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Santa Isabel Tola

 Por Olga Lidia Gutiérrez García

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

 
Vista aérea del Gran Acueducto de Guadalupe en Santa Isabel Tola. Imagen tomada de Mexico en Fotos. 

Imagínate que estás caminando por las tranquilas calles de Santa Isabel Tola, un pueblo que aún conserva ese aire de antaño a pesar de estar inmerso en la vorágine de la Ciudad de México. Al levantar la vista, te encuentras con la imponente presencia del Acueducto de Guadalupe, una majestuosa obra de ingeniería colonial que serpentea a través del paisaje. Sus arcos de piedra, testigos silenciosos del paso del tiempo, te transportan a una época donde la necesidad de agua era vital y su conducción; una proeza

Mientras contemplas esta maravilla arquitectónica, es inevitable recordar que estas tierras fueron habitadas mucho antes de la llegada de los españoles. Santa Isabel Tola fue un asentamiento importante para diversas tribus prehispánicas, cuyo legado aún palpita bajo el asfalto y en la memoria de sus habitantes.

Se dice que estas comunidades originarias ya aprovechaban los recursos hídricos de la zona, aunque de una manera muy distinta. Sus conocimientos ancestrales sobre la tierra y el agua fueron, sin duda, un antecedente para la construcción del acueducto siglos después

La construcción del Acueducto de Guadalupe, iniciado en el siglo XVIl, no sólo representó una solución crucial para el abastecimiento de agua a la Villa de Guadalupe y sus alrededores, sino que también se convirtió en un símbolo de la conexión entre las distintas comunidades de la zona. 

Otra panorámica del Acueducto de Guadalupe. Imagen tomada de México en Fotos. 

Y hablando de monumentos que nos conectan con el pasado, no podemos olvidar la cercanía de Santa Isabel Tola con la zona donde se erigen los emblemáticos Indios Verdes. Aunque técnicamente no están dentro del pueblo, su presencia imponente en la entrada norte de la ciudad nos recuerda la resistencia y la historia de las culturas prehispánicas. Los nombres de Ixcóatl y Ahuizot, los tlatoanis representados en estas esculturas, resuenan con la memoria de un pasado glorioso que también influyó en la identidad de lugares como Santa Isabel Tola. Es como si estos guardianes de bronce vigilaran el legado ancestral que aún vive en Ios pueblos aledaños.

Así, Santa Isabel Tola se erige como un lugar donde el pasado y el presente se entrelazan de manera fascinante. Sus raíces prehispánicas, la majestuosidad del Acueducto de Guadalupe y la cercanía de monumentos como los Indios Verdes nos hablan de una historia rica y profunda, un legado que sus habitantes llevan con orgullo en el corazón de la gran metrópoli.

 

as esculturas de los Indios Verdes, situadas en el cruce de la Carretera a Laredo, hoy Insurgentes Norte, y el Acueducto de Guadalupe, a mediados de los cuarenta. En 1937 fueron trasladadas del Paseo de la Viga a este sitio, donde permanecieron hasta que se construyó la ampliación de la línea 3 del Metro en 1979. Detrás se aprecia el pueblo de Santa Isabel Tola.  

 

El paisaje de la escalera

 Por Sofía Benítez Villalobos

Peñascos del Cerro de Atzacoalco, pintura de José María Velasco de 1876. Tomada de Wikiart. 

Muchas veces cuando subía al segundo piso en la casa de mis abuelos, sobre la pared de aquella escalera, me llenaba de curiosidad aquel cuadro con colores brillantes; cafés, amarillos, naranjas y alguno que otro verde. Enmarcado en un lustroso marco de oro, se representaba un paisaje majestuoso, intrigante de montañas, montes, agua, y algo que parecía un muro. 

En algunas ocasiones, me tomaba unos segundos para contemplar aquella pintura. Sabía de este cuadro, por las firmas y datos en una esquina, que fue creado por el pintor José María Velasco 1 en 1876. Seguramente así era el antiguo paisaje del Valle de México.  Contemplarlo me trasladaba a otra época, en donde me imaginaba la brisa fresca, el sonido de las hojas, y el transitar de extraños a lo lejos de aquella misteriosa construcción. 

