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Las flappers: moda, rebeldía y el inicio del feminismo moderno en México

Flappers en un evento deportivo. Foto tomada de meowmag.mx/


Durante la década de 1920, conocida como los “locos años veinte”, surgió una nueva figura femenina que transformó profundamente la manera en que las mujeres se concebían a sí mismas y eran vistas por la sociedad: las flappers. Este fenómeno, originado en Europa y Estados Unidos tras el fin de la Primera Guerra Mundial, representó no solo una tendencia estética, sino también una revolución cultural vinculada al surgimiento del feminismo moderno. 

En México, este movimiento encontró un contexto particular, marcado por los cambios sociales derivados de la Revolución Mexicana. La modernidad comenzó a expandirse en la capital del país, donde algunas mujeres adoptaron nuevas formas de vestir, comportarse y pensar, desafiando las normas tradicionales que habían limitado su papel durante siglos. 

La nueva mujer: ruptura con lo tradicional

Las flappers encarnaron una nueva identidad femenina caracterizada por la libertad individual y la búsqueda de autonomía. Su imagen rompía con los modelos tradicionales: llevaban el cabello corto estilo “bob”, usaban vestidos más sueltos y cortos, y prescindían de prendas incómodas como el corsé. 

Sin embargo, su transformación no fue únicamente estética. Estas mujeres adoptaron conductas consideradas transgresoras para la época: fumaban, bebían alcohol, conducían, bailaban jazz y frecuentaban espacios públicos que antes estaban reservados principalmente para los hombres. 

En este sentido, la moda se convirtió en un instrumento de protesta. La simplificación de la vestimenta y la adopción de prendas con rasgos andróginos reflejaban un rechazo a los roles impuestos y una exigencia de igualdad. 

Flapper bailarina de jazz, años veinte. Foto tomada de meowmag.mx/.

Moda y feminismo: una forma de resistencia

El movimiento flapper puede entenderse como una de las primeras manifestaciones visibles del feminismo moderno. Aunque no todas sus integrantes se asumían como activistas, su estilo de vida cuestionaba directamente las estructuras patriarcales.

La moda jugó un papel fundamental como lenguaje político: a través de su apariencia, las mujeres expresaban su deseo de independencia y de control sobre sus propios cuerpos y decisiones. Esta transformación también estuvo acompañada por el desarrollo de nuevas actividades físicas y sociales, como el deporte y la vida nocturna, que ampliaban su presencia en el espacio público.

Las flappers en México: modernidad y conflicto

En el caso mexicano, el fenómeno de las flappers se concentró principalmente en la Ciudad de México y estuvo vinculado a mujeres de clases medias y altas. 

Su aparición generó fuertes reacciones sociales. Muchas fueron llamadas despectivamente “pelonas” debido a su cabello corto, y enfrentaron discriminación, agresiones e incluso restricciones en espacios públicos. 

La resistencia hacia estas mujeres evidenciaba el temor de la sociedad ante la pérdida de control sobre los roles tradicionales de género. En algunos casos, el simple hecho de llevar el cabello corto o vestir pantalones era motivo de violencia o exclusión. 

Intelectuales y figuras clave

Algunas mujeres destacaron dentro de este movimiento por su participación en la vida cultural y política. Figuras como Antonieta Rivas Mercado, Elena Arizmendi y Tina Modotti no solo adoptaron esta modernidad, sino que también reflexionaron sobre la condición femenina y buscaron transformar su realidad a través del arte, la escritura y la acción política. 

Estas mujeres contribuyeron a posicionar temas como la educación, la igualdad intelectual y la participación social, sentando bases importantes para el desarrollo posterior del feminismo en México. 

Antonieta Rivas Mercado, Tina Modotti y Elena Arizmendi, mujeres en la cultura mexicana que llevaron el corte de cabello "a la garzón", y también las ideas que caracterizaron a las Flappers.


Impacto y legado

Aunque el movimiento flapper fue relativamente breve, su influencia fue profunda y duradera. Transformó la manera de vestir, de comportarse y de entender la identidad femenina. La moda dejó de ser únicamente un elemento estético para convertirse en una herramienta de expresión política y social. 

Además, abrió el camino para futuras luchas feministas. Si bien en México el derecho al voto femenino no se logró sino hasta 1955, las flappers representaron un primer paso hacia la visibilización de las mujeres como sujetos autónomos y con derechos. 

Conclusión

Las flappers simbolizan el surgimiento de una nueva mujer que desafió las normas sociales a través de su apariencia, comportamiento y pensamiento. Más allá de la moda, su movimiento representó una ruptura con siglos de subordinación y una afirmación de libertad.

En México, su impacto fue complejo: por un lado, impulsaron cambios culturales significativos; por otro, enfrentaron una fuerte resistencia social. Sin embargo, su legado permanece como un antecedente fundamental del feminismo contemporáneo y como evidencia de que la transformación social también puede comenzar desde lo cotidiano, incluso desde la manera de vestir.

El tema de "las pelonas" fue muy sonado en su momento, aquí una página de El Universal Ilustrado en los años veinte.


Fuentes consultadas:

- La primera moda feminista y el inicio de una revolución: Las Flappers

- Flappers mexicanas: el feminismo de los años 20 que aún prevalece

- Ellas se rebelaron contra el pelo largo


Te recomendamos visitar: 

-  Las Flappers – Las Pelonas que transformaron a México

- La rebelión de las pelonas

- La moda de rodillas pintadas de las flappers: ¿Una ofensa visual?

En la Calle Garrido, vivió una Cachucha.

Por Zyanya N. Mejía Nambo

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

Dibujo atribuido a Miguel N. Lira. Muestra la nuca de Carmen Jaime Álvarez, otra de las compañeras en la Escuela Nacional Preparatoria.

