y otro primo nos íbamos caminando hasta el hogar de la Santísima, recorríamos las calles de la GAM, veíamos sus decoraciones, fachadas, construcciones arquitectónicas, rostros nuevos amables, sus lugares de vida...sobre todo eso opinábamos, había comida, pláticas y risas, nos contábamos anécdotas de lo pasado el día anterior y chistes con mi primo.
El recorrido no era para nada cansado sino todo lo contrario, era enriquecedor y de mucha alegría. A mi abuelita nunca le gustaba salir tarde, por eso siempre salíamos al mundo exterior desde las siete de la mañana, pues vivíamos en el Estado de México. Tomábamos la micro hacia Indios Verdes y así comenzaba la aventura.
Cuando llegábamos la Villa, mi abue y mi tía se iban de rodillas hasta el altar de la Virgen, era muy simbólico, pues el amor que le tenían era mucho, yo nunca lo hice pero las acompañaba y si necesitaban algo, les ayudaba, ahora que he crecido lo veo como una muestras de amor muy sincera,humilde, así como de agradecimiento.
Una vez que terminábamos de escuchar la misa subíamos al cerro del Tepeyac o nos quedábamos a ver las otras iglesias; mi favorita siempre fue la Antigua Iglesia de la Virgen por su majestuosidad y porque ahí estaba San Charbel; un santo en quien mi familia creía mucho.
Cuando salíamos de ese lugar, usualmente solíamos ir a la Comercial Mexicana a comprar despensa, un jugo Ades y nos quedábamos en el parque que está cerca de ahí.
Ahora me atrevería a decir que es uno de los recuerdos mas entrañables que tengo de mi familia paterna porque conforme fue pasando el tiempo dejaron de hacerlo, porque nos distanciamos. Es un bello recuerdo de lo que nos constituía como familia y cuando voy solo a pasear por esos lugares, el recuerdo emerge y me hace sentir bien.
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