El paisaje de la escalera

 Por Sofía Benítez Villalobos

Peñascos del Cerro de Atzacoalco, pintura de José María Velasco de 1876. Tomada de Wikiart. 

Muchas veces cuando subía al segundo piso en la casa de mis abuelos, sobre la pared de aquella escalera, me llenaba de curiosidad aquel cuadro con colores brillantes; cafés, amarillos, naranjas y alguno que otro verde. Enmarcado en un lustroso marco de oro, se representaba un paisaje majestuoso, intrigante de montañas, montes, agua, y algo que parecía un muro. 

En algunas ocasiones, me tomaba unos segundos para contemplar aquella pintura. Sabía de este cuadro, por las firmas y datos en una esquina, que fue creado por el pintor José María Velasco 1 en 1876. Seguramente así era el antiguo paisaje del Valle de México.  Contemplarlo me trasladaba a otra época, en donde me imaginaba la brisa fresca, el sonido de las hojas, y el transitar de extraños a lo lejos de aquella misteriosa construcción. 

 Un día, mi curiosidad por esta pintura por poco provoca un accidente. Mi abuela, que para mí es una persona sabia de cabello blanco y sonrisa encantadora, exclamó con su dulce pero fuerte tono de voz:  

—¿Querida mía, pero qué haces frente al cuadro? ¡casi haces que me caiga del susto! —giré lentamente, y con risa nerviosa contesté:  

—Nada, sólo lo veo —con curiosidad por mis palabras, mi abuela, subió las escaleras y dijo: 

—¿Te gusta? Es un hermoso paisaje, con sus montañas, montes y el acueducto —rápidamente, volteé a mirarla directo a los ojos con cara de sorpresa.  

—¡Acueducto!, a mí me parecía un muro… —con una sonrisa pícara respondió:  

—¡Sí!, ahí nos conocimos el abuelo y yo, por eso compré este cuadro, réplica del original. En la escuela te deben haber explicado que el paisaje mexiquense se cimienta sobre un antiguo lago, el lago de Texcoco. A pesar de tanta agua, la ciudad siempre ha tenido graves problemas para traer el agua dulce hacía varias regiones, para eso se construyeron los acueductos. Hasta donde he visto, se trata de estructuras de piedra labradas que acarreaban de zonas lejanas el agua hacia la ciudad. Me imagino que su construcción requería de la comprensión del paisaje y de la aplicación de muchos conocimientos para resolver cómo hacer fluir el agua hacia la ciudad. Debe ser un problema muy complejo y por eso dicen que los acueductos son ejemplos notables de los avances científicos y tecnológicos de aquella época. —Hizo una pausa y acercándose a la pintura señaló:  

—Observa bien, esto de aquí son los arcos del Acueducto de Guadalupe, que es muy antiguo —añadí que por lo menos debía ser de antes de la pintura y le señalé el año que aparecía en la esquina del cuadro.  

Arcos del Acueducto de Guadalupe en la zona de Santa Isabel Tola. 

 Mi abuela, que para todo recurre a las enciclopedias que lee con afición después de haberlas comprado con tanto esfuerzo para sus hijos, bajó rápidamente a buscar más información en uno de los tomos de historia de México. Volvió al poco rato con un tomo en la mano y me mostró:  

—Mira, aquí dice que este gran inmueble de ingeniería hidráulica de la época novohispana fue construido de 1743 a 17512 con 10 km totales; 3 de manera subterránea en el Estado de México y 7 al exterior en la ciudad. En él se acarreaba el agua del río Tlalnepantla desde el poblado de Santa María, Estado de México, hasta la Antigua Villa de Guadalupe, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, y a lo largo de su construcción, este inmueble además de jugar un importante papel para el abastecimiento de agua, representó para muchos un lugar de esparcimiento, diversión, devoción y hasta un hogar. Dice aquí que todavía existen algunos cimientos que son testimonio histórico de este acueducto, por lo que siguen formando parte del paisaje de esta enorme ciudad y que están ubicados en la Gustavo A. Madero, que es la alcaldía donde vive tu tía Reinita, de hecho, están muy cerca de su casa. ¡Imagínate! Tu abuelo y yo, ya no lo conocimos completo, únicamente algunos de sus tramos. Además, el paisaje que muestra la pintura ha cambiado mucho con el paso de los años. Espera un momento, creo que tengo unas fotografías antiguas para que las veas.  

La abuela dejó esta interesante conversación y subió ahora hacia su habitación donde tenía un baúl de madera con ese olor tan peculiar que en cuanto se abría, sabías que algo interesante o gracioso te iba a contar. Unos minutos después, regresó, esta vez con varias fotografías en la mano, la mayoría en blanco y negro.  