He recorrido muchas veces la calle de Garrido, desde el muro de piedra lleno de estanquillos de comida, pasando por las innumerables tiendas de materias primas, la vista lateral de la Basílica de Guadalupe, la otrora Casa de Cultura hasta que entronca con Francisco Novoa.

Una y otra vez he imaginado a Carmen Jaime Álvarez caminando la misma vereda. Me veo andando tras ella, me fijo en su nuca enmarcada con un sombrero extraño y un vestido que pareciera estar del revés. Asoman, apenas, unos cabellos cortos de longitud y largos en significado. Fabulo cómo serían esos espacios cuando ella los recorría diariamente para ir a la Escuela Nacional Preparatoria.

Por aquel entonces poco mas de treinta mujeres asistían al nivel medio superior de la Universidad Nacional que aún no era Autónoma. Carmen Jaime Álvarez era una de ellas. Formaba parte del grupo de jóvenes que se denominaban “Lo Cachuchas” por llevar sombreros informales en lugar de los elegantes tocados que exigía la etiqueta escolar. El mismo grupo de rebeldes al que pertenecía Frida Khalo, allá en los años veinte.

Cierto es que en aquellos tiempos se popularizó un corte de cabello diminuto a modo de rebeldía y resignificación de la femineidad. Y también es cierto que Carmen fue activista en favor de lo que consideraba justo, vestía de negro, leía y compartía filosofía de grandes pensadores y los estudiosos; dicen que incluso fue una gran influencia para Frida en su pensar comunista.

Les llamaban “Las Pelonas”, a Frida, a Carmen y a las que se habían cortado los cabellos para lucir “a la garzón”. Les arrojaban agua sucia, las insultaban, las golpeaban…quién sabe si por ser mujeres o por no ser las mujeres que ellos querían que fueran.


Mujeres con el corte de cabello "a la garzón" que se puso de moda en los años veinte. Fotografía tomada de https://meowmag.mx/


Hay pocos datos de Carmen; cuentan algunos compañeros de clase que era callada, que caminaba como si se deslizara, que pintaba sus ojos de negro, que le gustaba patinar, que pocas veces sonreía, que su semblante era taciturno, que su madre era maestra y que vivían los alrededores de la Villa de Guadalupe.

Un viejo mapa y un antiguo directorio de alumnos de la Preparatoria confirman que vivió en la calle de Garrido, muy cerca donde hoy se encuentra el Museo de los Ferrocarrileros. Se anota que había, en dicha calle, una serie de edificios de renta modesta de donde salía todas las mañanas para ir a la escuela.

Cuentan que fue a pocas cuadras de su casa, en donde se estacionaban los tranvías, que un grupo de jóvenes la arrastraron a un vagón y en minutos que parecieron horas, le quitaron el brillo de los ojos, que le mordieron la nuca, le desnudaron el alma, la dejaron vacía….muerta en vida antes de cumplir los veinte.

Fragmento del archivo Carmen Jaime Álvarez: dignidad, antes que decoro, de Gabriela Contreras Pérez, Profesora investigadora de la UAM-X.


Lo valiente es que no permitió que esa muerte le durara demasiado. El brillo que le fue robado en la mirada se transformó en furia ardiente, en digna rabia que exigió en tantas luchas el derecho a Ser. Peleó por la Autonomía de la Universidad, por los obreros, por el campo mexicano y sobre todo por las mujeres.

Algunos dicen que decidió tener una vida tranquila sin destacar como abogada litigante, sin embargo, el tiempo le está dando las glorias que merece y se están reconociendo, de a poco, sus valiosos aportes en las leyes contra la violencia de género.

Por lo pronto, cada vez que camino por la calle de Garrido, la imagino caminando delante de mí, pongo atención a su nuca, que no aceptó trenza que la sometiera. No conozco su rostro, nunca he visto una foto de ella, pero me consuela mirarla en mi imaginación; determinada a no volver la vista atrás.


Si Adelita (los Cachuchas), cuadro desaparecido de Frida Khalo, este es fotografía del boceto, en la parte inferior izquierda puede verse la repetición del dibujo atribuido a Miguel N. Lira de la nuca de Carmen Jaime.

Transporte y Desarrollo*

 Afines del siglo XIX los transportes cotidianos como las trajineras, carretas, carruajes, diligencias, coches de alquiler y los trenes de mulitas se mantenían en activo; algunos de ellos lo hicieron hasta ya adentrado el siglo XX.

 

EL SIGLO XX Y LA EVOLUCIÓN DEL TRANSPORTE PÚBLICO EN LA CAPITAL DEL PAÍS

En esta centuria tendría cabida una revolución en el sistema de transporte terrestre no solo de México sino del mundo entero con la consolidación del vehículo con motor comúnmente llamado automóvil, y todas sus variantes en cuanto a tecnología, tamaño y diseño. Tranvías, Trolebuses y el Sistema de Transporte Colectivo Metro La evolución del transporte público en la Ciudad de México comenzó el 15 de enero de 1900 cuando circuló el primer tranvía eléctrico que iba del zócalo -donde ya se tenía una atractiva y pintoresca estación- a la población de Tacubaya; las mulitas descansaban al fin y los pasajeros llegaban más pronto a su destino. En los talleres de Indianilla fue ensamblado el primer tren eléctrico de la compañía JG Brill dotado con 24 asientos de madera, cortinillas parasol en sus doce ventanas al principio -seis en cada costado-, y se desplazaba a una velocidad promedio de 30 km/h. 


El chofer, uniformado, manejaba siempre de pie en un espacio semi cubierto separado de los pasajeros. El tranvía disponía de dos accesos, subida y bajada por un mismo lado de preferencia el derecho. Al paso del tiempo este tipo de tranvía fue creciendo en tamaño dando cabida a 36 y 48 personas cómodamente sentadas; dio servicio hasta la mitad del siglo XX cuando entró en acción un nuevo modelo que ofrecería mayores ventajas.