 Un día, mi curiosidad por esta pintura por poco provoca un accidente. Mi abuela, que para mí es una persona sabia de cabello blanco y sonrisa encantadora, exclamó con su dulce pero fuerte tono de voz:  

—¿Querida mía, pero qué haces frente al cuadro? ¡casi haces que me caiga del susto! —giré lentamente, y con risa nerviosa contesté:  

—Nada, sólo lo veo —con curiosidad por mis palabras, mi abuela, subió las escaleras y dijo: 

—¿Te gusta? Es un hermoso paisaje, con sus montañas, montes y el acueducto —rápidamente, volteé a mirarla directo a los ojos con cara de sorpresa.  

—¡Acueducto!, a mí me parecía un muro… —con una sonrisa pícara respondió:  

—¡Sí!, ahí nos conocimos el abuelo y yo, por eso compré este cuadro, réplica del original. En la escuela te deben haber explicado que el paisaje mexiquense se cimienta sobre un antiguo lago, el lago de Texcoco. A pesar de tanta agua, la ciudad siempre ha tenido graves problemas para traer el agua dulce hacía varias regiones, para eso se construyeron los acueductos. Hasta donde he visto, se trata de estructuras de piedra labradas que acarreaban de zonas lejanas el agua hacia la ciudad. Me imagino que su construcción requería de la comprensión del paisaje y de la aplicación de muchos conocimientos para resolver cómo hacer fluir el agua hacia la ciudad. Debe ser un problema muy complejo y por eso dicen que los acueductos son ejemplos notables de los avances científicos y tecnológicos de aquella época. —Hizo una pausa y acercándose a la pintura señaló:  

—Observa bien, esto de aquí son los arcos del Acueducto de Guadalupe, que es muy antiguo —añadí que por lo menos debía ser de antes de la pintura y le señalé el año que aparecía en la esquina del cuadro.  

Arcos del Acueducto de Guadalupe en la zona de Santa Isabel Tola. 

 Mi abuela, que para todo recurre a las enciclopedias que lee con afición después de haberlas comprado con tanto esfuerzo para sus hijos, bajó rápidamente a buscar más información en uno de los tomos de historia de México. Volvió al poco rato con un tomo en la mano y me mostró:  

—Mira, aquí dice que este gran inmueble de ingeniería hidráulica de la época novohispana fue construido de 1743 a 17512 con 10 km totales; 3 de manera subterránea en el Estado de México y 7 al exterior en la ciudad. En él se acarreaba el agua del río Tlalnepantla desde el poblado de Santa María, Estado de México, hasta la Antigua Villa de Guadalupe, en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, y a lo largo de su construcción, este inmueble además de jugar un importante papel para el abastecimiento de agua, representó para muchos un lugar de esparcimiento, diversión, devoción y hasta un hogar. Dice aquí que todavía existen algunos cimientos que son testimonio histórico de este acueducto, por lo que siguen formando parte del paisaje de esta enorme ciudad y que están ubicados en la Gustavo A. Madero, que es la alcaldía donde vive tu tía Reinita, de hecho, están muy cerca de su casa. ¡Imagínate! Tu abuelo y yo, ya no lo conocimos completo, únicamente algunos de sus tramos. Además, el paisaje que muestra la pintura ha cambiado mucho con el paso de los años. Espera un momento, creo que tengo unas fotografías antiguas para que las veas.  

La abuela dejó esta interesante conversación y subió ahora hacia su habitación donde tenía un baúl de madera con ese olor tan peculiar que en cuanto se abría, sabías que algo interesante o gracioso te iba a contar. Unos minutos después, regresó, esta vez con varias fotografías en la mano, la mayoría en blanco y negro.  

Me las fue mostrando en orden cronológico y de todas ellas, me detuve especialmente en dos que me llamaron la atención: la primera, fue una fotografía de mi abuelo en traje de charro, detrás de él se lograba ver el acueducto con sus arcos y un área verde, abarcando una extensión que llegaba hasta el cerro, y otra foto donde se veía el Acueducto de Guadalupe en el fondo.