Me las fue mostrando en orden cronológico y de todas ellas, me detuve especialmente en dos que me llamaron la atención: la primera, fue una fotografía de mi abuelo en traje de charro, detrás de él se lograba ver el acueducto con sus arcos y un área verde, abarcando una extensión que llegaba hasta el cerro, y otra foto donde se veía el Acueducto de Guadalupe en el fondo.

Mi abuelo y ella se conocieron justo enfrente de ese lugar, en donde antiguamente se hacían carreras de caballos y se mostraban las suertes charras a un costado del acueducto. Fue en uno de esos eventos cuando le presentaron a mi abuelo, que vestía un espléndido traje de charro, del que después supo que era el traje de gala. En la segunda fotografía que llamó mi atención, ya se veían muchísimas construcciones urbanas alrededor, que con el paso del tiempo hay cada vez más y más hasta llegar al punto que en las demás fotos ya no supe distinguir de manera clara ni el acueducto, ni aquel paisaje de montañas que yo estaba acostumbrada a ver en aquella pintura colgada junto a las escaleras de la casa de mis abuelitos.  

 Mi abuela debió notar mi inquietud porque volteó a verme y preguntó: 

—¿Te diste cuenta lo mucho que ha cambiado la ciudad? —le respondí que pareciera que el acueducto y el paisaje que lo rodeaba, la Sierra de Guadalupe, eran uno mismo y tenían una gran simbiosis.   

—Pues sí, —hizo una pausa y suspiró— ambos han cambiado mucho. ¡Uy! menos mal que el Acueducto de Guadalupe fue declarado monumento histórico el 7 de abril de 1932 —al ver mi cara de asombro por su buena memoria, agregó divertida:  

—… memoricé la fecha cuando mirábamos la enciclopedia.  

 Pasó entonces a decir que seguramente el crecimiento urbano hizo desaparecer el paisaje rural de la pintura y que eso también motivó que el Acueducto tuviera que adaptarse para otros usos que se fueron requiriendo en la ciudad. Recordó que incluso en un tiempo hubo pobladores que vivieron bajo el cobijo de sus arcos. A mí todo esto me hizo pensar que los procesos de transformación del Acueducto y el paisaje son el resultado de la simbiosis tan estrecha que existe entre ellos.  

 Sus palabras me sacaron de mis pensamientos cuando anunció:  

—¿Qué te parecería si mejor visitamos a tu tía el próximo fin de semana y de paso vamos a que conozcas el Acueducto de Guadalupe por ti misma? —su propuesta me tomó tan de sorpresa que di un gran salto de alegría y asentí con la cabeza, pero antes de darle un abrazo de felicidad, pregunté ingenuamente:  

—¿En verdad aún se conservan algunas partes como las que se ven en las fotografías? 

—No será igual —contestó con prudencia— pero si llevamos las fotografías podrás ver las semejanzas y diferencias, como una cantidad mayor de decoraciones o elementos nuevos como algunas fuentes, aunque no te desanimes si encontramos algunas zonas no tan conservadas y bonitas. Hace poco tu tía me comentó que están haciendo un nuevo proyecto de recuperación del acueducto3. Hablando de la tía, ¡hay que avisarle de nuestros planes!  

Mientras ella iba a la sala en busca del teléfono, yo rápidamente me dirigí a la cocina para invitar al abuelo a nuestro paseo del siguiente fin de semana.

Foto Reunión del Lienzo Charro. Archivo Lienzo Charro La Villa. 

 

Notas:

1. Para conocer de la obra del paisajista y naturalista José María Velasco visita su entrada.

2. La construcción de este acueducto terminó cuando el Conde de Revillagigedo era virrey de la Nueva España y fue inaugurado por él en marzo de 1751. Además de abastecer de agua a españoles e indígenas, uno de los factores que concretó la construcción de este acueducto fue la necesidad de dotar de agua al santuario de la Virgen de Guadalupe, lo cual muestra la importancia de las órdenes religiosas en esa época. Puedes visitar la entrada del Colegio de Santa Cruz Tlatelolco para conocer acerca de un proyecto educativo del virreinato impulsado por los franciscanos.

3. Para conocer más acerca del proyecto de recuperación del acueducto visita la página “Reto verde universitario”

  

Para saber más:

 

 

 

*Artículo originalmente publicado en: 

 https://patrimonio-cyt-cdmx.colmex.mx/

 

 

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