En 1954 comenzaron a operar los tranvías PCC o "Pennsylvania Car Company”. Presentaban una silueta aerodinámica y una combinación de colores marfil con franjas verde oscuro por fuera. Tenían capacidad para 100 pasajeros, la mitad de ellos ocupaba los asientos de piel. Su marcha era más silenciosa, pero su aceleración suave y potente; y tenía puertas automáticas. Las compañías Westinghouse y General Electric, se encargaron de diseñar su sistema eléctrico.
1

Alcanzaban un máximo de 60 kilómetros por hora y el imaginario colectivo los recuerda, entre otros motivos, porque en el retriver o tensador de la parte posterior del tranvía, donde se aseguraban los cables, viajaban gratis “de mosca” niños y jóvenes intrépidos. En 1984 estos tranvías dejaron de prestar servicio, sin embargo, sus vagones en grupos de tres fueron aprovechados para formar el Tren Ligero que llegó a cubrir las rutas Taxqueña – Xochimilco y Huipulco-Tlalpan. De esta forma, los tranvías PCC continuaron brindando servicio hasta 1995 cuando fueron reemplazados definitivamente por unidades nuevas.

También a mediados del siglo XX hicieron su aparición los trolebuses modelo Westram (1951) cuando 20 de ellos comenzaron a circular por la ciudad. Mostraban una notable innovación: sus grandes llantas de hule le permitían mayor libertad de movimiento al no utilizar ya los antiguos rieles de los tranvías eléctricos. Su andar era silencioso, pero también podían aumentar su velocidad sin ningún esfuerzo. 

Entre los variados modelos de trolebuses que dieron servicio a los capitalinos figuran dos: el trolebús Moyada con una longitud de 12 metros por 2.64 m de ancho, 3.08 m de altura y un peso de 18 toneladas; y el trolebús Brill con 10.10 m de largo por 2.56 m de ancho, una altura de 2.90 m y un peso total de 20 toneladas. En este último modelo se podían apreciar diversos anuncios destinados a los pasajeros comenzando por el precio del boleto: 35 centavos (más tarde se cobró 50 y 60 centavos debido a la remodelación del servicio); se pedía exigir su boleto al operador para evitarse doble pago; quedaba prohibido distraer al operador; los niños que ya caminaban pagaban pasaje también; y, por último, se prohibía subir con bultos poco manejables y objetos sucios que causaran malestar al pasaje.2 

En el campo de los tranvías, el Sistema de Transporte Colectivo Metro llegó en 1969 a la vida de los capitalinos, como respuesta a largos años de crisis que venía manifestando el transporte público desde mediados del siglo pasado, etapa en la cual ni los camiones urbanos, el tranvía eléctrico, el trolebús y los taxis se daban abasto para transportar a los cerca de ocho millones de pasajeros diarios que se tenían entonces.

Bajo la administración del Ing. José Antonio Padilla Segura, secretario de Comunicaciones y Transportes, se llevó a cabo la construcción e inauguración del Metro, transporte masivo subterráneo que hacía realidad trasladar a 120 mil personas por hora. Asimismo, fueron adquiridos entonces 305 trolebuses más y su red fue ampliada en 49 kilómetros. Camiones de pasajeros o autobuses urbanos El origen de los camiones de pasajeros se remonta a 1917 cuando una huelga de tranviarios fue aprovechada por un grupo de personas que improvisaron un “camión de pasajeros” colocando una plataforma de madera con bancas a lo largo sobre un chasis con motor, cubierto en su totalidad por un toldo, para ofrecer así el servicio que proporcionaban los tranvías eléctricos.3

A partir de entonces estos “camioneros” llegarían a consolidarse -a lo largo de seis décadas- como un gremio poderoso (la Alianza de Camioneros), no solo por la necesidad social que se empezaba a tener en el campo del transporte urbano de pasajeros en la capital del país, sino también por constituirse en una sólida base de apoyo social a los regímenes postrevolucionarios primero, y después a los vínculos estrechos que forjaron con las autoridades.4


Por las fotografías que se tienen de los primeros autobuses que circulaban por la ciudad en los años veinte y treinta del siglo pasado, cubriendo rutas muy importantes como la Roma-Mérida y Anexas; Insurgentes-Santa María; podemos notar que no eran tan grandes de tamaño, tenían bancas corridas a lo largo, una puerta de acceso al frente y dos en la parte posterior. La gran demanda que tenían entonces se aprecia en las personas que prácticamente van “colgando” en los estribos de las puertas de subida y bajada.

Al paso del tiempo, la industria automotriz fue evolucionando y con ella surgieron nuevos modelos para el transporte tanto de personas como de materiales pesados. En lo que sería una pasarela de autobuses urbanos desde mediados del siglo XX hasta finales de este, tienen cabida varios modelos que la mayoría de los capitalinos -que tengan la edad suficiente- recordarán como parte importante de su vida cotidiana.

 

Los “Pistaches”


Debían su nombre a la combinación del color verde claro de su carrocería con el blanco de su toldo con la que fueron pintados la mayoría de los camiones “trompudos” que llevaban el motor en la parte frontal. Su carrocería fue encomendada a tres empresas: CASA, IMSA y TYCSA que emplearon chasises Ford, GMC e International Harvester.5 Entre las variadas rutas que cubrían destacaban Santa María-Mixcalco y Penitenciaría-Niño Perdido. Los camiones “pistaches” contaban con transmisión manual, y el costo del pasaje era de 30 centavos. Ofrecían asientos corridos a lo largo, y una puerta de subida al frente y otra de bajada a la mitad del autobús; detrás del asiento del chofer había otra puerta que era utilizada de emergencia. La línea San Rafael-Aviación-Indianilla-Nonoalco aún empleaba camiones de este tipo hacia 1978.

