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Santa Isabel Tola

 Por Olga Lidia Gutiérrez García

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

 
Vista aérea del Gran Acueducto de Guadalupe en Santa Isabel Tola. Imagen tomada de Mexico en Fotos. 

Imagínate que estás caminando por las tranquilas calles de Santa Isabel Tola, un pueblo que aún conserva ese aire de antaño a pesar de estar inmerso en la vorágine de la Ciudad de México. Al levantar la vista, te encuentras con la imponente presencia del Acueducto de Guadalupe, una majestuosa obra de ingeniería colonial que serpentea a través del paisaje. Sus arcos de piedra, testigos silenciosos del paso del tiempo, te transportan a una época donde la necesidad de agua era vital y su conducción; una proeza

Mientras contemplas esta maravilla arquitectónica, es inevitable recordar que estas tierras fueron habitadas mucho antes de la llegada de los españoles. Santa Isabel Tola fue un asentamiento importante para diversas tribus prehispánicas, cuyo legado aún palpita bajo el asfalto y en la memoria de sus habitantes.

Se dice que estas comunidades originarias ya aprovechaban los recursos hídricos de la zona, aunque de una manera muy distinta. Sus conocimientos ancestrales sobre la tierra y el agua fueron, sin duda, un antecedente para la construcción del acueducto siglos después

La construcción del Acueducto de Guadalupe, iniciado en el siglo XVIl, no sólo representó una solución crucial para el abastecimiento de agua a la Villa de Guadalupe y sus alrededores, sino que también se convirtió en un símbolo de la conexión entre las distintas comunidades de la zona. 

Otra panorámica del Acueducto de Guadalupe. Imagen tomada de México en Fotos. 

Y hablando de monumentos que nos conectan con el pasado, no podemos olvidar la cercanía de Santa Isabel Tola con la zona donde se erigen los emblemáticos Indios Verdes. Aunque técnicamente no están dentro del pueblo, su presencia imponente en la entrada norte de la ciudad nos recuerda la resistencia y la historia de las culturas prehispánicas. Los nombres de Ixcóatl y Ahuizot, los tlatoanis representados en estas esculturas, resuenan con la memoria de un pasado glorioso que también influyó en la identidad de lugares como Santa Isabel Tola. Es como si estos guardianes de bronce vigilaran el legado ancestral que aún vive en Ios pueblos aledaños.

Así, Santa Isabel Tola se erige como un lugar donde el pasado y el presente se entrelazan de manera fascinante. Sus raíces prehispánicas, la majestuosidad del Acueducto de Guadalupe y la cercanía de monumentos como los Indios Verdes nos hablan de una historia rica y profunda, un legado que sus habitantes llevan con orgullo en el corazón de la gran metrópoli.

 

as esculturas de los Indios Verdes, situadas en el cruce de la Carretera a Laredo, hoy Insurgentes Norte, y el Acueducto de Guadalupe, a mediados de los cuarenta. En 1937 fueron trasladadas del Paseo de la Viga a este sitio, donde permanecieron hasta que se construyó la ampliación de la línea 3 del Metro en 1979. Detrás se aprecia el pueblo de Santa Isabel Tola.  

 

Cumpliendo con lo prometido

Por Sergio Caballero

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

Quizá es una de las cosas que más recuerdo; que teniendo entre ocho y diez años, mi familia siempre fue muy devota de la Virgen de Guadalupe. Como cada año íbamos a verla, pero especialmente cuando querían agradecerle por algún milagro o intercesión a favor de la familia.

Para visitar la Basílica era toda una preparación, pues llegábamos a Indios Verdes y mi abuelita, mi tía y otro primo nos íbamos caminando hasta el hogar de la Santísima, recorríamos las calles de la GAM, veíamos sus decoraciones, fachadas, construcciones arquitectónicas, rostros nuevos amables, sus lugares de vida...sobre todo eso opinábamos, había comida, pláticas y risas, nos contábamos anécdotas de lo pasado el día anterior y chistes con mi primo.