Mi abuelo y ella se conocieron justo enfrente de ese lugar, en donde antiguamente se hacían carreras de caballos y se mostraban las suertes charras a un costado del acueducto. Fue en uno de esos eventos cuando le presentaron a mi abuelo, que vestía un espléndido traje de charro, del que después supo que era el traje de gala. En la segunda fotografía que llamó mi atención, ya se veían muchísimas construcciones urbanas alrededor, que con el paso del tiempo hay cada vez más y más hasta llegar al punto que en las demás fotos ya no supe distinguir de manera clara ni el acueducto, ni aquel paisaje de montañas que yo estaba acostumbrada a ver en aquella pintura colgada junto a las escaleras de la casa de mis abuelitos.  

 Mi abuela debió notar mi inquietud porque volteó a verme y preguntó: 

—¿Te diste cuenta lo mucho que ha cambiado la ciudad? —le respondí que pareciera que el acueducto y el paisaje que lo rodeaba, la Sierra de Guadalupe, eran uno mismo y tenían una gran simbiosis.   

—Pues sí, —hizo una pausa y suspiró— ambos han cambiado mucho. ¡Uy! menos mal que el Acueducto de Guadalupe fue declarado monumento histórico el 7 de abril de 1932 —al ver mi cara de asombro por su buena memoria, agregó divertida:  

—… memoricé la fecha cuando mirábamos la enciclopedia.  

 Pasó entonces a decir que seguramente el crecimiento urbano hizo desaparecer el paisaje rural de la pintura y que eso también motivó que el Acueducto tuviera que adaptarse para otros usos que se fueron requiriendo en la ciudad. Recordó que incluso en un tiempo hubo pobladores que vivieron bajo el cobijo de sus arcos. A mí todo esto me hizo pensar que los procesos de transformación del Acueducto y el paisaje son el resultado de la simbiosis tan estrecha que existe entre ellos.  

 Sus palabras me sacaron de mis pensamientos cuando anunció:  

—¿Qué te parecería si mejor visitamos a tu tía el próximo fin de semana y de paso vamos a que conozcas el Acueducto de Guadalupe por ti misma? —su propuesta me tomó tan de sorpresa que di un gran salto de alegría y asentí con la cabeza, pero antes de darle un abrazo de felicidad, pregunté ingenuamente:  

—¿En verdad aún se conservan algunas partes como las que se ven en las fotografías? 

—No será igual —contestó con prudencia— pero si llevamos las fotografías podrás ver las semejanzas y diferencias, como una cantidad mayor de decoraciones o elementos nuevos como algunas fuentes, aunque no te desanimes si encontramos algunas zonas no tan conservadas y bonitas. Hace poco tu tía me comentó que están haciendo un nuevo proyecto de recuperación del acueducto3. Hablando de la tía, ¡hay que avisarle de nuestros planes!  

Mientras ella iba a la sala en busca del teléfono, yo rápidamente me dirigí a la cocina para invitar al abuelo a nuestro paseo del siguiente fin de semana.

Foto Reunión del Lienzo Charro. Archivo Lienzo Charro La Villa. 

 

Notas:

1. Para conocer de la obra del paisajista y naturalista José María Velasco visita su entrada.

2. La construcción de este acueducto terminó cuando el Conde de Revillagigedo era virrey de la Nueva España y fue inaugurado por él en marzo de 1751. Además de abastecer de agua a españoles e indígenas, uno de los factores que concretó la construcción de este acueducto fue la necesidad de dotar de agua al santuario de la Virgen de Guadalupe, lo cual muestra la importancia de las órdenes religiosas en esa época. Puedes visitar la entrada del Colegio de Santa Cruz Tlatelolco para conocer acerca de un proyecto educativo del virreinato impulsado por los franciscanos.