 

Los “Chatos”

A mediados de la década de los años cincuenta surgieron los autobuses “chatos”, cuyo sobrenombre contrasta con el de los “trompudos” pistaches. Su motor seguía estando al frente pero ahora debajo del área del chofer, lo cual ocasionaba excesivo ruido y calor. El color de su carrocería era amarillo crema, tenía ventanas de aluminio, corredizas de arriba hacia abajo y viceversa; sus asientos ya no eran corridos, ahora se agrupaban en módulos para dos personas que miraban hacia el frente de la unidad. El número y nombre de su ruta se observaba en la parte superior de su frente, y en los costados de la carrocería.

Otras características innovadoras fueron su extrema longitud y un par de ventilas sobre su techo que permitían el paso del aire para refrescar el ambiente que el usuario agradecía. El costo era de 40 centavos por persona. Se tiene noticia de que los “chatos” circularon por la Ciudad de México hasta el comienzo de la década de los setenta.

 

Las “Vitrinas”

La evolución del autobús de pasajeros se observó claramente en los camiones “vitrina” que dieron servicio por dos décadas (1960-1970), empezando por sus grandes parabrisas de forma cuadrangular que le otorgaban tal sobrenombre; sus ventanas eran corredizas ahora hacia los lados y reducidas en número en los costados, aun así, abarcaban a todos los asientos. Su motor se encontraba ya en la parte posterior, y su transmisión era automática.

Cercano a la inauguración de las Olimpiadas de 1968 apareció otro modelo de “vitrina” más avanzado. Su parabrisa ya no era totalmente plano, sino exhibía una forma prismática. En su interior las dos filas de asientos que miraban al frente, se combinaban con asientos de tres personas que se alineaban a la carrocería; los asientos mostraban tapiz de vinil color verde olivo. Su costo era de 50 centavos por pasajero, y si algo heredó de los autobuses “chatos” fue su color amarillo cremoso.

La carrocería de estos autobuses fue fabricada por la empresa CASA sobre chasises marcas GMC, FORD y DODGE. Entre otras rutas tenían a cargo la de Villa Álvaro Obregón, Colonias Urbanas, San Rafael-Aviación-Martínez de la Torre.6

Los “Delfines”


En 1973 las empresas CASA y DINA lanzaron un nuevo y revolucionario modelo de autobús de pasajeros: el “delfín” con una producción de 2,360 unidades; su éxito rebasó fronteras al convertirse en producto de exportación a varios países latinoamericanos.7 El costo del boleto era de un peso, prohibía a los viajeros estar de pie, ya que su interior dejaba muy poco espacio en el pasillo del centro para darle mayor amplitud a los 41 asientos acolchonados y tapizados en vinil color café claro. A mediados de 1976 este autobús contaba con poco más de 5,500 unidades.

Aspectos innovadores de estos autobuses fueron sus ventanas panorámicas con vidrios polarizados, un torniquete de acceso, su motor que funcionaba con diésel lo hacía un transporte menos contaminante. Dos pequeñas figuras cromadas de delfín, ubicadas sobre la carrocería, reafirmaban su sobrenombre, y varios timbres a lo largo del camión avisaban al chofer para hacer la parada solicitada.

 

Las “Ballenas”

Fue quizá el último modelo de transporte urbano de pasajeros identificado por un sobrenombre. Originados a mediados de los años setenta, se menciona que estos autobuses eran reconstrucciones de los llamados “vitrina”. Combinaban los colores azul y blanco, mostraban en sus costados dibujos de ballenas y podían alojar un promedio de 80 pasajeros (sentados y de pie).


Ruta 100


En la década de los ochenta, el gobierno capitalino revocó las concesiones a los particulares (86 empresas privadas) que durante mucho tiempo tuvieron a cargo el servicio de transporte público de pasajeros en autobús; la decisión fue tomada debido a sus malas prácticas y abusos cometidos en los últimos años. De esta forma, y por decreto presidencial se constituyó el 25 de septiembre de 1981 el organismo público descentralizado Autotransportes Urbanos de Pasajeros Ruta 100. El objetivo principal fue tomar el mando de este importante servicio público con los más de siete mil autobuses (dos mil circulando)
8 que poseían las diversas compañías camioneras.

Todos los camiones de pasajeros existentes en 1983 fueron pintados en color amarillo con franjas café, y en su carrocería apareció el logotipo de la Ruta 100: la cifra cobijada o cubierta por una gran letra R. Poco después se adquirieron nuevas unidades a la empresa MASA SOMEX de fabricación nacional, y en una etapa posterior fueron compradas 1,010 unidades más, entre ellas 170 autobuses articulados; otros colores empleados en las unidades fueron el gris en la carrocería combinado con dos franjas en tono azul y una verde al centro, que simbolizaban el empleo de motores ecológicos que emitían gases menos contaminantes.

La Ruta 100, a decir de investigadores en la materia, desarrolló uno de los mejores proyectos de movilidad que haya experimentado la ciudad capital en el breve lapso de poco más de una década, propiciando la “época de oro del servicio público de transporte”.9 Graves problemas administrativos, económicos y laborales la llevaron a la quiebra (1995), la ciudad entonces impulsó una nueva forma de transporte representada por combis y microbuses.


REEFERENCIAS

1 Aguirre Botello, Manuel y Héctor Galán Pane en: “Los tranvías de la ciudad de México, 1850-1971 Mejor cuéntame uno de tranvías…” en: http://www.mexicomaxico.org/Tranvias/TRANVIAS.htm consultada el 17 de febrero de 2022.

2 Museo del Servicio de Transportes Eléctricos del Distrito Federal.

3 Jesús Rodríguez López – Bernardo Navarro Benítez El transporte urbano de pasajeros de la Ciudad de México en el siglo XX, Gobierno del Distrito Federal – UNAM, México, 1999, pp. 18-19.