 

 
Vista aérea del paradero de Indios Verdes en los años noventa. Se aprecian muchos camiones comúnmente llamados "somex" que en su mayoría venían del Estado de México. Hoy por hoy el paradero alberga varias lineas de metrobús, el cablebús y continúa con servicios hacia fuera de la CDMX.
 

 

El recorrido no era para nada cansado sino todo lo contrario, era enriquecedor y de mucha alegría. A mi abuelita nunca le gustaba salir tarde, por eso siempre salíamos al mundo exterior desde las siete de la mañana, pues vivíamos en el Estado de México. Tomábamos la micro hacia Indios Verdes y así comenzaba la aventura.

Cuando llegábamos la Villa, mi abue y mi tía se iban de rodillas hasta el altar de la Virgen, era muy simbólico, pues el amor que le tenían era mucho, yo nunca lo hice pero las acompañaba y si necesitaban algo, les ayudaba, ahora que he crecido lo veo como una muestras de amor muy sincera,humilde, así como de agradecimiento.

Una vez que terminábamos de escuchar la misa subíamos al cerro del Tepeyac o nos quedábamos a ver las otras iglesias; mi favorita siempre fue la Antigua Iglesia de la Virgen por su majestuosidad y porque ahí estaba San Charbel; un santo en quien mi familia creía mucho.

 

Es común ver la imagen de San Charbel lleno de listones. Se dice que la tradición comenzó en la Catedral Maronita de México cuando una feligresa dejó escrita su petición en un el listón que acaba de comprar para que el santo no la olvidara. 


Cuando salíamos de ese lugar, usualmente solíamos ir a la Comercial Mexicana a comprar despensa, un jugo Ades y nos quedábamos en el parque que está cerca de ahí.

Ahora me atrevería a decir que es uno de los recuerdos mas entrañables que tengo de mi familia paterna porque conforme fue pasando el tiempo dejaron de hacerlo, porque nos distanciamos. Es un bello recuerdo de lo que nos constituía como familia y cuando voy solo a pasear por esos lugares, el recuerdo emerge y me hace sentir bien.

 

Así se veía el Parque del Mestizaje, ubicado a un lado de lo que fue la Comercial Mexicana. Ahora dicho espacio fue modificado para ser Edén del Mestizaje y la comer dio paso a un Mega Soriana. 

 

El viaje de los Tlatoanis Mexicas

 
Logo de la estación terminal Indios Verdes. La silueta representa el contorno de las estatuas de los gobernantes mexicas Izcóatl y Ahuizotl. El nombre de "Indios Verdes" se usa para referirse a las dos estatuas de bronce que al oxidarse tomaron un tono verdoso.

 

Las emblemáticas esculturas conocidas como los Indios Verdes, ubicadas actualmente en el norte de la Ciudad de México, representan mucho más que un punto de referencia urbano: son un reflejo de la historia, las tensiones sociales y la identidad cultural del país.

De acuerdo con el contenido del blog, estas figuras de bronce fueron creadas a finales del siglo XIX con la intención de formar parte de la representación de México en una exposición internacional en París. Sin embargo, nunca llegaron a Europa debido a su tamaño y peso, por lo que permanecieron en territorio nacional. Las esculturas representan a dos importantes gobernantes mexicas, generalmente identificados como Itzcóatl y Ahuízotl, lo que les otorga un fuerte valor simbólico vinculado al pasado prehispánico.

Estatuas de los "Indios Verdes" cuando llegaron al norte de la Ciudad de México, custodiando la carretera a Nuevo Laredo 

 

Desde su origen, las piezas estuvieron rodeadas de polémica. Durante el Porfiriato, una época caracterizada por la admiración hacia lo europeo, las esculturas fueron rechazadas por ciertos sectores que las consideraban poco adecuadas para espacios como Paseo de la Reforma. Este rechazo evidenciaba una contradicción profunda: mientras se buscaba construir una identidad nacional, se relegaban las raíces indígenas que precisamente la sustentaban.

A lo largo de los años, las esculturas cambiaron de ubicación en diversas ocasiones, pasando por distintos puntos de la ciudad hasta establecerse finalmente en el Parque del Mestizaje. Este constante traslado les valió el calificativo de “indios nómadas” y reflejó tanto el crecimiento urbano como la falta de reconocimiento hacia estos monumentos en su momento.