3. Para conocer más acerca del proyecto de recuperación del acueducto visita la página “Reto verde universitario”

  

Para saber más:

 

 

 

*Artículo originalmente publicado en: 

 https://patrimonio-cyt-cdmx.colmex.mx/

 

 

Parque Edén del Mestizaje

 
Parque Eden Mestizaje inaugurado en 2025, después de su remodelación.
Fotografía tomada por INJUVE.com.mx 

Reflexionar sobre el origen del mexicano implica también abordar la idea del mestizaje. Aunque la herencia prehispánica es uno de los elementos más representativos de nuestra identidad, no se puede negar la influencia decisiva de la cultura española en la formación de la forma de ser del país.

Precisamente en esa combinación se encuentra la riqueza y belleza de México: un lugar donde se mezclan de manera armónica tradiciones y costumbres de distintas épocas y culturas. Este encuentro ha dado lugar a un sincretismo que se manifiesta en ámbitos tan diversos como la comida, la arquitectura, el arte y el comportamiento social.

El Parque del Mestizaje es conocido principalmente por albergar el Monumento a los Indios Verdes, figuras que representan a importantes líderes de México-Tenochtitlán, quienes aún simbolizan una deuda histórica pendiente, a pesar de contar con un espacio dedicado a su memoria.

Este parque fue inaugurado el 18 de noviembre de 1978, cuando el entonces presidente José López Portillo recibió a los reyes de España, Juan Carlos I y Sofía. El objetivo era crear un sitio amplio y recreativo que favoreciera la convivencia familiar y diversas actividades urbanas. Además de áreas verdes y juegos, el lugar cuenta con esculturas que le otorgan un carácter particular, convirtiéndolo en un punto de interés cultural y turístico.

 
Fotografía del Parque Edén del Mestizaje. Imagen tomada de Catalogo de Locaciones CDMX. 

La herencia azteca está representada por una fuente llamada “Los Danzantes”, una estructura circular con tres figuras masculinas colocadas en el borde. Estas sostienen instrumentos que parecen producir sonido, lo que sugiere que están bailando alrededor de la fuente. Entre ellas destaca una que alude a la Danza del Venado, un ritual tradicional de los pueblos indígenas de Sonora.

Asimismo, el parque incluye esculturas de Don Quijote y Sancho Panza, que evocan la influencia española dentro del mestizaje. También se encuentran las conocidas estatuas de bronce de los Indios Verdes, elaboradas por el artista Alejandro Casarín para una exposición internacional en París.

Estas figuras, que representan a los gobernantes aztecas Itzcóatl y Ahuízotl, han sido trasladadas por distintos puntos de la ciudad y actualmente se ubican en el Parque del Mestizaje, además de dar nombre a una estación de metro cercana. Visitar este sitio, ubicado al norte de la ciudad, no solo permite disfrutar de un espacio agradable, sino también recordar y valorar el origen diverso y significativo de México.


 
Quijote y Sancho Panza en el Parque del Mestizaje. Fotografía tomada de Catálogo de Locaciones CDMX. 


Fuentes consultadas: 

https://mxc.com.mx/2017/ 

https://mexicocity.cdmx.gob 

https://www.chilango.com/ 

http://www.catalogodelocaciones.cdmx.gob.mx/ 

De zona prehispánica a el pulmón norte de la CDMX *

Dentro de la zona norte de la Ciudad de México se encuentra el Bosque de San Juan de Aragón, considerado como la segunda área verde más grande de la capital con actualmente 162,028 hectáreas de extensión territorial, las cuales están llenas de una basta historia que ha experimentado diversas transformaciones desde el período prehispánico hasta la época actual, quedando plasmada esta evolución en los documentos que se resguardan en el Archivo General de la Nación.

Territorio otorgado a Blas López de Aragón por sus servicios a la Corona Española. Se destaca la aparición del Río Tlanepantla y el edificio principal de la Hacienda. Imagen del AGN.


La zona de San Juan de Aragón es territorio que perteneció al antiguo Lago de Texcoco, el más importante de los seis cuerpos de agua que rodeaban la mítica Ciudad de Tenochtitlan, y que a su caída en 1521, debido a la incursión de los conquistadores españoles, se dio comienzo a su desecación.