4 Jesús Rodríguez López – Bernardo Navarro Benítez Op. Cit., p. 20.

5 “Esquina bajan autobuses con historia” en: http://esquinabajan.blogspot.com/2012/01/iii-la-cumbre-de-la-epoca-permisionaria.html consultada el 16 de febrero de 2022.

6 Ídem.

7 Ídem.

8 Navarro, Bernardo, "Dialéctica contradictoria del transporte en el Valle de México", en Bassols y Gloria González, 1997.

9 Jorge Legorreta, Memorias de la ciudad /zoológico rodante. De cocodrilos al pulpo verde, el transporte dominante de la urbe en: https://www.jornada.com.mx/2004/09/23/02an1cul.php?origen=cultura.php&fly=1 consultada el 18 de febrero de 2022.

 

BIBLIOGRAFÍA Jesús Rodríguez López – Bernardo Navarro Benítez El transporte urbano de pasajeros de la Ciudad de México en el siglo XX, Gobierno del Distrito Federal – UNAM, México, 1999.


*Artículo publicado por la Secretaria de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes en su página web El Mirador. Consultado por última vez el 7 de abril de 2026 en:

- https://elmirador.sct.gob.mx

Los recuerdos de Elsa y Noé

 Por Deni Miranda

Integrante de la Red Vecinal de Narradoras y Narradores Orales Guardianes del Patrimonio de la zona de La Villa.

 

En algún rincón de la colonia Guadalupe Tepeyac, este recuerdo quedará suspendido como polvo de estrellas.

Cuando era niña, mis papás, y yo, solíamos visitar a mis abuelos en la colonia Valle Gómez. Viajábamos desde muy lejos, desde Ecatepec, Estado de México. Tomábamos la autopista hasta Indios Verdes y luego subíamos a un pequeño camión que nos dejaba en Calzada de Guadalupe. Al terminar la visita, el camión de regreso rumbo al paradero de Indios Verdes nos dejaba cerca del Parque del Mestizaje. Allí, entre la tierra y los árboles, jugaba con mi mamá y mi papá hasta agotarme, porque sabía que el camino de vuelta a casa sería largo.

 

 Trenecito en el Edén del Mestizaje, antes llamado Parque, que fue remodelado y reinaugurado en 2025.

Años después, mi padre compró un Datsun, y el viaje cambió. A pesar de que el trayecto seguía siendo extenso, la sensación era diferente. Un día le pedí que se detuviera en un pequeño parque ubicado en la Avenida Noé y la Calle Elsa en la Guadalupe Tepeyac. Lo primero que vi fueron unos animales curiosos de concreto, que para mí eran personajes de historias mágicas; me subía a ellos, los exploraba, los convertía en parte de mis juegos….

Y entonces ya no era tan niña…

Conforme fui creciendo aquel parque se convirtió en un refugio, en el cual mis padres, mi hermano y yo solíamos sentarnos en sus bancas y conversar. Al otro lado de la calle, siempre observaba con fascinación un café llamado Apolo. Desde pequeña me han gustado las cafeterías, quizá por una idea romántica de que ahí se va a platicar y disfrutar del café. Pero este lugar era especial, mi madre solía contarme que una de mis tías iba allí con su novio. Él se llamaba Noé y ella; Elsa. Y el café estaba precisamente entre las calles Noé y Elsa, como si el destino hubiera querido grabar sus nombres en el barrio.

Años más tarde, mis padres me llevaron por primera vez al Café Apolo. Pedí una hamburguesa con una malteada de fresa, y desde entonces se convirtió en uno de mis sitios favoritos. No sé si es el más económico ni el más delicioso, pero poco a poco se volvió el lugar donde solíamos comer y platicar en familia.

La vida me llevó por caminos inesperados, y un día tuve que mudarme a la ciudad. Por casualidad, terminé viviendo en la colonia Guadalupe Tepeyac. Ahora paseo por el parque con mi perro y visito el Café Apolo con mi esposo.

Cafetería Apolo, abierta desde 1965 en la calle de Noé número 94.
Fotografía tomada de Local.mx 

Mi papá falleció hace unos meses, y caminar por el parque, sentarme en sus bancas y comer en el Apolo me recuerda su amor y el gran esfuerzo que hacía para invitarnos a compartir momentos juntos. A veces, el tiempo transforma los lugares en refugios de la memoria. Y aunque todo cambia, en algún rincón de la Guadalupe Tepeyac, este recuerdo seguirá brillando como polvo de estrellas.

 

Barra interior del Café Apolo. Imagen tomada de Google Maps. 

 

 

Cafetería Apolo

 
Interior de la Cafetería Apolo. Imagen tomada de Dondeir.com 
 

La colonia Guadalupe Tepeyac está ubicada en la zona norte de la ciudad, muy cerca de la Basílica de Guadalupe, y se distingue por su historia, ya que comenzó a poblarse desde la década de 1950. Un rasgo característico del lugar es la forma en que están nombradas sus calles: las que corren paralelas a Calzada de Guadalupe tienen nombres de mujer, mientras que las que la cruzan llevan nombres de hombre. En su mayoría, estos nombres hacen referencia a figuras bíblicas, santos o mártires, probablemente debido a la cercanía con la Basílica.

El punto central de la colonia es el parque Corpus Christi, dividido en dos por la avenida Noé. En una de sus esquinas, específicamente en el cruce de Noé y Elsa, se ubica la Cafetería Apolo, un establecimiento tradicional que abrió en 1965 y desde entonces ha funcionado como una clásica fuente de sodas del barrio. La visitamos un miércoles al mediodía; a diferencia de los fines de semana, estaba poco concurrida, lo que nos permitió observar con calma el lugar. Aunque ha tenido algunos cambios, conserva en gran medida su esencia original. Desde que entras, se percibe que es un sitio con historia, sin aparentar ser artificialmente retro.