Hay un alto porcentaje de mexicanos habremos olvidado los nombres de los emperadores (tlatoanis) aztecas, que por muchos años los supimos de memoria.  Por lo mismo el poder recordar las hazañas de Itzcóatl (o Izcóatl) nos resulta difícil y por lo mismo es necesario  consultar sobre esa gloriosa historia..
A Itzcóatl se le reconoce como el hombre que consolidó la autonomía mexicana. En unión de Netzahualcoyotl, rey poeta de Texcoco y Totoquihuatzin, señor de Tlacopan, forjaron la Triple Alianza, que implicó la unión de fuerzas para acabar con el señorío de Azcapotzalco, que les imponía muy severas cargas tributarias y militares.
El relieve mostrado es obra del escultor mexicano Jesús F. Contreras en 1888 y formó parte, junto con 11 más, de la representación de México en la Exposición Universal de 1889 en Paris. Actualmente se encuentra en el Jardín de la Triple Alianza, en el interior del Museo del Ejército, en Filomeno Mata esquina con Tacuba, Ciudad de México. Allí se exhiben 4 de los relieves mencionados y los otros 8 están en Aguascalientes.  Don Jesús F. Contreras, oriundo de dicho estado, fue un escultor prolífico, tan sólo en el Paseo de la Reforma de la ciudad de México se localizan 20 esculturas en bronce hechas por él. 

 

El nombre “Indios Verdes”, por su parte, surgió de manera popular y no oficial. Hace referencia al tono verdoso que adquirieron las esculturas con el paso del tiempo debido a la oxidación del bronce. Sin embargo, también pone en evidencia el uso de un término con carga despectiva en su contexto original, lo que refuerza las dinámicas de discriminación hacia lo indígena presentes en aquella época.

Hoy en día, lejos del rechazo inicial, los Indios Verdes se han consolidado como un símbolo representativo de la ciudad. No solo dan nombre a una de las zonas más transitadas, sino que también evocan la memoria histórica y las raíces culturales de México. Su permanencia en el imaginario colectivo demuestra cómo los símbolos pueden resignificarse con el tiempo, pasando de ser objeto de crítica a convertirse en emblemas de identidad.

Así, estas esculturas no solo narran la historia de su creación y desplazamiento, sino también la evolución de una sociedad que, poco a poco, ha aprendido a reconocer y valorar su herencia indígena.

En este detalle de una vista aérea obtenida en 1952 por la Cía Mexicana Aerofoto, aparece una parte de la Colonia Lindavista y de la avenida Insurgentes Norte. Aquí se sitúan las ubicaciones de los Indios Verdes, desde 1939 a la fecha:
Sitio 3.-  Acceso norte de la ciudad, viniendo de Laredo, Monterrey o Pachuca, 1939-1979.
Sitio 4.-  Camellones laterales de Insurgentes Norte a la altura de la Estación del Metro, 1979-2005.
Sitio 5.-  Acceso principal al Parque del Mestizaje, 2005 - ?.
 

*Artículo resultado de un extracto de la entrada del blog México Mágico publicado en: 

- http://mexicomaxico.org/IndiosVerdes 

 

El revoltoso

El florecimiento del cine mexicano coincide con el inicio de la estabilidad política posterior a la Revolución, materializada en el gobierno de Lázaro Cárdenas, el primer presidente que se mantuvo en el gobierno durante los seis años que establecía la constitución. En esa época el desarrollo del país también alcanzó a las artes, incluyendo el cine. En la década de 1930 se dio un aumento acelerado de producciones cinematográficas, incluso se llegó a decir que era la industria más grande después de la petrolera.

Fotograma de una de las primeras películas grabadas y mostradas al público.
Se trata de L' arrivée d'un train à La Ciotat (La llegada de un tren a la estación de La Ciotat), película documental muda de 50 segundos grabada por los hermanos Lumière en 1895.