El asentamiento de esta zona tiene su origen en la localidad de Santiago Tlatelolco, la cual fue despojada de sus pobladores naturales con la llegada de los españoles para ser dada en retribución a Blas López de Aragón, por prestar sus servicios militares a la Corona Española. Éste fundó la Hacienda de Santa Ana, dedicándose a la producción de maíz, trigo y arvejón, además de la práctica de la ganadería por lo que se construyeron presas, puentes, caballerías y se delimitó el paso del Río de Guadalupe por dicha hacienda, de las aguas del Río de Tlalnepantla – zona conocida hoy como el Acueducto de Guadalupe.

Don Blas López de Aragón cobró por años tributo a los indios naturales de la parcialidad para mantenerse dentro del territorio, lo que muchas veces lo llevó a tener conflictos de arrendamientos con los pobladores y reparto de tierras con otros hacendados como se pude observar en diversos documentos de los fondos documentales Tierras e Indios que el Archivo General de la Nación (AGN) resguarda. Al morir López de Aragón, la administración quedó en manos del Marqués Miguel de Berrio y Saldívar, quien renombró el lugar como la “Hacienda de Aragón”, en honor a su fundador, pero con el paso del tiempo la hacienda fue perdiendo su valor económico.

Ya entrados en el México independiente, fue cuando el entonces presidente Ignacio Comonfort decretó el 13 de septiembre de 1857, el reconocimiento legal del Pueblo de San Juan de Aragón, nombre que recibió por un santo al que los habitantes le dedicaban una fiesta cada año.Ya con la denominación de pueblo, el territorio resurgió económicamente de la mano Francisco Anaya, cacique que se dedicó a la extracción de sal.


Laguna de San Juan de Aragón en la década de 1920. Fotografía de Héctor García.


En la primera década del siglo XX fue instalado el Vivero de Aragón, el cual era parte de proyecto de forestación de La Junta Central de Bosques y Arbolados creada por Miguel Ángel de Quevedo, este vivero era dotado por la flora producida en el vivero de Coyoacán y se hacían trabajos de preparación de terreno, riegos, arreglos de cepas, arreglo de cajetes, plantación, vigilancia del lugar y trabajos para usar el agua proveniente del gran canal.


Con la consumación de La Revolución Mexicana, el territorio fue fraccionado en ejidos como parte de la distribución de tierras a los campesinos, varios terrenos quedaron baldíos debido a que el tipo de suelo salitroso desfavorecía el crecimiento de abundante vegetación e impidió que fuera una zona de cultivo intenso. Fue entonces que para el sexenio de Lázaro Cárdenas del Río se comenzó las labores de reforestación en las zonas que ya habían agotado su reserva salina.


La zona de San Juan de Aragón en una vista aérea de 1955. El canal que se aprecia del lado izquierdo ahora es la Avenida 508; el camino arbolado que se ve arriba hacia la derecha era el Río Unido o Río Chico, actualmente el Andador 2 de la Segunda Sección de la unidad San Juan de Aragón. Este conjunto hoy ocupa toda el área del centro. La toma es hacia el sureste; a la izquierda del canal se encuentra el Bosque de Aragón, y también sobresale el Peñón de los Baños.  Imagen de la Compañía Mexicana de Aerofoto.



El propósito principal de crear una población forestal fue para evitar que se crearan remolinos de polvo que afectaran la parte que se tenía planeada urbanizar con el asentamiento de unidades habitacionales. Este trabajo fue comisionado al ingeniero Loreto Fabela, quien después de una serie de dificultades para acondicionar el terreno, sentaría las bases de lo que hoy conocemos como el Bosque de San Juan de Aragón.

Pero no sería hasta el 1 de marzo de 1962 que el gobierno de Adolfo López Mateos publicó en el Diario Oficial de la Federación el decreto por el cual se expropiaron 885.39-72 hectáreas de terreno ejidal al poblado de San Juan de Aragón a favor del Departamento del Distrito Federal, para la construcción de campos deportivos recreativos que acompañaran a las habitaciones populares.

Detalle del Diario Oficial en que se anuncia la expropiación de los terrenos ejidales de San Juan de Aragón. Imagen del AGN.