 
Estética retro de la Cafetería en su decoración y menú.
Imagen tomada de Local.mx 

El menú incluye los clásicos de este tipo de establecimientos: helados, malteadas, hamburguesas, hot dogs, papas fritas y hot cakes, además de opciones como banana split, sundae y tres marías. También ofrece platillos más completos como enchiladas, molletes y consomé. En nuestra visita pedimos una malteada de fresa y un hot dog con papas, destacando especialmente la malteada. El ambiente es muy relajado, ideal para comer con tranquilidad, conversar o incluso leer.

Uno de los aspectos más atractivos del lugar es su decoración: ilustraciones de los platillos en las paredes, tonos pastel, un espejo en la barra y el distintivo uniforme lila de las meseras. Durante nuestra estancia sonaba música de los años sesenta, tanto en español como en inglés. Con el paso del tiempo comenzaron a llegar más clientes, probablemente vecinos del área, incluyendo familias y niños acompañados por sus abuelos, lo que confirma que este sitio sigue siendo un punto de encuentro importante en la colonia Guadalupe Tepeyac.

 

Fachada de la Cafeteria Apolo en la colonia Guadalupe Tepeyac. 

 

Fuentes consultadas:

- https://www.local.mx

-  https://www.dondeir.com

- https://www.posta.com.mx 

 

Una historia del "Patín del Diablo"

 
Desde la modesta tabla con ruedas a la alta tecnología el llamado "Patín del Diablo" ha acompañado los juegos de varias generaciones de niñas y niños de México y el mundo.
 

Dos ruedas y una tabla. Sería un comienzo modesto para un medio de transporte caracterizado por heridas abiertas y caídas de uso y popularidad sin  comparación con ningún otro propulsor contemporáneo de humanos. Aunque es difícil de identificar, generalmente se da por hecho que fue un niño quien, al sufrir de un malestar por la metrópolis europea de finales del siglo XIX, conectó un par de ruedas de patín a una tabla, marcando el comienzo de una era de movimiento rápido y vertical.

Con un sonido sin duda más fuerte que el de los patinetes eléctricos actuales y—sobre todo—con velocidad, el instrumento rudimentario se convirtió en una fuente de alegría para los niños tanto de Europa como de los Estados Unidos en la época anterior a la Primera Guerra Mundial. 

La información más fiable sobre los fabricantes de patinetes de madera durante la época en que surgió el vehículo sigue siendo escasa; sin embargo, cualquier persona interesada seguro que se topará con fotos de niños de principios del siglo XX corriendo con patinetes fabricados en las calles de la ciudad.

Se pueden encontrar muchas fotografías antiguas de niños disfrutando un patinete, modelos diversos, algunos mas sencillos que otros siempre con el mismo sistema de auto empuje. 

 

La historia del patinete, con el paso de los años, ha experimentado una notable evolución; las construcciones serían repetidas por niños y adultos a principios del siglo XX, culminando en una joya del diseño de la época de la Primera Guerra Mundial: el Autoped. Fabricado por la empresa The Autoped Company de Long Island City, este aparato nacido y criado en Nueva York presentaba un chasis robusto, con una barra de dirección inclinada hacia el conductor a casi 45 grados, y una base curva que anunciaba muchos de los populares diseños de automóviles art-deco de la década de los 1930.

Los esquemas del Autoped fueron patentados y concedidos al inventor Arthur Hugo Cecil Gibson en 1916, aunque parece que Joseph F. Merkel—creador de la motocicleta Flying Merkel—jugó un papel importante en la realización del Autoped. 

Motocicleta Flying Merkel modelo de 1911. Fotografía tomada de Google Images.
 

Con el tiempo, tanto el diseño como los materiales utilizados para fabricar patinetes cambiaron de manera significativa. La incorporación de aluminio y plásticos permitió crear modelos más ligeros y resistentes, lo que no solo mejoró su durabilidad, sino que también facilitó su transporte. Esto abrió nuevas posibilidades de uso más allá del simple juego.

En la actualidad, los patinetes han dado un giro hacia versiones plegables y eléctricas. Estas innovaciones han transformado su papel como medio de transporte urbano. Gracias a estas alternativas modernas, cada vez son más las personas, tanto jóvenes como adultos, que optan por ellos para realizar desplazamientos cortos dentro de las ciudades.

El primer patinete moderno tal como lo conocemos apareció gracias a empresas innovadoras en la década de los 90. Este acontecimiento marcó el inicio de una nueva era para este vehículo personal. Desde entonces, la evolución del patinete continúa con avances tecnológicos y diseños cada vez más sofisticados que se adaptan a las necesidades actuales de movilidad urbana.

La producción en masa de patinetes se inició en los años 90, lo que impulsó su transformación en un fenómeno global. Asimismo, el crecimiento del Freestyle Scootering ha tenido un papel fundamental en su popularidad; muchos jóvenes han comenzado a utilizarlos para realizar trucos impresionantes y acrobacias emocionantes. Esta actividad deportiva ha ayudado a establecer el patinete como un símbolo de libertad y aventura.


Monopatin o scooter plegable de la marca Unagi que al momento de su salida al mercado costaba 990 dólares.