En los años 40 el presidente Manuel Ávila Camacho continuo con su apoyo al cine nacional dado que el flujo de cine importado decayó por la guerra, además de que se dio un impulso económico desde la Oficina de Coordinación a cargo de Rockefeller.

Fue ese impulso a la producción cinematográfica concebida como entretenimiento, a semejanza de la industria hollywoodense la que marcó profundamente el arte de la imagen en movimiento, sus modos producción y comercialización.

Poco a poco se fue dejando atrás el cine ambientado en batallas, los personajes heroicos y las épicas historias de amor para apostar por una fórmula más comercial. El cine se volvió una industria con potente infraestructura y proyecto de negocio en que los productores de películas alquilaban los estudios y material necesario. De esta forma los estudios absorbían un capital fijo y los productores el capital invertido por proyecto.

No sólo se imitó el modelo de negocio hollywoodense, también las formulas narrativas y construcción de personajes con las que el público pudiera identificarse e involucrarse con los protagonistas de los filmes, actores y actrices llenos de glamour.


Fotografía de la primera película grabada en México. Se llama El presidente de la república paseando a caballo en el bosque de Chapultepec (también conocida como Le président en promenade) dirigida por Gabriel Antoine Veyre en 1896. Dura apenas treinta segundos.


En este contexto nacieron los Estudios Tepeyac, S.A. , ubicados en Ticomán no. 149 en la colonia Lindavista, fundados en 1946 bajo el mando del general de división y ex presidente Abelardo L. Rodríguez. Después de varios problemas cierran en 1957. En su lugar hoy se encuentra el paradero de Indios Verdes que incluye instalaciones del metro, cablebús y metrobús además de talleres y oficinas del sistema de transporte colectivo.

Edificio principal de Estudios Tepeyac, circa 1946. Fotografía Mediateca INAH.


A pesar de que tenían diez amplios foros usaron como locaciones de grabación, espacios abiertos de las nacientes colonias de los alrededores; como la Colonia Industrial donde se grabó la película de “El revoltoso”, una película de comedia de enredos, dirigida por Gilberto Martínez Solares y protagonizada por Germán Valdés “Tin-Tan”.


Cartel y detrás de cámaras de "El Revoltoso". En la foto se aprecia una casa con ventanas que tienen una forma particular que aún sigue existiendo.

Entre los aficionados al cine sigue siendo motivo de curiosidad ubicar los puntos exactos de la colonia en que fue grabada, incluso organizando excursiones, con foto en mano ,para descubrirlo.

El ejercicio es aún más dificultoso porque el tiempo ha cambiado la imagen de las calles, sin embargo sigue siendo impresionante lo que puede identificarse a pesar del paso del tiempo, como si ciertos aspectos materiales hubieran querido quedarse como testigos no tan mudos de la historia.

Te invitamos a ver la película de “El revoltoso”, disfrutar la comicidad de Tin-Tan, ver con nuevos ojos las imágenes, sabiendo que se grabaron a unos pasos del Museo de los Ferrocarrileros y compartirnos si distingues algún punto específico de la colonia Industrial. Te damos un chocolate si encuentras al menos tres.

En la siguiente liga puedes ver la película en línea desde la página oficial de Tin-Tan:


El Revoltoso – 1951 – Tin Tan



Fuentes consultadas:

*  https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-11912011000100002

*  https://diccionariodedirectoresdelcinemexicano.com/ensayos/los-estudios-cinematograficos-en-mexico-1907-2005-esperanza-vazquez/

* https://es.wikipedia.org/wiki/El_revoltoso

* https://godinchilango.mx/colonia-industrial-historia-arquitectura-y-gastronomia-en-el-corazon-del-norte-de-la-ciudad-de-mexico/

* https://www.tintan.com.mx/el-revoltoso-1951/

* https://es.wikipedia.org/wiki/L%27arriv%C3%A9e_d%27un_train_%C3%A0_La_Ciotat

* https://masdemx.com/primera-pelicula-filme-mexico-actor-porfirio-diaz/

* https://es.wikipedia.org/wiki/El_presidente_de_la_rep%C3%BAblica_paseando_a_caballo_en_el_bosque_de_Chapultepec