Finalmente, el 20 de noviembre de 1964 se inauguró el Bosque de San Juan de Aragón convirtiéndose en el pulmón norte de la Ciudad de México al ser el espacio que trajo con su lago artificial una pequeña porción de agua al territorio que albergó parte del Lago de Texcoco y que durante más de cuarenta años ha creado un espacio de refugio para diversas especies de flora, y aves que recientemente cuentan con una playa para su estancia migratoria en los humedales que fungen como vaso regulador para mejorar la calidad del 70 porciento de su zona verde.


¿Cómo luce hoy el Bosque de San Juan de Aragón?



 Bosque de San Juan de Aragón, su importancia en la Ciudad de México | www.edemx.com



*Artículo obtenido de: De zona prehispánica a el pulmón norte de la Ciudad de México: El Bosque de San Juan de Aragón | Archivo General de la Nación | Gobierno | gob.mx



La casa de José María Velasco

En el marco de los 200 años de relaciones diplomáticas entre Reino Unido y México, la National Gallery de Londres abrirá al público la exposición “José María Velasco: A View of Mexico” desde el 29 de marzo al 17 de agosto de 2025.

Es la primera muestra dedicada a un latinoamericano es este recinto, y no es para menos ya que José María Velasco es reconocido como el principal exponente del paisajismo mexicano en el siglo XIX.

Autorretrato, (1877) por José María Velasco - Museo Nacional de Artes - México 2024

José María Velasco y Gómez-Obregón nació en Temascalcingo, Estado de México, el 6 de julio de 1840. Estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, debido a una beca que obtuvo por medio de un concurso. Allí fue alumno de artistas como Santiago Rebull, Pelegrín Clavé, Manuel Carpio y, sobre todo, del italiano Eugenio Landesio.

A los 18 años fue nombrado profesor de perspectiva en la Escuela Nacional de Bellas Artes y cuatro años después obtuvo la titularidad de la plaza de profesor de paisaje en la misma escuela. Su labor docente duró más de 40 años. Fue profesor de gran cantidad de artistas, quienes luego seguirían caminos propios dentro de la llamada pintura nacionalista al servicio de la Revolución.

Su producción artística inició en 1868, al concluir sus estudios en la Academia, y se extendió durante 44 años, en los que llegó a crear cerca de 300 pinturas al óleo, además de acuarelas, litografías y pinturas en miniatura. Destacan especialmente sus paisajes del Valle de México.

Cabe destacar que las contribuciones de Velasco al arte nacional no sólo se dieron en el género del paisaje y en sus panorámicas del Valle de México, también fue un hombre interesado en las ciencias naturales y sociales. Manifestó su preferencia por el estudio de la arquitectura, la antropología, la botánica, la geología, la paleontología y una serie de estampas dibujadas con todo detalle sobre la evolución de la flora y la fauna terrestre y marina, lo cual convirtió en una fuente de estudio de la ciencia en México y lo llevó a ser nombrado presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural en 1881.

Inmueble de la esquina de las calles Misterios y 5 de mayo, fotografía tomada de Google Maps con registro de septiembre 2023.

En 1890 Velasco adquirió y adaptó como estudio un inmueble en la calle 5 de mayo No. 9, esquina Avenida Prolongación Misterios, en la colonia Villa de Guadalupe. Según la historia dicho inmueble pertenecía a unas bodegas de tabaco y en el siglo XVII se subdividió, en al menos tres partes. El hermano de la suegra de Velasco,  el canónigo Galindo, fue quién construyó la casa.

Algunas fuentes aseguran que aunque tenía un estudio como profesor en la Academia de San Carlos, también pintaba en su casa de La Villa desde donde tenía una vista privilegiada. Según el INAH, 1895, el artista modificó enteramente la disposición y arquitectura del inmueble, por ejemplo: suprimió el balcón y en el patio construyó una fuente, un arco y cambió el lugar y la forma de la escalera de cantera.

Velasco pasó los últimos 22 años de su vida en esa casa y desde esta zona pintó algunos de sus cuadros más emblemáticos:

- El Valle de México desde el Tepeyac.