Fuentes Consultadas:

- https://unagiscooters.com/ 

-  https://mamabrum.es 

- https://www.jornada.com.mx/2000/12/26/07an1esp.html 

 

Sube tus oraciones a la Virgen de Guadalupe *

 Por Ellen Freeman  


Tilma de San Juan Diego con la imagen de la Virgen de Guadalupe, expuesta en la Basílica. Foto: Frédéric Soltan/Corbis vía Getty Images


En un santuario en la esquina noreste de la Ciudad de México, filas de fieles en cuatro pasarelas móviles se deslizan bajo la imagen de la Virgen de Guadalupe. Una mujer cargada de canastas con una blusa bordada levanta una mano anudada y murmura una oración en mazahua. Una pareja intenta enmarcar una selfie con la Virgen. En la plaza exterior, rodeada de tiendas de recuerdos religiosos que venden velas, rosarios y botellas de plástico de agua bendita en tonos pastel con forma de Virgen, un sacerdote arroja agua bendita sobre un equipo de ciclistas-peregrinos con chalecos de seguridad de neón a juego con alcatraces frescos pegados a sus manubrios, mientras las familias se estiran sobre mantas y cocinan quesadillas sobre braseros portátiles en una ciudad de tiendas de campaña temporal. Las calles laterales están llenas de una caravana de camiones con paredes de madera adornados con caléndulas y serpentinas metálicas, otra opción de transporte y alojamiento para los 20 millones de peregrinos que visitan la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe cada año, que supera al Vaticano como el lugar sagrado católico más visitado del mundo.

En la polvorienta caja de una camioneta, Yolanda, quien viajó durante la noche desde Nicolás Romero en el Estado de México, descansa contra su mochila y juega con el cordón laminado que la denota como peregrina; Es la séptima vez que hace el viaje. "Es nuestra costumbre venir todos los años", dice. "Si necesitamos pedirle algo a la Virgen, debemos venir y hacerlo frente a su imagen".

Técnicamente, la Iglesia Católica no está de acuerdo. Desde 2001, la página web oficial de la Basílica incluye un portal en línea a través del cual los piadosos pueden enviar sus peticiones directamente a la Virgen sin salir de la comodidad de su conexión a Internet.


Portada de la página oficial de la Basílica de Guadalupe en donde se puede ver el cuadro de texto para enviar peticiones a la Virgen de Guadalupe. Captura de pantalla de Basílica de Santa María de Guadalupe


Todas las mañanas, Ricardo Galindo Melchor, quien administra el sitio web, se despierta con una bandeja de entrada de correo electrónico con entre 350 y 450 oraciones sin leer (el número aumenta alrededor del 12 de diciembre, el día de la fiesta de la Virgen, cuando en 2017 un récord de 7 millones de peregrinos visitaron la Basílica en persona). Los descarga en memorias USB, que coloca en una discreta caja de madera frente a la imagen de la Virgen. Permanecen allí durante 15 días, después de lo cual Melchor borra las memorias USB y las reemplaza por otras nuevas. Los mensajes nunca son leídos por ojos humanos, no solo por el tiempo que tomaría, sino por respeto a la privacidad del peticionario.

Originalmente, la Basílica imprimía las oraciones, pero eso rápidamente se volvió imposible de manejar. "Hojas y hojas y hojas y hojas", dice Melchor, conjurando pilas de papel con las manos. Luego, durante unos años, quemaron las oraciones en CD, que tuvieron que ser literalmente quemados después de sus 15 días a los pies de la Virgen. La tecnología USB se puso al día para agilizar el proceso, y hoy, la devoción en línea a la Virgen de Guadalupe ofrece una visión de lo que puede ser el futuro de la fe.

Aunque el concepto de enviar un correo electrónico a la Madre de Dios puede parecer sacrílego, el sitio web fue inaugurado por el Papa Juan Pablo II. "Vio cómo la gente viene a Guadalupe, y quería que ella también pudiera venir a ellos", explica el padre Andrés Enrique Sánchez Ramírez de la Basílica, sentado en una de sus capillas superiores mientras una multitud de feligreses escucha misa en los bancos de abajo. "Demuestra el alcance de la presencia de la Virgen; al igual que la Basílica, con sus puertas siempre abiertas, cualquiera puede estar cerca de ella". La Basílica de Guadalupe no es el único lugar sagrado que ofrece peregrinación virtual: el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia y el Santuario de Fátima en Portugal también transmiten transmisiones en vivo de sus misas además de peticiones en línea.


Sin duda la devoción a la Virgen de Guadalupe hace caminos, foto llamada Nuestra Señora de Guadalupe, de Pedro Pardo.

La tecnología puede verse alternativamente como una bendición o como una amenaza para la espiritualidad. Como mínimo, algunos grupos religiosos ven Internet como algo que debe controlarse, de ahí los motores de búsqueda específicos de la fe como JNet, para una experiencia de navegación kosher, Halalgoogling, que filtra los resultados haram, o Covenant Eyes, un servicio de bloqueo de pornografía cristiana que monitorea la actividad en línea y envía un informe mensual a un cónyuge o "Responsable de la pareja". La iglesia católica, en particular, ha utilizado durante mucho tiempo la tecnología cuando actúa como una forma de hacer proselitismo o difundir información en su beneficio. Fue uno de los primeros en adoptar la radio, especialmente en América Latina, donde las estaciones de radio católicas fueron voces alternativas a los portavoces del gobierno durante la agitación política de la década de 1930. Si bien el catolicismo digital parece un paso con visión de futuro para una iglesia cuyo dogma retrógrado le está costando seguidores, en realidad encaja dentro de la progresión del aggiornamento, "actualizar la iglesia", un concepto que se lanzó por primera vez en el Concilio Vaticano II a principios de la década de 1960, cuando el Vaticano se comprometió a escuchar y responder a los "signos de los tiempos". 

Hoy, el Papa Francisco tiene casi 17 millones de seguidores solo en su cuenta de Twitter en español (tiene otras ocho cuentas en diferentes idiomas). Durante su viaje a la Jornada Mundial de la Juventud a Brasil en 2013, ofreció indulgencias, esencialmente quitando tiempo de la sentencia en el purgatorio, a quienes lo seguían en las redes sociales que enfrentaban un "impedimento legítimo" para asistir, siempre que expresaran la "debida devoción".


Peregrinos pernoctando en el atrio de la Basílica de Guadalupe, fotografía de El Informador.



"La tecnología es simplemente una herramienta", dice Melchor. "Primero estaba escrito en piedra, ahora está escrito en unos y ceros. Los medios cambian, pero el objetivo es el mismo: conectarse con Dios".

"El medio sigue mejorando", dice el padre Ramírez, quien ve la tecnología como una forma no solo de difundir las buenas nuevas, sino de comunicarse realmente con lo divino. "Podría ser impreso, musical, pictórico, y ahora tenemos medios electrónicos que amplían este encuentro con Dios".

Pero, ¿una oración que rebota hacia los satélites en el espacio se acerca tanto al cielo como una ofrecida a los pies de la Virgen? Según el padre Ramírez, sí. "Como dijo el cardenal Newman: 'El corazón habla al corazón'. Yo diría que una peregrinación virtual tiene el mismo valor porque proviene de la necesidad del orante. Sabe que está siendo escuchado por la Virgen".

Rodolfo y Noel, que caminaron durante cuatro días desde Temascalcingo en el Estado de México para llegar a la Basílica, comprensiblemente ven las cosas de manera diferente. "Es una cuestión de fe", dice Rodolfo. "Caminar es una especie de penitencia; te permite reflexionar sobre tu vida diaria y lo que necesitas cambiar".

"Al final, sientes que no puedes más, pero la fe te motiva a seguir adelante", agrega Noel.

En la antigua catedral, que fue reemplazada en 1976 por la actual Basílica con su techo altísimo como una carpa de cobre oxidado, una familia de la Ciudad de México sostiene a su nieta pequeña para mirar a los ojos las estatuas de los santos. Admiten que los mensajes en línea pueden ser valiosos para aquellos que no pueden hacer el viaje debido a una enfermedad o distancia, pero insisten en que "es más fiel venir". Y afuera en la plaza, Mary y Jonathan de Colombia descartan la idea de enviar un correo electrónico a la Virgen por completo. "Eso no tiene ningún sentido", se ríe Jonathan.


En general, las iglesias buscan un equilibrio entre aprovechar los beneficios de la tecnología y preservar los valores fundamentales de la fe. ¿Qué opinas tú al respecto? Imagen de ElQuinto.com.co

Aunque estos guadalupanos pueden estar sesgados, la peregrinación virtual parece un caso de aggiornamento en el que la gente necesita tiempo para ponerse al día con la iglesia, y no al revés.

Melchor responde que la Virgen no realiza transacciones. "Ella no te amará más porque te esfuerzas más". Y, sin embargo, el esfuerzo es una parte esencial de su trabajo, que requiere una especie de alquimia espiritual: sacar las oraciones en línea del éter y hacerlas tangibles, en forma de una unidad flash en una caja de madera. Para Diana, una turista de Colombia, ese detalle marca la diferencia. "Es increíble", dice. "Con tantos mensajes que se envían, nunca pensarías que realmente van a alguna parte".

"Hay una necesidad espiritual, psicológica, natural, antropológica de expresar, de dejar algo permanente, de manifestar", dice el padre Ramírez, mientras el sacerdote en el púlpito de abajo da un sermón sobre la naturaleza fugaz del mundo humano. El impulso de escribirle a la Virgen o encender un votivo en el santuario habla del mismo deseo de permanecer, y lo que hace que la imagen de la Virgen de Guadalupe sea, de hecho, su permanencia.

Según cuenta la historia, la Virgen María se le apareció al campesino indígena del siglo XVI Juan Diego Cuauhtlatoatzin y le pidió que construyera un templo donde hoy se encuentra la Basílica. Cuando su visión no convenció al obispo local, ella se le apareció de nuevo y le dijo que recogiera rosas. Juan Diego le llevó esas rosas al obispo y cuando se le cayeron de la capa, dejaron una imagen indeleble de la Virgen: la misma cabeza inclinada, la túnica con lentejuelas y el halo radiante que ahora se puede ver en camisetas, tatuajes y figuritas que cuelgan de los espejos retrovisores de los taxis. Juan Diego fue canonizado como el primer santo católico indígena americano, y desde entonces la Virgen ha llegado a ser conocida como la Patrona de México y la Emperatriz de las Américas. Su imagen en la Basílica es, para muchos latinoamericanos, "la presencia real, concreta, de la madre de Dios", dice el padre Ramírez.

Diana planea visitar el sitio web cuando regrese a casa, pero dice que nada puede reemplazar la energía de estar en la Basílica. ¿Puede imaginar un futuro de devoción en línea, con la adoración piadosa en sus teléfonos? "Es un tema realmente complejo. Tal vez", enfatiza el tal vez, "en unas pocas generaciones puedo imaginar eso. Siento que para mi generación, la fe no se trata tanto de lo físico, sino más bien de lo que sientes". Se pone las manos en el corazón.


En otras tecnologías aplicadas a la espiritualidad se encuentra el rosario electrónico de la empresa Euro Digital Equipment. Consta de una bocina y entrada para audífonos para escuchar no sólo el rosario mariano sino otras varias oraciones. Además tiene la posibilidad de descargar los rezos en diferentes idiomas o aumentar la memoria de almacenamiento. Fotografía de Amazon 


El padre Ramírez no está preocupado: "Piensa en una madre y un hijo. Tiene que emigrar, y se lleva consigo la foto de su madre. La foto sirve para recordarle a ella, para mantener su amor. Pero nunca invalidará su regreso a casa, su necesidad del abrazo de una madre, su beso. Lo que comienzas en línea cuando escribes a la Virgen, lo completas aquí en el santuario".


*Artículo publicado originalmente el 7 de noviembre de 2018 en La Basílica de Guadalupe en México ofrece peregrinación virtual