- Valle de México tomado desde el Tepeyac.

- Árboles del pirú del Tepeyac.

- Vista del Valle de México desde el cerro de Santa Isabel.

Valle de México visto desde Guadalupe (1894), José María Velasco

En abril del 2015 con el conocimiento del INAH y el INBA se demolió la parte interior de la casa-estudio conservando la fachada con un aplanado original de terracota y su desplazamiento con características interiores que corresponde a los edificios antiguos que formaron parte de la Villa de Guadalupe a finales del siglo XVII. También el INAH asegura que, a pesar de su valor histórico, el inmueble no está inscrito en el Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, por lo que carece de protección alguna.

Carlos Altamirano Velasco, bisnieto y heredero del pintor y a Laura Bautista Cruz, son dueños del inmueble y responsables de las remodelaciones y mantenimiento de la casa aunque para sus representantes quién estuvo a cargo de dicha demolición fue María Elena Altamirano Piolle, historiadora del arte por la UNAM y bisnieta del paisajista mexicano. Las autoridades no tienen conocimiento del estado actual del inmueble.

Valle de México visto desde Santa Isabel también llamado Cerro del Guerrero (1875),
José María Velasco.

Esta casa es el lugar donde el artista falleció, a un costado de la ventana sur del inmueble, mientras contemplaba el horizonte, tal como lo narra María Elena Altamirano en su libro Homenaje nacional. José María Velasco (1840-1912), un recorrido total por la obra del pintor mexicano; “Cuando Velasco murió estaba en la sala, mirando hacia el sur. Entonces le estaba pegando el sol mientras pintaba una tarjeta postal que dejó inconclusa. Ahora sí que murió con los pinceles en la mano”, detalla.

Monumento a José María Velasco en Calzada  de los Misterios,
fotografía tomada de Google Maps.

En calzada de los Misterios, entre las calles de Euzkadi y Schuman se colocó en 1977 un monumento a José María Velasco, recordándolo como distinguido residente de la zona. La estatua es obra de 1976 del escultor Lorenzo Rafael conocido por haber diseñado las medallas otorgadas en los Juegos Olímpicos de 1968.

 

Fuentes consultadas:

* Talavera, J. C. (2015, 27 abril). Demuelen casa de José María Velasco. Excélsior. https://www.excelsior.com.mx/expresiones/2015/04/27/1020952. Última revisión 29 de abril de 2025.

* Los paisajes de José María Velasco, símbolo de la identidad nacional. (s. f.). INBAL - Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. https://inba.gob.mx/prensa/12554/los-paisajes-de-jos-eacute-mar-iacutea-velasco-s-iacutembolo-de-la-identidad-nacional- Última revisión 29 de abril de 2025.

* De Innovación Pública, A. D. (2024, 8 marzo). Monumento a José María Velasco, Calzada de los Misterios | Mexico City. Mexico City. https://mexicocity.cdmx.gob.mx/venues/velasco-misterios/?lang=es . Última revisión 29 de abril de 2025.

* Imagen de Monumento a José María Velasco · Calz. de los Misterios, Vallejo, Gustavo A. Madero, 07870 Ciudad de México, CDMX, Mexico. (s. f.). Monumento A José María Velasco · Calz. De los Misterios, Vallejo, Gustavo A. Madero, 07870 Ciudad de México, CDMX, Mexico. http://bit.ly/4jXdHfE

* Libro descargado de https://inehrm.gob.mx/recursos/BibliotecaBicentenario/JovenesYNinios/JOSE_MARIA_VELASCO_1.pdf

* Arellano, M. (2024, 10 septiembre). José María Velasco: evolución del paisaje mexicano sobre la obra del «arquitecto del aire». ArchDaily México. https://www.archdaily.mx/mx/961578/jose-maria-velasco-evolucion-del-paisaje-mexicano-sobre-la-obra-del-arquitecto-del-aire?ad_medium=gallery

* De la Encina, J. (1943). El paisajista José María Velasco (1840-1912). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc6m3j0